Llevas toda la vida desinfectando mal los trapos y las bayetas de cocina

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Los estropajos y las bayetas están constantemente en ambientes húmedos y en contacto con materia orgánica que puede servir de alimento a los microbios. Algunas de estas bacterias pueden ser casi inofensivas, pero la mayor parte causan infecciones, sin olvidar que algunas llegan a alcanzar niveles de peligrosidad muy serios como pueden ser las bacterias de la salmonella y de estafilococos. (Foto: Getty)
Los estropajos y las bayetas están constantemente en ambientes húmedos y en contacto con materia orgánica que puede servir de alimento a los microbios. Algunas de estas bacterias pueden ser casi inofensivas, pero la mayor parte causan infecciones, sin olvidar que algunas llegan a alcanzar niveles de peligrosidad muy serios como pueden ser las bacterias de la salmonella y de estafilococos. (Foto: Getty)

 

Pensamos que los paños de limpieza son herramientas que nos ayudan a limpiar las superficies de manera higiénica, pero la investigación muestra claramente que los trapos, las bayetas y otros utensilios de cocina habituales recogen fácilmente la suciedad y los gérmenes y "pueden actuar como un medio de propagación de los mismos a las manos y otras superficies si no los cuidamos y los usamos adecuadamente", explica el Foro Científico Internacional sobre Higiene del Hogar (IFH, por sus siglas en inglés).

Aunque pensamos que las desinfectamos bien y que están limpios, la realidad es que no están libres de bacterias. Así lo advierte la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) en un artículo en el que concluye que "la higiene es deficiente en más del 90 por ciento de las bayetas y estropajos analizados".

Es cierto que cuando los utilizamos, generalmente vamos a emplear productos como jabones y detergentes, así como incluso es posible que usemos también agua caliente, pero debemos darnos cuenta de que con esto no vamos a conseguir una completa desinfección, sino que siempre quedarán diferentes patógenos que se irán acumulando y sumando hasta crear una población mucho más peligrosa de la que podamos imaginar.

Ni el agua hirviendo, ni el microondas, ni la lejía, ni tan siquiera lavarlos en la lavadora a más de 60ºC puede acabar con los microbios que se adhieren a los tejidos de los trapos, estropajos y bayetas de cocina porque para sobrevivir se agrupan formando algo denominado 'biofilm'.

"Las bacterias se adhieren fuertemente a las fibras de la tela, con el resultado de que la limpieza a base de detergente por sí sola no es suficiente", advierte IFH. Por lo que para limpiar la bayeta bien exige, antes, desinfectarla. Este paso debe darse inmediatamente después de cada uso con un desinfectante eficaz (por ejemplo, lejía, blanqueadores...) o un secado a 80 grados durante 2 horas. Y siendo sinceros, ¿quien hace esto cada vez que usa un trapo o pasa la bayeta por la encimera?

Lo que suele pasar es esto: se cae leche o se te derrama el café en la encimera, pues pasas la bayeta y la dejas en el fregadero. Que estás cocinando y salta algo de la sartén, pues limpiamos con el mismo trapo. Que se cae agua al suelo... Coges igualmente la bayeta y limpias. Y, cómo no, también la coges para hacer una pequeña pasada sobre el hule en el que acabas de comer. Así cada día, acumulando gérmenes de aquí y allá.

En realidad lo que estás haciendo es limpiar con un trapo sucio, restregando los gérmenes acumulados por todos los rincones de tu hogar. 

De hecho, la OCU desaconseja meter las bayetas o el estropajo en la lavadora o el microondas, que es lo que mucha gente hace, porque no matan a todos los gérmenes y además, puede explotar, quemarse... Lo más efectivo es, una vez a la semana o más frecuentemente, si se usan mucho, meterlos en un mezcla de agua y un 10 por ciento de lejía, y dejarlo unos minutos.

Además, es importante dejarlas extendidas en un lugar donde puedan ventilarse bien y secarse por completo (otro fallo común es dejarlas arrugadas o dobladas tras usarlas). Y es que aparte de tener en cuenta la frecuencia en el uso de las bayetas y estropajos de cocina, también debemos analizar bien el entorno y la humedad a las que están expuestas. 

De nada sirve la excusa de que por usarlas poco no es necesario cambiarlas tan a menudo, ya que en el momento en el que entre alguna bacteria o algún resto de comida, la humedad hará lo necesario para su proliferación, por lo que la próxima vez que vayamos a utilizarla, posiblemente esté mucho peor de lo que imaginamos.

Así lo explica Deborah García Bello, química, investigadora y divulgadora científica, en sus redes y en un artículo publicado en su blog de La Sexta, Ciencia Aparte: "Los baños y las cocinas son estupendas incubadoras microbianas. Tienen calorcito, humedad y hay alimentos y cosméticos cargados de nutrientes, y siempre hay personas manipulándolo todo. Las personas somos una fuente extraordinaria de microbios y los esparcimos por todas partes".

Desde una perspectiva general, los expertos en limpieza dicen que "utilizamos más tiempo del que deberíamos este tipo de artículos"; y que las bayetas y estropajos se deben sustituir al menos cada dos semanas, y a mitad de tiempo, es decir, aproximadamente a la semana, lo ideal es hervirlas para reducir el volumen de bacterias que se haya podido ir acumulando durante esos días.

¿El motivo? Que incluso habiendo limpiado los estropajos o la bayeta, es bastante probable que no te hayas librado de las baterías. Muchas veces esa es la razón por la que la comida nos sienta mal o sufrimos intoxicaciones, por las contaminaciones cruzadas. Lo que pasa es que ni siquiera nos enteramos o pensamos que es una gastroenteritis que hemos pillado por ahí fuera.

Por eso, expertos en seguridad alimentaria aseguran que la mejor estrategia para evitar que las bacterias campen a las anchas en tu cocina, cerca de los alimentos que vas a llevarte a la boca, es renovar los trapos, bayetas y estropajos con frecuencia. Pero con mucha frecuencia de lo que piensas: ¡cada una o dos semanas!

Aún limpiando las bayetas y los estropajos, el catedrático de microbiología de la Universidad de Navarra, Ignacio López-Goñi, aconseja en su blog cambiar de estropajo cada una o dos semanas. Lo mismo que Maite Pelayo, microbióloga especialista en seguridad alimentaria y portavoz técnico del Instituto Silestone, quien recomienda en Maldita Ciencia cambiar las bayetas y estropajos de cocina cada semana o 10 días. La experta insiste en que la técnica correcta es la que señalábamos antes: "después de cada sesión de limpieza se deben eliminar los restos de suciedad y alimentos de estos utensilios, y dejarlos en remojo con un 10 por ciento de lejía durante cinco minutos".

Ese mismo periodo -cada semana o 10 días-es el tiempo útil que señala Lorenzo Mingallón, tecnólogo de los alimentos, y la ciencia avala esta recomendación: “Está basada en numerosos estudios en cuya práctica totalidad se cita uno realizado en Alemania y publicado en la revista científica Nature”, señala. En la investigación se observó la alta carga microbiana que suelen tener estos objetos, tan habituales en la limpieza de la cocina, tras una semana de uso (hasta 10.000 millones de bacterias por centímetro cúbico).

"Estos utensilios se convierten en un reservorio de Escherichia coli, Pseudomonas, Klebsiella, Staphylococcus y otros tipos de bacterias patógenas que, si bien no son de altísimo riesgo para la mayoría de la gente, pueden producir un trastorno estomacal y síntomas de malestar”, señala Mingallón, aunque sí pueden ser más peligrosas para niños pequeños o personas con un sistema inmunitario debilitado.

Una vez que el biofilm se ha formado, añade Gemma Del Caño, especialista en calidad de la industria alimentaria, ya no hay nada que hacer, cuesta muchísimo quitarlo. “De hecho, en la industria es un problema muy serio que tenemos que evitar. En casa es más fácil tirar la bayeta que intentar solucionarlo”, apunta del Caño. “La clave es conseguir que no se forme, y eso sólo se puede hacer con calor”, añade. 

Para Caño, la única forma para evitar que se forme ese biofilm es lavar a alta temperatura estropajos y bayetas cada uno o dos días, y en un máximo de 10-12 días cambiarlos por otros nuevos. "Si están gelatinosos o visiblemente sucios, mejor tirarlos que intentar ganar a los biofilms: tenemos las de perder”, concluye.

Si realizamos el cambio en estos períodos de tiempo, tendremos la total seguridad de que no vamos a dar tiempo a las bacterias a que se desarrollen y puedan causar estragos en nuestra salud o en la de los nuestros.

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