Clama comunidad haitiana durante funeral en Tijuana

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TIJUANA, BC., junio 3 (EL UNIVERSAL).- Mientras que Joselyn Anselme fue asesinado, Calory Archange murió por falta de atención médica y Robert Auguste continua desaparecido, en Tijuana, la comunidad migrante de Haití protestó durante un sepelio celebrado para las víctimas, en el que además exigieron justicia y seguridad para las familias que quedaron atrapadas en la frontera al grito de: ¡Las vidas negras importan!

Más de 100 personas se concentran en el salón habilitado dentro de la funeraria Ebenezer, en el centro de la ciudad, la mayoría vestidos de negro para honrar a los suyos, pero otros más portaban camisas blancas con el rostro de sus compañeros muertos grabados en el pecho, con la que manifestaron su indignación contra el gobierno mexicano y estadounidense.

Un pastor, vestido de traje, se planta en medio de los dos féretros y comienza con la ceremonia. Les habla en creole y, aun cuando casi todos los presentes entienden y conocen ese idioma que les sabe a hogar, otros que decidieron acompañar a la comunidad en su duelo, simplemente no entienden nada solo el sonido del dolor que estalla en el llanto de quienes perdieron a un ser querido.

Cuando el pastor terminó su discurso todos guardaron un minuto de silencio para recordad a Joselyn y Calory. Mientras el sollozo de algunos se cuela en el ambiente y resuena entre las paredes del salón, un hombre de casi dos metros se rompe y cae de rodillas, llora y junto a él se arrodilla la comunidad entera para darle consuelo. Sael, un joven de Haití, toma el micrófono y habla en español.

"La pregunta que todos deberían hacerse es ¿Cuándo terminará todo esto?... ellos que están aquí", dice mientras señala a sus compañeros en los ataúdes, "están aquí porque estaban buscando la vida… Hoy fueron ellos, mañana pueden ser ustedes o yo ¡Basta! ¡Las vidas negras también importan! ¡Nuestras vidas también importan!".

Antes de retirarse lanzan una alabanza. Unos cantan para no llorar y otros cantan mientras lloran, cada uno se despide de Calory y de Joselyn, el primero muerto por un infarto al corazón sin la posibilidad de recibir una atención médica adecuada que le permitiera sobrevivir a su condición y otro, víctima de la violencia en la ciudad con más asesinatos, según cifras del gobierno federal.

Previo a salir del salón, Nicole Ramos, una abogada activista y confundadora de la organización pro defensa de migrantes Al Otro Lado, toma el micrófono y lanza un mensaje frontal a los gobiernos de Haití, México y de Estados Unidos, a quienes consideró cómplices de la muerte de miles de migrantes que escapan de la violencia en sus países pero solo encuentran precariedad y muerte en la frontera.

"El presidente de México, AMLO (Andrés Manuel López Obrador) es una desgracia… y usted presidente de Estados Unidos, Joe Biden, también es una desgracia… cumplan con su promesa de proteger las vidas de todos… el gobierno estadounidense no podría aplicar esta política racista sin la complicidad de México".

Se preparan para partir y seguir las cajas donde sus compañeros serán enterrados. Al caminar una mujer entra en crisis, ella, sentada en una banca no puede parar de llorar.

Una joven le acerca un vaso con agua, agradece el gesto e intenta tranquilizarse, justo cuando logra articular una frase entera pide ayuda para encontrar a su esposo, desparecido desde el 2 de mayo pasado.

Su nombre es Robert Auguste, dice, luego cuenta que ya interpuso un reporte por desaparición en la Fiscalía General del Estado (FGE), pero hasta la fecha nadie le ha dado información ni se ha vuelto a comunicar con ella.

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