Colas para votar en las elecciones en Italia, pero por el código antifraude

Roma, 25 sep (EFE).- "Nunca había visto colas para votar en Italia", celebró hoy el líder conservador de Forza Italia y ex primer ministro, Silvio Berlusconi, mientras una señora le acusaba de haberse saltado la fila. Algo así han pensado hoy todos los italianos que acudieron a los colegios electorales, aunque el motivo no fue la alta afluencia sino un código "antifradude" que hace falta comprobar para depositar la papeleta.

Fiorella explica a Efe que ha tenido que esperar una buena media hora para votar, lo que "no había ocurrido nunca" aunque "al mediodía ya no había tanta gente", pero "los responsables de las mesas electorales me han dicho que no han tenido un momento de tregua desde las 10.00 (8.00 GMT)".

Las filas en los colegios electorales no se podían achacar una gran afluencia, pero no ha sido así: a las 12.00 (10.00 GMT) era del 19,21 %, un dato muy similar al 19,43 % registrado a la misma hora en los anteriores comicios generales, en 2018, según informó el Ministerio del Interior.

El problema en esta ocasión parece haber sido el cupón "antifraude", un mecanismo que ya se había probado hace cuatro años que consiste en un código alfanumérico progresivo que se despega de la papeleta sólo después de que el ciudadano haya manifestado su preferencia.

El presidente de la mesa verifica si el número de cupón es el mismo que se anotó antes de entregar la tarjeta y solo al final de esta verificación, la papeleta se puede insertar en la urna. Además los electores, antes de introducir la papeleta, deberán comprobar que se ha despegado este código, pues de lo contrario, durante la fase de escrutinio será anulada.

En Italia no se pueden llevar las papeletas de casa a los colegios, una medida para evitar el llamado voto de intercambio que utiliza sobre todo la criminalidad organizada para garantizarse los votos del político al que han apoyado a cambio de algún favor o dinero.

Esta norma ha impedido que Luisa, de 87 años, haya podido votar, pues se olvidó las gafas y no veía bien los símbolos y no permitieron que su hijo le ayudase en la cabina. "Decidí anular la papeleta", explicó a Efe.

Aunque sobre estas elecciones sobrevuela el fantasma de la abstención, ya que los sondeos daban una afluencia del 65 %, no todos creen que vaya a ser así después de ver los colegios llenos esta mañana.

"No me creo que haya una abstención del 40 %, ni mucho menos", asegura Maria Grazia tras votar en el colegio "Vittorio Bachelet", el mismo en el que se esperaba que votase la líder de Hermanos de Italia y principal favorita para ser primer ministra, Giorgia Meloni.

Las colas en este colegio y la presencia masiva de los medios de comunicación para asistir al voto de Meloni llevaron a aplazar la votación hasta el final de la jornada, antes de las 23.00 horas locales (22.00 GMT), para "consentir a los ciudadanos poder ejercer el derecho al voto sin sufrir molestias y retrasos".

"Es un derecho y un deber votar, sobre todo en ese momento, yo creo que el Gobierno cambiará y será el centroderecha el que gobernará. Yo no les he votado, sólo espero que el Gobierno trabaje para que Europa funcione y que sigamos unidos y que trabajen para salvar la economía italiana", apuntaba Valentina.

Aunque esta mujer de la periferia romana entiende que mucha gente "haya perdido la confianza en la política y piensen que son las mismas personas, los mismos temas y que luego no cambia nada. Este es el peligro del abstencionismo. Para nosotros tiene que ser un honor ir a votar".

"Quien no vota pierde. Esperemos que el nuevo Gobierno resuelva los problemas del viejo", afirmó por su parte Andrea saliendo del "colegio "Vittorio Bachelet", dedicado al jurista asesinado por las Brigadas Rojas en 1980.

Los colegios electorales de Italia abrieron hoy a las 07.00 hora local (05.00 GMT) para unos comicios generales que pueden hacer historia si, como indican todos los sondeos, la ultraderechista Giorgia Meloni se hace con la victoria y se convierte en la primera mujer en llegar al poder en el país.

Cristina Cabrejas

(c) Agencia EFE