'Cobra Kai' se ha convertido en una telenovela para los fans de 'Karate Kid'

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El año pasado, cuando reseñé la tercera temporada de 'Cobra Kai', serie de Netflix que funciona como una especie de sucedáneo y continuación de la saga ochentera de 'The Karate Kid', me gané una rechifla espectacular (y algunas amenazas también) por parte de los fans, que se ofendieron de manera monumental solo porque señalé que la serie me parecía poco más que fan service nostálgico, que además servía como apología para la masculinidad tóxica que sus personajes principales representan.

Ahora que me toca hablarles de la nueva temporada, que ya se estrenó a nivel global en la plataforma de streaming, supongo que me expongo a la misma clase de reacción por parte de los hinchas de Daniel LaRusso y Johnny Lawrence, a los que la serie presenta como adultos muy conflictuados en la nueva arena de sus vidas. 

Si bien sigo pensando que la masculinidad en esta serie es tóxica, también debo ser justo y señalar que los creadores y guionistas de la serie no tienen los oídos tapiados e intentaron lavarse la cara y buscar integrar un público que realmente no habían contemplado antes: las mujeres, y el que den más relevancia a las dos jóvenes en su elenco, si bien no deja de ser estereotípico, es un paso en la dirección correcta, mientras que el público también tendrá que aprender a ver la serie en una luz distinta.

La temporada 4 de 'Cobra Kai' comienza donde se quedó la temporada 3; el racista, clasista, sexista, malévolo y siniestro John Kreese (Martin Kove) se adueña del dojo Cobra Kai, dejando al eterno adolescente Johnny Lawrence (William Zabka) luchando para crear un nuevo dojo al que llama Eagle Fang y a encontrarle sentido a su vida. Pero dado que Cobra Kai está reclutando nuevos miembros Johnny y su su antiguo archienemigo, Daniel LaRusso (Ralph Macchio), deciden fusionar sus dos dojos para combatir al enemigo común. 

Como cualquier fanático del programa sabe, el estado de la rivalidad del karate en el primer episodio es solo el comienzo de una oleada de alianzas cambiantes y filosofías enfrentadas, rollos dizque profundos y muchas, muchas secuencias de acción y melodrama, que es lo que hace que la serie sea como una bolsa tamaño familiar de papitas fritas, compulsivamente irresistibles y sin ningún valor alimenticio real, pero ¿qué importa?

Eagle Fang y Miyagi-Do se mezclan como agua y aceite, al igual que Johnny y Daniel. Johnny se trata de ser agresivo y llamativo primero; Daniel trata de actuar en defensa. El estilo conflictivo confunde a los estudiantes, al ver cómo los senseis discuten entre sí. 

Se acerca el 51º Torneo All-Valley y, según la apuesta que hicieron los dos con Kreese, si Cobra Kai gana, tanto Eagle Fang como Miyagi-Do tienen que retirarse. Si Cobra Kai pierde, Kreese se marcha para siempre, una idea sencilla, mas no es así: el taimado Kreese tiene muchos trucos sucios que le permitirán ganar: ahí está Tory (Peyton List), que todavía está furiosa porque Samantha LaRusso (Mary Mouser) le "bajó" a Miguel Díaz (Xolo Maridueña). También quiere traer de vuelta al redil al hijo de Johnny, Robby Keene (Tanner Buchanan). Robby está alejado de su padre, y está enojado con él, pero no parece caer totalmente bajo la manipulación de Kreese.

Kreese también se pone en contacto con un viejo amigo para que lo ayude a derrotar a sus enemigos: así recluta a Terry Silver (Thomas Ian Griffith), que sumamente rico, y siente que superó toda esta rivalidad de karate como una estupidez juvenil. Kreese está convencido que el karate está en la sangre de Terry, y cree que él está allí para sacar a su viejo amigo de esa trampa de autocomplacencia y confort de vida de rico; los resultados son más inesperados de lo que se puede creer y sorprendentemente, los personajes de esta serie van adquiriendo una dimensión que antes no tenían.

Mientras tanto, Johnny y Daniel intentan llegar a un acuerdo, especialmente porque cada uno de sus alumnos estrella, Miguel y Sam, están ansiosos por aprender los métodos del otro dojo. Johnny quiere volver con la mamá de Miguel, Carmen (Vanessa Rubio); Demitri (Gianni DeCenzo) intenta convencer a Eli (Jacob Bertrand) de que pertenece a Eagle Fang incluso después de haber participado en el ataque de Cobra Kai contra la casa de los LaRusso. Y Amanda (Courtney Henggeler), la esposa de Daniel, todavía indignada porque Tory y Cobra Kai dañaron su casa y lastimaron a su hija Sam, quiere asegurarse de que ninguno de ellos vuelva a acercarse a su familia.

En este punto de la serie, parece que los showrunners de 'Cobra Kai', Jon Hurwitz, Josh Heald y Hayden Schlossberg, están tratando de encontrar diferentes combinaciones de temas para actualizar sus arcos narrativos y brindarnos mejores perfiles de personajes que eran acartonados y estereotipados en las primeras temporadas. También parece que, con el regreso de Terry Silver, quien le lavó el cerebro a Daniel para que se uniera a 'Cobra Kai' en 'Karate Kid III' (¿recuerdan que hasat se enemistó con Mr. Miyagi?), están comenzando a profundizar mucho en el canon de 'The Karate Kid' para encontrar nuevos niveles de maldad y/o avance narrativo.  

Eso puede parecer una queja, pero en realidad (no se alebresten, fans) no lo es. No es que todo funcione esta temporada, pero hay que reconocer que se busca continuar la historia de una manera algo diferente a la que vimos en las primeras tres temporadas que rayaban en lo repetitivo. Hay algunos aspectos como los pleitos entre Johnny y Daniel que son derivativos y sosos, pero en este punto la historia es menos sobre ellos y más sobre todos los demás, y eso está mucho mejor. 

Traer de vuelta a Terry no es un mal movimiento, pero es un personaje que no todos los fanáticos de KK recordarán y sobre todo, no es "malo de malolandia". Entonces, cuando él y Kreese tienen su inevitable división en la filosofía, no está clara la razón de su existencia ¿Está ahí para jugar con la cabeza de Daniel o realmente está ahí para obtener algún nivel de venganza contra Kreese? Esa ambigüedad es sabrosa y Griffith es tan repelente como siempre.

En cuanto a la chaviza, esas tramas funcionan mejor, aunque los actores comienzan a parecer un poco mayores para interpretar a estudiantes de prepa. Los creadores lo saben, por lo que terminan dando una trama importante al hasta ahora poco visto Anthony LaRusso (Griffin Santopietro) y un nuevo compañero de clase, Kenny (Dallas Young), quien recurre a Robby como mentor. Es una forma de introducir un aspecto de "próxima generación" en el programa, pero también incluye escenas brutales de bullying que son medio difíciles de ver, por muy importante que sea contarlas. Por otra parte, el empoderamiento de las mujeres se siente orgánico a esta temporada y Tory y Sam se muestran como rivales formidables (amén de que es obvio que al público masculino le gusta verlas enfrentadas).

Estas observaciones personales son solo mi forma de decir que esta es la primera de las cuatro temporadas del programa que realmente presenta grandes cambios y está madurando como drama serializado. Todavía hay momentos divertidos y conmovedores, y Zabka como actor está demostrando que tiene casta, ya que da matices a Johnny, que sigue sin tener idea de cómo operar como persona en esta época, pero aún tiene un espíritu de lucha en él y hasta un corazón. Daniel LaRusso por su parte, sigue siendo antipático, pero sirve como catalizador de la trama, y Macchio se presta bien para estos aspectos. 

A nivel visual, más que una narrativa consistente —que ya se sabe que uno no ve una serie de este tipo por eso — hay muchas peleas, que a fin de cuentas son lo realmente atractivo y relevante de 'Cobra Kai' y lo que buscan sus fans, y la mayor parte se deja a los más jóvenes esta temporada (aunque Daniel y Johnny tiene su momento de la verdad con Terry y Kreese). Teniendo en cuenta que la historia trata menos sobre Johnny y Daniel y más sobre el resto del elenco, eso está bien. La serie es lo que es (no es 'Los Soprano', 'The Wire' o 'Twin Peaks' ni pretende serlo, y esa honestidad se aprecia) y funciona como tal cosa. Fans, no me maten por decirlo: la verdad es que funciona como desconexión y muchas veces eso es lo que se necesita: escapismo total, ahora para ambos sexos.

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