Con clima de fiesta, el Moderno abrió al público la muestra de Nicanor Aráoz

Celina Chatruc
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La música electrónica que se escucha desde el pasillo anuncia lo que vendrá: lo más parecido a una fiesta en tiempos de coronavirus. Concebida como "un espacio de sanación, de transformación, de ritual", la muestra de Nicanor Aráoz abrió hoy al público en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, que tenía previsto inaugurarla en abril. Pero el destino tenía otros planes, y potenció su energía de celebración.

Al entrar en la sala del segundo piso, tras cumplir el estricto protocolo, el visitante no encontrará decenas de personas bailando. Pero sí una escultura gigante que recrea figuras humanas sacudidas al ritmo del Samba, cual mandala iluminado con enormes cadenas de neón, y una Rockola dispuesta a ofrecer el tema elegido a cambio de una ficha. Eso le permitirá evocar la experiencia "los cuerpos unidos en un todo colectivo", concebida por el artista en tiempos prepandémicos.

Este talento para crear "ambientes emocionales" convierte su muestra Sueño sólido en una de las visitas obligadas del retorno a los museos, tras meses de actividad a puertas cerradas por la cuarentena. "Es uno de los más grandes artistas argentinos de todos los tiempos", dijo sobre él Victoria Noorthoorn, directora del Moderno, que además de celebrar la reapertura festejó la reciente creación de la Red Argentina de Museos y espacios de Arte (RAME). "Como nunca antes dijo -dijo-, los museos se unieron en una gran conversación".

Esas figuras que parecen levitar hasta el techo, como tornados de color carne, logran lo que parecía imposible: levantar el ánimo tras meses de obligado confinamiento. "Hizo estas piezas especialmente para esta muestra", aclara la curadora, Lucrecia Palacios, antes de describir la odisea que implicó prepararla sin poder entrar al museo.

"En las obras y escenas de Aráoz, somos testigos de su preocupación por cómo el ser humano padece, habita y se relaciona con un mundo inestable y en tensión -sostiene Palacios-. Para abordar tal complejidad, Aráoz recurre sistemáticamente a Internet, entendiendo a la web como una especie de sueño colectivo y social o un archivo surrealista veloz, del que toma elementos tan diversos como la estética del animé, el diseño de marcas, el universo de la rave y sus ritos, los universos ficcionales de los videojuegos, la poesía existencial, las tradiciones místicas, las formas biológicas asociadas a lo monstruoso y las formas de lo vivo".

Nacido en 1981, Aráoz participó del Programa de Artistas y de la quinta edición de la Beca Kuitca en la Universidad Di Tella, que le dedicó una muestra en 2016 . Ese mismo año, editorial Mansalva publicó el libro Nicanor Aráoz: Antología genética sobre su obra. Y el año pasado una de sus esculturas llamó la atención del príncipe árabe Fazza, durante su recorrida inaugural de la feria Art Dubai.