La cara oscura del nuevo avance contra la obesidad

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Orense. Sculpture of an obese man, work of Ramon Conde, in the street called el Paseo.  (Photo by Xurxo Lobato/Cover/Getty Images)
Orense. Sculpture of an obese man, work of Ramon Conde, in the street called el Paseo. (Photo by Xurxo Lobato/Cover/Getty Images)

La obesidad es uno de los grandes problemas de la civilización occidental. Porque, por desgracia, no viene sola: diabetes, aumento de los accidentes vascular e infartos… Por eso se realiza tanta investigación sobre el tema, y por eso cuando salen estas noticias nos suelen parecer buenas noticias.

Como el caso de un artículo reciente, que habla sobre la posibilidad de crear un fármaco que limite el apetito. Al estudiar el síndrome metabólico, que es una enfermedad muy amplia que se relaciona con la obesidad, los investigadores descubrieron que hay una hormona que ayuda a regular el apetito, y que se puede generar un medicamento que afecte a esta hormona, y por tanto al apetito.

La hormona recibe el nombre de asprosina. Y lo que demostraron los investigadores es que los sujetos con bajos niveles de asprosina mostraban menos apetito, y controlaban mejor la concentración de glucosa en sangre. Y que podía, empleando anticuerpos específicos contra la hormona, reducir los niveles de asprosina, consiguiendo que los ratones mostrasen menos apetito.

Ratones, sí, porque el estudio se realizó en ratones. Pero en este caso el salto no es tan grande. En la literatura científica ya hay pruebas y demostraciones de que la asprosina se comporta de la misma manera en humanos que en ratones. Así que los experimentos en ratones resultan mucho más cercanos a lo que pasaría en humanos que en otros casos.

Así que estaríamos ya cerca de tener un medicamento que ayudase a regular el apetito controlando los niveles de asprosina. Una gran noticia, ¿no? Y sí que lo es, pero para casos muy graves y patológicos. Pero en este caso hay que pensar en la posible cara oculta de este tipo de sustancias.

En primer lugar, y es una obviedad, esta terapia regula los niveles de una hormona que está alta. No va a la raíz del problema, ni soluciona la patología que provoque que la hormona tenga niveles elevados. Trata los síntomas, no una posible enfermedad de base… si es que la hay.

Regular y reducir el apetito de alguien que tiene un problema metabólico, y que lo necesita para controlar su peso, es una gran medida. Pero trabajar en un medicamento que regule el apetito significa que se trabaja en una sustancia que “quita el hambre” de manera química, se le de a una persona con problemas de obesidad o no.

Es un riesgo, obviamente. Y no es un riesgo que se deba descartar, al menos de primeras. Es un factor que hay que tener en cuenta, porque igual que la obesidad es un problema muy grave en nuestra sociedad, también lo es la percepción de la propia imagen. Y las soluciones fáciles para perder peso suelen tener mucho público.

Evidentemente, si de estos estudios saliese un medicamento, sería una sustancia controlada, bajo prescripción y demás. Pero seamos realistas, eso limita – y mucho, es cierto – el peligro, pero no lo elimina.

Controlar la obesidad y los problemas que acarrea, sin lugar a dudas, debe ser uno de nuestros objetivos. Y encontrar terapias y medicamentos que ayuden a quienes tengan patologías relacionadas con la obesidad es una buena estrategia. Pero por encima de eso, ampliar y mejorar la educación nutricional que tenemos, “aprender a comer” mejor y más sano, siempre debe ser la prioridad.

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