“¿Cleptomanía o estafa?”: el debate que abrió el caso de una chica que habría fotografiado las tarjetas de sus amigas para comprar

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El miércoles pasado, en las redes sociales se conoció el caso de una adolescente que habría usado las claves de las tarjetas de sus amigas para comprar productos de alta gama
El miércoles pasado, en las redes sociales se conoció el caso de una adolescente que habría usado las claves de las tarjetas de sus amigas para comprar productos de alta gama

En los últimos días, se viralizó en las redes sociales el caso de una adolescente que habría fotografiado los datos de las tarjetas de crédito de sus amigas y gastado con ellas más de 15.000 dólares. Según los audios que se filtraron en Twitter, la joven habría comprado pasajes al exterior y ropa de marcas exclusivas, entre otros consumos. Enseguida las opiniones se dividieron entre quienes consideran que se trataría de un trastorno mental, un caso de cleptomanía, y quienes piensan que se encuadraría en un delito, en una estafa.

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La cleptomanía es un trastorno del control de los impulsos incluido dentro de la lista de las afecciones mentales, del comportamiento y del neurodesarrollo de la Organización Mundial de la Salud (OMS). “Se caracteriza por una falla recurrente en el control de los impulsos fuertes para robar objetos en ausencia de un motivo aparente –por ejemplo, los objetos no se adquieren para uso personal o ganancia monetaria”, define el organismo.

La persona cleptómana, detalló el médico psiquiatra Sergio Grosman, siente una cierta adicción a quedarse con algo del otro, puede ser desde una campera hasta objetos más importantes como una tarjeta de crédito. La conducta a quien la padece le brinda adrenalina, como al jugador compulsivo, y siente que está haciendo algo que lo emociona y si eso no va acompañado de una respuesta negativa obtiene lo que quiere sin consecuencias. De esta manera, se va generando un ciclo que acelera la conducta misma y va incrementando. Es como una adicción. “Es un trastorno mental de relativamente baja frecuencia por el cual la gente consulta poco. La edad promedio de inicio del comportamiento de robo es típicamente durante la adolescencia. Sin embargo, la edad media en el momento de la evaluación suele ser entre mediados y finales de los 30 años. Esto significa que se consulta tardíamente. Lo que sucede en la mayoría de los casos es que recién se consulta con un especialista cuando aparece el descubrimiento del problema”, explicó Grosman, quien es presidente del capítulo Psicoterapias de la Asociación de Psiquiatras Argentinos (APSA).

La frontera

La línea divisoria entre cleptomanía y estafa es la posibilidad de acceder a la conciencia moral. Una cosa es la persona que planifica y roba como forma de vida, piensa que eso está bien y no siente angustia ni remordimiento moral. Y otra es el cleptómano que evade transitoriamente el remordimiento moral”, sostuvo Grosman.

Por su parte, el psicoanalista y psiquiatra Guillermo Bruschstein opinó: “La cleptomanía es un impulso muy importante de querer tener algo de otro que no tiene tanta elaboración ni premeditación como la estafa. El estafador tiene otra estructura de personalidad, psicopática, que piensa y es consciente de que está perjudicando al otro”.

Bruschstein, que es miembro de APSA y de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), dijo que suele ser una situación dolorosa porque las personas no encuentran explicación para lo que hicieron más que un deseo desenfrenado de tener cosas o llenar un vacío. “Nunca responden a un mismo motivo, pero en general es gente que no está pasando un buen momento, insatisfecha con sus propios logros y quiere emular los logros ajenos. Es gente que tiene pocos recursos personales”, contó.

El tan difundido caso de la joven que se viralizó en redes no sorprendió a los especialistas en salud mental. De acuerdo a Bruschstein es muy común que estos episodios sucedan: “Se ve mucho en jóvenes y a veces hasta en adultos que roban tarjetas de crédito y las usan. Son casos de adolescentes muy tentados de acceder a algunos bienes, en general ropa, pero también se ve en personas que, a pesar de ser de clase media y disponer de dinero, la usan para ir al supermercado. Es un típico episodio de cleptomanía, un impulso muy fuerte que no se puede evitar. También tiene que ver con conductas autodestructivas o autolesivas porque en general son descubiertos”.

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La recuperación

De acuerdo con lo que surge de las comunicaciones de WhatsApp que se filtraron y publicaron en redes, la chica habría sustraído un collar con un corazón negro de la marca Tiffany & Co a una compañera, que luego habría usado en reuniones sociales, donde habría sido descubierta.

Grosman explicó que el hecho de usar una prenda robada frente a la persona a la que se le robó puede tener que ver, por un lado con revivir la adrenalina del robo arriesgándose a una cosa más, y por otro lado, con acercarse neuróticamente a ser descubierta en vez de pedir ayuda. “También se puede pensar como el adicto que repite tantas veces una conducta y está tan acostumbrado a ello que ya lo hace sin darse cuenta del peligro. El límite se va corriendo en la medida en que la conducta se repite”, agregó.

El primer paso para recuperarse de la cleptomanía es que la persona asuma lo que hizo.

“Podríamos decir que es una condición que tiene cura, pero requiere que la persona pueda reconocer que tiene un problema y quiera dejar de hacerlo. Hay pocos fármacos que ayuden, el tratamiento es más del campo de la terapia”, aseguró Grosman, que también dijo que, en general, son las mujeres quienes más frecuentemente presentan cleptomanía, pero no se sabe si es porque realmente existen más casos o porque ellas son más propensa a consultar con especialistas.

Usualmente se llega tardíamente al diagnóstico, porque los padres van registrando pequeñas señales que ignoran. Por ejemplo, que falta algo en la casa de una tía o dinero de alguna billetera. Hasta que hay un conflicto con la ley y son los demás quienes establecen que esto no puede seguir. “No hay que minimizar ni exagerar, pero si se detecta que algo está pasando hay que hablar y reconocer que eso sucedió para que no avance el problema”, finalizó Grosman.

Alejandro Buigo, abogado especialista en derecho penal, explicó a LA NACION que de corroborarse por parte de una pericia psiquiátrica y psicológica que la persona no podía dirigir sus acciones por algún tipo de insuficiencia en sus facultades en orden a una patología de esa naturaleza, podría derivarse en un caso de inimputabilidad, tal como lo indica el artículo 34 del Código Penal en su inciso 1°. “Lógicamente, el dictamen pericial debe ser concluyente y no debe dar lugar a la duda. En caso de verificarse alguna pulsión a cometer este tipo de actos, pero que no llegue a impedir la dirección de sus acciones, el Tribunal podría estimarlo como una causal de atenuación al momento de imponer una pena”, precisó.

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