Claves del colapso de Rusia: Putin se aferra al poder en un país destinado a desaparecer

Más allá de los problemas políticos, el mayor problema que enfrenta la nación rusa es frenar el declive de su población. Los desequilibrios demográficos producidos por las guerras y la ineficacia de las políticas publicas han puesto en peligro el futuro del estado ruso. (Getty Images)

Los manejos políticos de Vladimir Putin para perpetuarse en el poder fueron previstos por analistas y medios internacionales y aun así tomó a muchos por sorpresa. 

En cuestión de días, Rusia tiene un nuevo primer ministro y las personas designadas por el presidente ruso para ayudarlo a gobernar renunciaron luego de que éste anunciara su intención de reformar la constitución.

Los expertos coinciden en que, con sus acciones, Putin les está diciendo a los rusos que cambiará la constitución para perpetuarse en el poder después de que culmine el período presidencial en el 2024. Las reformas a la carta magna rusa le darían la flexibilidad ser designado primer ministro o quizás alguna otra posición de poder creada a su medida.

Pero otros llaman a la calma. El periodista Igor Serebryany segura que los que temen que Rusia vuelva a emerger como una amenaza mundial deben quedarse tranquilos porque su país literalmente está desapareciendo del mapa.

El presidente ruso Vladimir Putin saluda al jefe del nuevo gabinete Anton Vaino,junto al subjefe Sergei Kiriyenko, antes de la reunión para elaborar las enmiendas a la Constitución de Rusia en la residencia oficial de Novo-Ogaryovo, a las afueras de Moscú, el 16 de enero de 2020 (Sputnik/Mikhail Klimentyev/Kremlin via REUTERS)

“Los informes recientes de la agencia de estadísticas federal rusa Rosstat señalan que aunque Vladimir Putin permanezca en el poder por otros 200 años (cosa que él definitivamente haría con gusto), no tendrían personas a quien gobernar para esa época", ironizó Serebryany.

El escritor aseguró que los modelos matemáticos no dan espacio para el error y que si la actual tasa de decrecimiento de la población continúa, los rusos desaparecerán en unas cinco generaciones. El chozno (hijo del tataranieto) de alguno de los rusos de hoy será el "último mohicano".

El problema es que la turbulencia demográfica rusa es un problema que han arrastrado desde hace casi un siglo.

Rosstat pronosticó en el 2019 la población rusa perdió unos 300.000 habitantes, un declive que triplica la cifra de 2018, cuando restó 100.000 personas. El retroceso poblacional del 2017, que rondó los 19.000, fue compensado con las políticas de atraer inmigrantes a territorio ruso.

Putin ha fracasado una y otra vez en poner freno a este problema que afecta la economía y el futuro de la nación. Ningún estado puede funcionar sin una fuerza laboral sólida que genere bienestar y pague impuestos para mantener las necesidades de los niños en formación y de los jubilados.

En 2011, el presidente ruso prometió impulsar la tasa de nacimientos en un 30% para 2015 con la inversión de 37.000 millones de euros financiar las políticas fiscales y subvenciones para las familias con deseos de tener hijos.

Las estadísticas echaron por tierra los intentos burocráticos y la tasa de nacimiento no sólo no se expandió sino que se ha contrajo de una manera dramática.

Al asumir el mando en 2018, en el último período presidencial al que podía aspirar según la constitución actual, Putin colocó nuevamente el impulso del crecimiento de la población rusa como una prioridad de estado.

Pero nunca ha asumido la responsabilidad de su incapacidad ofrecer un estado de bienestar que estimule a sus ciudadanos a tener suficiente confianza en el futuro como para procrear.

Los ecos de la guerra

Putin achaca todo el problema a los ciclos históricos rusos que marcan fluctuaciones importantes en el número de nacimientos de niños vivos y declaró que Rusia "sigue estando perseguida" por el colapso poblacional que vivieron en la década de 1990.

Anatoly Vishnevsky, director del Instituto de Demografía de Rusia, declaró a la prensa rusa que el primer gran declive ocurrió luego de la Segunda Guerra Mundial, debido a la baja tasa de nacimientos debido a las precarias condiciones de vida y a la enorme cantidad de soldados soviéticos fallecidos durante el conflicto, que habrían alcanzado los 34 millones de muertos en combate.

"Veinticinco años después, habían muy pocos padres. Y esa tendencia se está repitiendo. Ahora, 75 años después, estamos viendo una tercera ola que es producto de los acontecimientos en la década de 1990 y podría durar 10 años. El declive de mujeres en edad reproductiva es muy grande, casi de 7 millones", dijo el investigador.

Putin ha puesto en marcha políticas que incluyen un crédito hipotecario de 7.350 dólares para las familias con tres hijos. El mismo presidente ha reconocido que los esfuerzos no han sido suficientes que lo que Rusia necesita es un mejoramiento total en la calidad de vida, con un aumento de los salarios y los ingresos reales de la población.

Una de las iniciativas intentó atraer a 10 millones de migrantes provenientes de los países eslavos que una vez formaron parte de la Unión Soviética para el 2025, pero las condiciones económicas y el clima  en Rusia no han resultado atractivas para impulsar a esas personas a establecerse en suelo ruso.

Luego lanzaron el programa "Rusia para todos", en el que el gobierno dio por sentado que los habitantes empobrecidos de Asia y África migrarían a Rusia para trabajar duro, aprender el idioma, casarse con rusos y convertirse en ciudadanos deseosos de tener varios hijos y así garantizar las futuras generaciones.

Pero pocos han caído en ese anzuelo de la propaganda rusa.

El ex primero ministro Mikhail Kasyanov, que ahora es un fuerte crítico de Putin y vive en Estados Unidos, ha acusado al gobierno ruso de tener una visión cortoplacista que da prioridad a los asuntos políticos sobre los serios problemas demográficos.

"Las autoridades no desean cambiar nada...Admiten que tienen grandes problemas pero no hacen nada al respecto porque Putin no puede decidirse a cambiar sus políticas internas ni exteriores".

A juicio de Kasyanov, la inevitable contracción demográfica rusa es exacerbada por una sensación general de desaliento de los ciudadanos ante el futuro.

Las personas no piensan en planificar sus vidas para los próximos 5 o 10 años como lo hacían en el 2000, una época en que los rusos tenían más hijos.

Con la crisis política y los planes de Putin de perpetuarse en el poder, los rusos sólo piensan en cómo solucionar los problemas de la vida diaria. La idea de tener hijos no suena como un plan factible o responsable para los jóvenes rusos de la actualidad.

El país más grande del mundo, con 17,1 millones de kilómetros cuadrados, tiene 146,1 millones de habitantes en 2020. Los pronósticos de las Naciones Unidas calculan que para finales de este siglo la población podría haber caído a unos 83 millones. Y si no se toman medidas urgentes no habrán rusos para el 2200.