La explicación psicológica que empuja a las personas a querer clonar a sus mascotas

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Clonar a una mascota oscila entre los 35 000 y 50 000 dólares. [Foto: Getty Images]
Clonar a una mascota oscila entre los 35 000 y 50 000 dólares. [Foto: Getty Images]

La muerte de una mascota puede ser una experiencia especialmente dolorosa. Lo sé por experiencia propia. Cuando una mascota no es simplemente una mascota, sino que se convierte en un integrante más de la familia, cuando compartes tu vida con ella, la incluyes en tus rutinas cotidianas y logras conectar sin palabras, su pérdida puede ser muy difícil de superar. A menudo deja un vacío enorme que solo comprenden quienes lo han vivido.

Imbuidas en ese dolor, es comprensible que cada vez más personas estén recurriendo a la clonación. La idea de poder disfrutar de nuestro amigo de cuatro patas durante más años parece un sueño hecho realidad. Pero lo cierto es que deberíamos pensárnoslo dos veces.

La clonación, un proceso cada vez más “barato” y difundido

Snuppy, el primer perro clonado del mundo, en Seúl, en 2005. [Foto: Chung Sung-Jun/Getty Images]
Snuppy, el primer perro clonado del mundo, en Seúl, en 2005. [Foto: Chung Sung-Jun/Getty Images]

En 1996 nació la oveja Dolly, el primer mamífero clonado. Mucho tiempo ha pasado desde entonces y ahora también existe la posibilidad de clonar a perros y gatos. En 2005, nació en Corea del Sur el primer perro clonado, llamado Snuppy, era un sabueso afgano.

En la actualidad están abriendo centros de clonación de mascotas por todo el mundo. En 2018, la cantante Barbra Streisand reveló que sus dos cachorros eran clones de su antigua mascota Samantha. Dos años antes la diseñadora de moda Diane Von Furstenberg pagó 100 000 dólares para clonar a Shannon, su jack russell terrier.

El precio de clonar a una mascota se ha reducido a la mitad. ViaGen, una de las compañías más famosas en este sector, cobra 50 000 dólares por la clonación de perros y 35 000 por los gatos. Desde la compañía revelan que, a pesar de que el costo sigue siendo elevado, ya han clonado a cientos de mascotas.

Sin embargo, el único problema que encierra la clonación no es su precio. Las preocupaciones que genera este proceso van mucho más allá del coste económico.

El lado oscuro de la clonación

Perros clonados en la Sooam Biotech Research Foundation, una organización líder en la clonación de mascotas en Seúl, en 2016. [Foto: JUNG YEON-JE/AFP Getty Images]
Perros clonados en la Sooam Biotech Research Foundation, una organización líder en la clonación de mascotas en Seúl, en 2016. [Foto: JUNG YEON-JE/AFP Getty Images]

Para crear el primer cachorro clonado, Snuppy, los investigadores tuvieron que implantar quirúrgicamente 1.000 embriones en 123 perros, según reveló Scientific American. Desde entonces, el proceso de clonación se ha perfeccionado, pero todavía no es sencillo ni eficaz.

El índice de fracaso es muy elevado. Un informe de la Universidad de Columbia sitúa la tasa de éxito de la clonación en apenas un 20%. Eso significa que para clonar a una mascota se necesitan decenas de óvulos que se deben extraer de las hembras, un proceso que suele ser doloroso y angustiante para los animales.

También es necesario preparar una media de cuatro animales para la gestación subrogada, los cuales tendrán que soportar un embarazo traumático y sufrirán muchos abortos espontáneos porque la mayoría de los embriones no se implantan adecuadamente.

En ese proceso no solo sufren las madres sustitutas sino también los cachorros. Se estima que de los embarazos viables, cuatro cachorros morirán o serán sacrificados porque el proceso de clonación a menudo produce defectos genéticos graves. Por esa razón, en la actualidad se necesitan ocho meses para clonar a un perro y un año para clonar a un gato.

Todo eso significa que la industria de la clonación necesita una gran cantidad de perros y gatos para obtener los óvulos y actuar como madres sustitutas. Aunque los laboratorios afirmen que se preocupan por su bienestar, es innegable que esos animales se someten a procedimientos y tratamientos hormonales que generalmente no logran producir un clon, pero que afectan su calidad de vida y posiblemente también su salud. Y todo para obtener un clon que jamás será igual que la mascota que nos abandonó.

La mascota clonada no será una copia de la original

Cleo, mi mascota actual, no se parece en nada a la anterior, ni en los rasgos físicos ni de personalidad. Así hemos creado una relación única y extraordinaria desde cero.
Cleo, mi mascota actual, no se parece en nada a la anterior, ni en los rasgos físicos ni de personalidad. Así hemos creado una relación única y extraordinaria desde cero.

Kelly Anderson, una estadounidense que clonó a su gata Chai, contó su experiencia a The Washington Post. Refirió que “Belle es casi idéntica a Chai, incluso tiene sus ojos azul profundo y su manto de pelo blanco. Ambos gatos comparten un par de peculiaridades, como dormir con el cuerpo estirado contra la espalda de Anderson. Pero ahí terminan las similitudes”.

Quienes estén pensando en clonar a su mascota deben saber que aunque los clones comparten el mismo material genético, no son el mismo animal pues la personalidad no depende únicamente de la genética sino de las experiencias de vida.

Por esa razón, un animal clonado jamás será una copia exacta de la mascota original, sobre todo en lo que respecta al comportamiento, gustos y hábitos. Eso significa que no podremos reproducir el mismo vínculo emocional que teníamos con la mascota que tanto echamos de menos. El clon será casi idéntico físicamente, pero su personalidad será una incógnita y es probable que demande nuevas dinámicas y formas de relacionarse.

Por consiguiente, es importante que quienes piensen en la clonación sean conscientes de que ese procedimiento no les “devolverá” a la mascota perdida. No será el mismo animal, aunque luzca igual.

Anderson, por ejemplo, explica que recurrió a la clonación para conservar una parte de su mascota. Cuenta que aunque es consciente de que son gatos diferentes, la reconforta saber que una pequeña parte de su antigua mascota vive en su nuevo gato. Sin embargo, también confiesa que ver a su nueva gata jugar y merodear por casa le genera una especie de déjà vu que deja una sensación agridulce.

En algunos casos, la clonación podría impedir que la persona atraviese todas las fases del duelo, de manera que no logra procesar adecuadamente el dolor que genera la pérdida. Y es que el proceso de duelo es doloroso, pero también puede ser “purificador”. Esos sentimientos con los que tanto nos cuesta lidiar nos ayudan a asumir lo ocurrido, aceptar la pérdida y asentar el recuerdo para preparar nuestro corazón para volver a amar.

El duelo puede ser difícil, pero es necesario para integrar lo ocurrido en nuestra historia vital y evitar arrastrar expectativas irreales que nos empujen a intentar replicar la relación perdida en un intento por llenar un vacío del que no sabemos cómo salir.

Perder a una mascota duele. Inconmensurablemente. Pero a veces es mejor esperar que se mitigue ese dolor antes de adoptar a una nueva. Así evitamos que esa nueva mascota sirva simplemente como “reemplazo”. De esa manera podremos apreciar realmente su unicidad. Dejándole ser como es. Sin expectativas. Respetándola.

Si realmente amamos los animales, deberíamos pensárnoslo dos veces antes de apostar por la clonación. No solo implica un sufrimiento innecesario para los animales de laboratorio sino también negar una oportunidad a aquellos que languidecen en los refugios.

Hoy tenemos la posibilidad de pagar para dar vida a una mascota nueva que se parecerá físicamente a la que perdimos. Pero el hecho de que podamos hacer algo no siempre significa que debamos hacerlo o que sea ético. También podemos hacer las cosas de manera diferente y dar una oportunidad a otros animales completamente diferentes mientras atesoramos para siempre el recuerdo de nuestra antigua mascota en nuestro corazón.

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