Lo que comenzó como divertido pasatiempo acaba en divorcio por culpa de Fortnite, Minecraft o cualquier otro videojuego

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En mi último viaje a Puerto Rico, me quedé boquiabierta cuando mi papá me contó que la nieta de uno de sus grandes amigos estaba en proceso de divorcio. No podía creer que una de las parejas más lindas y queridas de los Rivera estuviera encaminada a la corte a firmar su triste final. Pero más sorprendente aún fue el motivo de su ruptura; ella se cansó de comer, dormir y salir sola, mientras su esposo se encerraba en una habitación del hogar, a jugar videojuegos por largas horas.

Es la primera pareja de conocidos que veo divorciarse por culpa de Fortnite, Minecraft o cualquier otro videojuego que pueda causar adicción. Sin embargo, he escuchado quejarse a muchas esposas, novias y madres sobre la obsesión desenfrenada de parejas e hijos hacia lo que comenzó como un divertido pasatiempo.

El aumento de esta adicción va a las millas y es preocupante, tanto que la OMS (Organización Mundial de la Salud) lo ha catalogado como una enfermedad mental más que atender a nivel mundial, desde principios del 2022. Y es que no importa si se abusa del uso de drogas, alcohol, pornografía, sexo o videojuegos, todas las adicciones se manifiestan similarmente como una enfermedad crónica donde el cerebro busca placer, alivio o recompensa a través del uso de una sustancia o acciones.

Pero entre todas las adicciones, es más fácil volverse adicto a los videojuegos porque el cerebro ama retos y la pantalla ofrece satisfacción instantánea y permanente, siendo un cóctel explosivo para la mente. Además, después de todo, no se hace “nada malo”; se puede ir a la cárcel por andar borracho o drogarse, pero jamás por pasar día y noche jugando.

Si juegas más que antes o te preocupa alguien, fíjate en las señales que delatan a un futuro adicto, como pasar cada vez más horas jugando, encerrarse a jugar al llegar a casa, salir menos, quejarse de mareos, dolores de cabeza y cervicales, olvidar comer, acostarse tarde o desvelarse jugando, estar más irritable ó malhumorado y no poder contener las ganas de jugar.

Cualquier señal es suficiente para prestar atención a la adicción de videojuegos, que por cierto no tiene nada de juego. ¡Que no te atrape la adicción a los videojuegos!

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