Las protestas y la violencia sacuden a Colombia y presionan a Duque

Daniel Lozano

BOGOTÁ.- Colombia sumó este jueves otro episodio a las tensiones regionales. La violencia final de los grupos radicales, tan habitual en las movilizaciones que sacudieron a América Latina en las últimas semanas, no consiguió distorsionar el mensaje enviado a Iván Duque por buena parte de los colombianos durante un paro que ya entró en la historia del país: los ciudadanos quieren cambios.

Una gigantesca marcha que se desarrolló en forma pacífica, y llegó hasta la céntrica Plaza Bolívar, en Bogotá, es el mensaje más claro para un presidente debilitado políticamente y con una popularidad en niveles mínimos cuando solo lleva 15 meses al frente del país.

Transcurridos 11 años de otra gran marcha, en aquella ocasión contra los secuestros de las FARC, en Bogotá se escucharon las reivindicaciones de trabajadores, universitarios y todos los que se animaron a trasladar sus quejas. En Medellín, Cali, Barranquilla, Bucaramanga, Cúcuta y otras capitales departamentales también se concentraron colombianos que quieren un futuro mejor sin que el país estalle, a pesar del empeño de los radicales en busca de desbordar las calles.

Los violentos consiguieron finalmente que los antidisturbios se emplearan a fondo en la capital y en Cali, donde el alcalde Maurice Armitage declaró el toque de queda ante los saqueos, disturbios y ataques contra la propiedad pública. Los agentes se enfrentaron durante todo el día con grupos radicales en los alrededores de la Universidad del Valle, antes, durante y después de que las marchas pacíficas se desplegaran en otros sectores.

Hasta los comercios que habían protegido sus vidrieras cerca del centro de la capital fueron maltratados de nuevo una vez arrancadas las planchas de madera puestas para la ocasión. Las marchas estudiantiles de los últimos meses acabaron de forma parecida, con peleas muy fuertes entre los jóvenes y los agentes de la famosa y criticada Esmad (Escuadrón Móvil Antidisturbios).

Lo que en Bogotá fue una gran fiesta democrática terminó con Simón Bolívar desnudo sobre su pedestal, sin la protección que le habían puesto contra los vándalos. Una metáfora que no explica realmente lo ocurrido.

"Estamos inconformes con la administración para el pueblo colombiano. Hay pocos ingresos para la educación, el empleo está muy difícil y el sistema de salud empeora", dijo antes de comenzar los incidentes Javier Duarte, estudiante de Mecánica de 31 años, tras una década trabajando en el transporte. Por soñar, hasta consiguió levantar Macondo Tours para hacer visitas por la ciudad.

La diversidad colombiana se expresó entre gritos y palabras, con colores y música. Y muchas quejas a la estela de las protestas nacidas en Ecuador y Chile. Sobre todo la sombra de Chile, país exitoso económicamente como Colombia en el último trimestre, con un prometedor crecimiento del 3,3% "que no se nota en la calle", protestó Duarte.

La violencia exacerbada, sobre todo en Santiago de Chile, sobrevoló toda la jornada de ayer, como si quisiera convertirse en un escudo para evitar ese contagio tan temido en un país como Colombia, marcado hasta hace poco por una guerra civil y en la actualidad por los asesinatos de líderes populares e indígenas.

La alcaldesa electa Claudia López, símbolo del triunfo de la moderación y del centro frente al uribismo y la izquierda radical de Gustavo Petro, tomó parte en su ciudad de la marcha "ciudadana, pacífica y alegre". Su consejo para Duque es que escuche las demandas del pueblo.

Mientras, el expresidente Álvaro Uribe denunciaba que le habían hackeado su cuenta de Twitter, desde la que suele enviar sus mensajes al país. Desde allí también aseguró en los días previos que el Foro de San Pablo está en el origen de las revueltas continentales y que los rivales opositores de su ahijado político "quieren impedir que gobierne".

Duque se mantuvo al frente del Mando Unificado de policías y militares, tras asegurar en la víspera que su gobierno pondría todos los medios para el desarrollo de las protestas pacíficas. El líder del Centro Democrático se enfrentó al gran paro nacional en una posición de clara debilidad política, producto de su bajo índice de popularidad y del escaso margen de gobernabilidad que tiene. La última encuesta de Gallup amplía el descontento de la gente, desde el desempleo (88%) hasta la inseguridad (83%), pasando por la corrupción y el costo de la vida (ambas al 85%).

Las marchas de ayer dejaron todo tipo de imágenes, algunas tan llamativas como ver a Rodrigo Londoño, jefe del partido FARC y antiguo comandante Timochenko, marchando en paz junto a los barrabravas del Nacional de Medellín.