Combatiendo a una multitud, un policía negro se enfrentó al racismo

Luke Broadwater
·9  min de lectura
Philip Grillo abandona el Tribunal Federal de Distrito en Brooklyn tras su detención el martes 23 de febrero de 2021. (Jefferson Siegel/The New York Times)
Philip Grillo abandona el Tribunal Federal de Distrito en Brooklyn tras su detención el martes 23 de febrero de 2021. (Jefferson Siegel/The New York Times)

WASHINGTON — Los insultos racistas proferidos a Harry Dunn, un agente de la policía del Capitolio, durante los disturbios del 6 de enero en el Capitolio fueron citados como prueba este mes en el juicio político realizado en el Senado contra el expresidente Donald Trump. Hasta esta semana, Dunn había permanecido en el anonimato.

Ahora Dunn, de 37 años, que es negro y veterano de 13 años de la corporación, y que creció en el condado cercano de Prince George, Maryland, está dispuesto a hablar públicamente sobre la violencia y el racismo que experimentó a manos de una turba pro-Trump durante ese sombrío día en la historia de Estados Unidos.

Con 1,80 metros de estatura y una complexión musculosa, Dunn es una figura imponente, pero dijo que la intolerancia y el trauma que vivió ese día eran suficientes para intimidar a cualquiera. Ahora que está hablando de su experiencia, dijo que otros oficiales negros le han dicho que ellos también experimentaron insultos racistas por parte de la multitud.

“Mucha gente, por la razón que sea, no habla”, dijo Dunn en una entrevista con The New York Times. “Solo quiero ofrecer una voz para nosotros”.

La entrevista ha sido editada por motivos de longitud, claridad y para evitar el lenguaje ofensivo.

P: ¿Cómo empezó para ti el 6 de enero? ¿Estabas preocupado?

R: Era un día de protesta. Aquí nos ocupamos de las manifestaciones todo el tiempo. La gente viene aquí porque está enfadada por algo. Puede ser cualquier cosa. Puede ser el descontento con la Ley de Atención Médica Asequible o con un candidato a la Corte Suprema o lo que sea. Para un oficial normal en el terreno, pensamos: “Aquí vamos. Vamos a pasar este día. Y luego volver a la normalidad”.

P: ¿Cuándo te diste cuenta de que las cosas se estaban poniendo feas?

R: Recibí un mensaje de uno de mis amigos. Era una captura de pantalla de quizás una página de Instagram o algo así y decía que estaban asaltando el Capitolio y que estuvieran preparados para una riña. Eran alrededor de las 9 de la mañana. Yo empecé a trabajar a las 7. Pero no tuve realmente la sensación de que las cosas se estaban poniendo feas hasta que encontraron los artefactos explosivos de fabricación casera en el RNC [Comité Nacional Republicano] por la tarde. Entonces, un par de minutos después, encontramos una segunda. Pensé: “Mierda, ¿qué demonios está pasando?”. La multitud comenzó a crecer y luego, pensé: “Algo está a punto de suceder”. La gente se está agitando más y, entonces, ocurrió. A continuación, comenzamos a pelear con la gente en el jardín oeste del Capitolio. Ahí es donde comenzó.

P: ¿Notaste una diferencia entre la pequeña multitud que había estado protestando toda la mañana frente al Capitolio y la turba que marchó desde el mitin de Trump y comenzó a atacar desde el jardín oeste del Capitolio?

R: En el jardín oeste, esas fueron las personas que vinieron del mitin. Esos son los que iniciaron la violencia.

P: ¿Cuál fue el momento en que tu seguridad física se sintió más en peligro?

R: Caray, todo el día. En un momento dado, yo estaba allí en la plataforma inaugural. Tenía un rifle y estaba literalmente apuntando a la multitud. Estaban forcejeando. Estaban lanzando bombas de humo. Eran terroristas. Tenían armas y nos estaban atacando. Tenían banderas que decían “Ven y tómala” con la imagen de un arma. Sabes que estos tipos están bien armados. Y yo pensaba: “Tengo mi arma apuntando a estos tipos y no puedo concentrarme en una persona. Pero cien personas podrían concentrarse en mí. Y podrían eliminarme aquí mismo en este lugar. ¿Cuánto tiempo pasará antes de que me disparen?”.

P: Ok, en este punto, todavía estás a cierta distancia de los alborotadores. Cuéntame cuándo fue el primer contacto físico con la turba.

R: Una vez que empezaron a romper la línea fue cuando realmente hice contacto y empecé a defenderme a mí y al edificio. Simplemente se trató de mantener la línea con otros oficiales.

P: ¿Tenías un escudo o algún otro equipo de protección?

R: Mis puños son bastante protectores. Al final, tenía sangre en los nudillos e hinchazón.

Q: Eres un tipo grande.

R: Hubo un par de golpes. Con un par, quiero decir muchos. Ni siquiera recogí mi porra. ¿Mi rociador de gas pimienta? No lo usé hasta bien entrada la pelea porque me di cuenta de que lo tenía y no lo había usado.

P: Así que estabas fuera del edificio para empezar el día. ¿Cómo acabaste dentro?

R: Una vez que entraron, algunos de nosotros decidimos formar equipos de dos y entrar en el edificio. Los chicos del MPD [Departamento de Policía Metropolitana] habían llegado y estaban manteniendo la línea con mucho valor. Lo dieron todo y quiero asegurarme de que se les reconozca el mérito.

P: Absolutamente. Yo estaba allí ese día. Vi cómo el Departamento de Policía de D. C. contuvo los disturbios, una vez que sus agentes llegaron al lugar con el equipo antidisturbios. ¿Qué pasó después?

R: En el interior, nos estaban invadiendo. Los equipos de dos personas acabaron separándose. Éramos unidades de un solo hombre. Era muy confuso porque todo el mundo estaba en todas partes. No solo entraban por las puertas, sino también por las ventanas. Nos superaban. La lucha se prolonga durante horas. Tienes una máscara puesta. Hay spray de OC [un tipo de espray de pimienta] en el aire. Todos estos factores contribuyen a la fatiga de los agentes. Todo el mundo sigue adelante gracias a la adrenalina, pura adrenalina.

En un momento dado, me enfrenté a un grupo de terroristas en la cripta. Había agentes heridos detrás de mí y me dije: “Tengo que defender este pasillo”. Estoy cansado, pero dije: “No van a pasar por aquí”. Ellos dijeron: “Vamos a pasar. Esta es nuestra casa. Nos estamos haciendo cargo”. Entonces, dije: “Tenemos decenas de oficiales heridos aquí. ¿Por qué están haciendo esto? ¡Fuera!”. Supongo que era un grupo de los Oath Keepers y parecían estar preocupados. “¿Los oficiales están heridos?”. Fue entonces cuando un tipo dijo: “Estamos haciendo esto por ti” y me mostró su placa. Era un oficial. Pero no lograron atravesar la zona donde yo estaba. Solo una persona intentó pasar a un lado de mí en ese momento y cayó al suelo. Finalmente, los oficiales con equipo blindado respondieron y aseguraron esa área.

P: Hubo un momento en el que se utilizaron insultos racistas contra ti.

R: Entonces, subo corriendo por la escalera. Hay gente volviéndose loca por todas partes. Vieron que venía de una zona que no estaba ocupada por los terroristas. Así que intentaron bajar las escaleras. Les dije: “No, no van a bajar”. Y estoy agotado. Dicen: “Trump es nuestro presidente legítimo. Nadie votó por Joe Biden”. Necesitaba recuperar el aliento. Así que dije: “Yo voté por Joe Biden. ¿Qué? ¿Mi voto no importa?”. Una mujer respondió: “¡Este [insulto] votó por Joe Biden!”. Todos los que estaban allí empezaron a unirse. “¡Oye, [insulto]!”. Fueron más de veinte personas las que lo dijeron.

P: Más tarde, lloraste en la rotonda.

R: Una vez que el FBI y todos esos otros agentes llegaron, el Capitolio comenzó a ser despejado y más seguro. Los oficiales que habían estado luchando desde el principio, muchos de nosotros nos sentamos en el suelo. Había basura por todas partes. El humo era espeso. Vi a uno de mis compañeros, al que conozco básicamente desde que estoy en el departamento, y simplemente nos miramos. Y nos pusimos a hablar del día y de lo mal que lo estábamos pasando. Una guerra se compone de cien batallas. Todos estábamos en la guerra, pero todos teníamos diferentes batallas. Muchos de nosotros, los oficiales negros, libramos una batalla diferente a la de los demás. Le dije a mi compañero: “Hoy me han llamado [insulto] un par de decenas de veces”. Lo estoy mirando. Está manchado de sangre. Yo tengo los nudillos ensangrentados. Nos duele. Fue entonces cuando dije: “¿Esto es Estados Unidos?” y empecé a llorar. Las lágrimas corren por mi cara. “¿Esto es Estados Unidos?”.

P: Sé que quieres mantenerte alejado de lo político, pero ¿cómo te sentiste cuando tu experiencia fue utilizada en el juicio político?

R: En ese momento, aún no había salido a la luz pública. Pero mucha gente conocía mi historia. Estaba en medio de la rotonda llorando. Era un llanto fuerte. No lo oculté. Estaba empezando a sanar y eso me hizo volver allí de nuevo. Fue un momento duro.

P: ¿Cómo ha afectado la violencia del 6 de enero a la salud mental de los agentes?

R: Nos pasó una factura horrible. Tenemos consejeros a nuestra disposición, pero creo que mucha gente es reacia a utilizarlos. La salud mental siempre ha sido un estigma. Nadie quiere hablar de ello. Si pareces afectado o herido, eres débil. Ahora la gente se pregunta: “¿Puedo ir a decirles que no estoy bien sin que me quiten el arma y pierda mi trabajo?”. Quiero que la gente sepa que está bien y que es normal sentirse de cierta manera.

P: Conocías a Brian Sicknick, el agente de la policía del Capitolio que se desplomó y murió tras el ataque?

R: Trabajamos juntos. Era un gran hombre, una gran persona, alguien con quien querrías trabajar. Cumplió con su trabajo. Era alguien en quien podías confiar.

P: Ha habido muchos elogios para el oficial Eugene Goodman, que alejó a los alborotadores de los senadores, incluido el senador Mitt Romney, republicano de Utah. Fue un héroe, absolutamente. Pero tú has dicho que hubo muchos oficiales cuyos nombres el público no conoce y que fueron héroes ese día.

R: La gente luchó con todo. Eugene lo hizo muy bien. Llevó a cabo su trabajo. Lo realizó heroicamente, literalmente, ante el peligro. Mucha gente hizo lo mismo ese día. Mucha gente. Tenemos oficiales que sufrieron conmociones cerebrales y fueron atacados. Mucha gente luchó con tanto valor. Hubo muchos Eugene Goodmans ese día. Todos los que vi lucharon con todo. Y son héroes.

Una imagen proporcionada a través del FBI muestra a Thomas Webster, un oficial de policía retirado de Nueva York. (Vía FBI vía The New York Times)
Una imagen proporcionada a través del FBI muestra a Thomas Webster, un oficial de policía retirado de Nueva York. (Vía FBI vía The New York Times)

This article originally appeared in The New York Times.

© 2021 The New York Times Company