Las claves de la "absurda" polémica sobre los fijos discontinuos

Un camarero sostiene una bandeja en una playa de Mallorca en agosto.
Un camarero sostiene una bandeja en una playa de Mallorca en agosto.

Un camarero sostiene una bandeja en una playa de Mallorca en agosto.

El paro abandonó 2022 con datos agridulces que, sin embargo, han cerrado un año bueno para el mercado de trabajo en España. Hay 471.360 empleos más que hace un año, 268.252 parados menos y una afiliación a la Seguridad Social histórica que roza los 20,3 millones de personas. La cifra total de desempleados, de 2.837.653, es la más baja desde 2007, hace 15 años.

Son indicadores positivos en un contexto adverso de guerra en Europa e inflación, sin embargo, desde el Partido Popular han acusado al Gobierno de falsear los datos. Aunque tampoco han tardado en colgarse las medallas en aquellas comunidades autónomas en las que gobiernan, atribuyendo a sus políticas los buenos datos. Un oxímoron que camina.

El PP ha puesto esta semana la diana de sus críticas en la figura de los contratos fijos discontinuos, que tienen aquellos trabajadores que mantienen una relación laboral con una empresa pero que no realizan su actividad de manera continuada. El núcleo de la polémica se encuentra en que estos trabajadores, cuando están “inactivos” no cuentan como parados en las estadísticas, aunque sí que pueden cobrar una prestación por desempleo.

Los datos retuercen un poco más el conflicto, ya Andalucía y la Comunidad de Madrid, gobernadas por el PP, son dos de las cuatro comunidades las que lideran el crecimiento de estos contratos junto a Cataluña (ERC) y la Comunidad Valenciana (PSOE).

No son personas que estén desempleadas, tienen un empleo, pero son de la recolección o del sector de la hostelería, que tienen uno o dos meses que no tienen trabajoMónica Melle, profesora de Economía de la Universidad Complutense de Madrid.

Aunque Elías Bendodo, coordinador nacional del PP, diga que la no inclusión de estos trabajadores en el paro es algo que antes no ocurría antes, lo cierto es que esta particularidad estadística es así desde 1985 sin importar el color del Gobierno de turno, según fuentes del Ministerio de Trabajo en declaraciones a El HuffPost.

Las fuentes de Trabajo consultadas han remarcado que aunque los fijos discontinuos no se contabilicen como parados en la estadística, cuando no trabajan sí causan baja en la Seguridad Social, que en estos momentos registra cifras históricamente altas.

Aunque tienen solera, la reforma laboral aprobada en febrero es la que ha traído a los fijos discontinuos a la primera línea de la actualidad, ya que esta modalidad contractual ha venido a sustituir a los contratos temporales de obra y servicio.

Para Mónica Melle, profesora de Economía de la Universidad Complutense de Madrid, esta es una “polémica absurda”, ya que “siempre se han contabilizado así”. “No son personas que estén desempleadas, tienen un empleo, pero son de la recolección o del sector de la hostelería, que uno o dos meses al año no tienen trabajo”, sostiene Melle.

Las firmas de estos contratos se han disparado, y mientras que en diciembre de 2021 fueron 16.717, en diciembre de 2022 fueron 177.877. Sin embargo, aunque su crecimiento en 2022 es exponencial, el peso de estos contratos en la afiliación a la Seguridad Social es reducido.

Por otra parte, cabe destacar la reducción de los trabajadores temporales, que eran 4.162.921 afiliados en diciembre de 2021 y un año después 2.347.184, una bajada de 1.815.737. Los indefinidos, por su parte, suben de los 9.400.823 a los 11.237.649 en ese mismo periodo. Junto a estos últimos, los fijos discontinuos terminan de cerrar la pinza sobre los primeros, con una variación desde los 381.985 hasta los 833.648.

Si tienes a una persona que temporalmente no está trabajando y tiene una prestación por desempleo, ¿no es eso un parado?Ana Escribá, profesora de Derecho Laboral de la Universidad Internacional de Valencia.

Los fijos discontinuos, recuerdan desde el Ministerio, son contratos que se aplican sobre todo en los sectores económicos más estacionales, como el turismo y la agricultura. También declaran que, aunque no era el objetivo principal de la reforma (que buscaba la reducción de la temporalidad), su utilización en detrimento de los contratos de obra y servicio ha funcionado para regular y ampliar los derechos laborales de los empleados de estos sectores.

La polémica trae “locos a todos”, afirma Ana Escribá, directora del grado en Derecho y profesora de Derecho Laboral en la Universidad Internacional de Valencia (VIU). “Si tienes a una persona que temporalmente no está trabajando y tiene una prestación por desempleo, ¿no es eso un parado?”, reflexiona la experta, que cree que todo depende de la “lectura” que se quiera hacer, ya que las estadísticas tampoco dejan claro cuántos fijos discontinuos se encuentran fuera del periodo de llamamiento a su actividad.

Pero más allá del ruido, Escribá opina que los datos muestran que “la reforma laboral, a priori, está dando resultados [positivos]”, ya que sus “principales objetivos” eran dos: la reducción de la temporalidad y de la precariedad. En el segundo punto es donde los fijos discontinuos entran de lleno.

¿En qué se diferencian de los contratos temporales?

Para aclarar la diferencia, las fuentes de Trabajo consultadas señalan que, con respecto a los contratos temporales, los fijos discontinuos mantienen a los trabajadores ligados a la empresa en sus periodos de inactividad, tienen asegurado que el empleador les vuelva a llamar cuando se reinicien las campañas, guardan antigüedad, tienen prioridad ante las posibles vacantes de puestos fijos que se den y su protección social están mucho más aseguradas. Todos estas garantías, que se aproximan mucho a las de los contratos indefinidos al uso, están reflejadas en el Artículo 16 del Estatuto de los Trabajadores.

En definitiva, aporta seguridad, según explica José Manuel Corrales, doctorado en Economía y profesor universitario. “Si te hacen un contrato fijo discontinuo, sabes que tienes un cierto proyecto laboral estable y de alguna manera te puedes organizar la vida. En los meses en los que no vayas a trabajar en esa actividad puedas trabajar en otra cosa o puedes estudiar, genera una mayor estabilidad”, afirma Corrales.

Melle se refuerza esta idea precisamente en el punto de la seguridad. “Quedarse sin empleo es una cosa durísima para una persona, pero también para la economía. Si no tienes la seguridad de volver a trabajar no te arriesgas a nada y no consumes, todo se resiente. Los fijos discontinuos tienen una garantía de estabilidad, saben que les van a llamar de nuevo y mientras no trabajen pueden cobrar una prestación. Al final no están desamparados nunca”.

El fin de un contrato temporal no aportaba estas garantías, incide Melle, el trabajador en ese caso podía “cobrar una prestación hasta que se acabara”, pero sin la seguridad de volver a tener trabajo, ahí respira la diferencia “fundamental”. La economista se pregunta, además, cuál es la alternativa: “La pregunta que habría que hacerse es si preferimos que los trabajadores sigan siendo temporales y estén en el paro”.

Pero, ¿cuántos fijos discontinuos hay que no están trabajando?

Esa es la gran pregunta sin respuesta. Desde el Ministerio de Trabajo afirman que la “complejidad” para saber este dato es muy alta, ya que los fijos discontinuos están incluidos en categorías de demandantes de empleo donde también hay otros colectivos como los trabajadores en ERTE o los que se inscriben como demandantes aunque ya tienen un empleo porque buscan mejorar su situación.

Es una cuestión espinosa. Algunos centros de estudio, como Randstat Research estiman que los fijos discontinuos podrían ser hasta medio millón de personas, sin embargo, atendiendo a la cifra global de demandantes de empleo que aporta mensualmente el SEPE, desde mayo de 2022 hasta diciembre de ese mismo año el crecimiento es de en torno a 160.000. En cualquier caso, no se puede afirmar que ninguna de esas cifras sean rigurosas.

¿Cómo deberían reflejarse en las estadísticas? Para Monica Melle, la profesora de la Complutense, no deben ser parados, ya que siguen estando ligados a una empresa aunque no estén trabajando: “El Ministerio sí que podría afinar un poco más la información para saber cuáles están en situación inactiva, esa transparencia si que debería ser mayor”.

Escribá, por su parte, coincide con Melle en que habría que aportar más claridad a las estadísticas y opina que una posible “solución” al entuerto podría pasar por incluirlos en la cifra de parados pero diferenciándolos: “Puede darse la cifra X de paro en cada momento y señalar el porcentaje que corresponde a los fijos discontinuos, por ejemplo”.

En esa misma línea, pero sin incluirlos en el paro, está la alternativa que sugiere Corrales. “Podría segregarse en la cifra de demandantes de empleo para saber cuántos de ellos son realmente fijos discontinuos en situación de inactividad”. El experto afirma, además, que este cambio es fundamental para poder diseñar “políticas de empleo” y el eje de las mismas con un “diagnóstico” más certero de la situación.

El Ministerio, por su parte, no aclara si el modo de realizar las estadísticas cambiará en un futuro próximo, se limita a reiterar que su “deseo” es proporcionar la “máxima transparencia” en los datos.

El año electoral ya se deja notar, y es probable que, pase lo que pase, los decibelios suban a cotas superiores al número de afiliados a la Seguridad Social.