Las clínicas cierran, pero el aborto continúa

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Aunque el aborto está restringido, la telemedicina permite a algunas mujeres interrumpir embarazos no deseados con medicamentos legales. (Gracia Lam/The New York Times).
Aunque el aborto está restringido, la telemedicina permite a algunas mujeres interrumpir embarazos no deseados con medicamentos legales. (Gracia Lam/The New York Times).

El aborto vuelve a ser una fuente notoria de controversia, de legislación restrictiva y, para muchos, de gran angustia. Conocer algunos antecedentes puede ayudar a poner el tema en perspectiva.

El otoño pasado, hace cincuenta años, después de que el estado de Nueva York adoptó la ley de aborto más permisiva del país, muchas mujeres de otros estados con embarazos no deseados buscaron la ayuda de los médicos neoyorquinos.

Por encargo de The New York Times, acompañé a dos de estas mujeres provenientes de Minnesota en su experiencia con el aborto recién legalizado en Nueva York. Una de ellas era una mujer católica que tomaba píldoras anticonceptivas, madre de tres hijos, todos ellos con graves defectos congénitos, y con un marido que la amenazaba con abandonar a la familia si tenía otro hijo. La otra era una joven de 17 años que no sabía que había quedado embarazada después de su baile de graduación del bachillerato, sino hasta semanas después en su fiesta de graduación. Ambas mujeres abortaron de manera segura con la ayuda de reconocidos ginecólogos de Nueva York.

Fue una experiencia tensa en el aspecto emocional, pero no tan angustiosa como la que yo había sufrido cinco años antes, cuando una amiga soltera, sin dinero ni acceso a un aborto médico seguro, intentó en vano interrumpir su embarazo bebiendo aguarrás.

El mundo actual es diferente, hay muchos y mejores anticonceptivos y una sentencia del Tribunal Supremo de 1973, en el caso Roe contra Wade, que protege el derecho de la mujer a elegir el aborto, el cual ahora está cada vez más limitado debido a las restricciones impuestas por los estados y sujeto a la posibilidad de ser anulado por el tribunal. Al mismo tiempo, según un informe reciente, cada vez más mujeres con embarazos no deseados encuentran una manera segura de interrumpirlos ellas mismas, utilizando medicamentos autorizados por la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos.

Aunque los métodos peligrosos (como los famosos abortos con gancho para ropa) ahora se ven relativamente poco, no han desaparecido del todo. A pesar de la disponibilidad actual de métodos anticonceptivos muy eficaces cubiertos por la Ley del Cuidado de Salud a Bajo Precio para la mayoría de las mujeres, el problema de los embarazos inoportunos o no deseados sigue estando muy presente y tal vez siempre lo estará.

Según el Instituto Guttmacher, defensor de los derechos reproductivos que recopila información fidedigna sobre el aborto y temas relacionados, casi una cuarta parte de las mujeres en Estados Unidos tendrá un aborto antes de los 45 años. El instituto afirma que tres cuartas partes de las mujeres que buscan abortar son pobres o tienen ingresos bajos, y más de la mitad ya son madres que por distintas razones (monetarias, médicas, emocionales, sociales o profesionales) no pueden darse el lujo de tener otro hijo en estos momentos.

En el informe, publicado en diciembre en JAMA Network Open, un equipo de investigación dirigido por Lauren Ralph , investigadora de salud pública sobre medicina reproductiva de la Universidad de California, campus San Francisco, reveló, en una encuesta representativa a nivel nacional realizada a 7022 mujeres de entre 18 y 45 años, que el 1,4 por ciento reconocía haber intentado interrumpir un embarazo sin asistencia médica. Estos intentos de aborto autogestionado fueron arriba de tres veces más frecuentes entre las mujeres negras e hispanas que entre las blancas no hispanas, y la economía desempeñó un papel importante, pues el 15 por ciento de las encuestadas vivía por debajo del nivel federal de pobreza.

Las razones más comunes que dieron para haber intentado interrumpir un embarazo por su cuenta, sin involucrar al sistema sanitario, fueron que parecía más fácil o rápido, que el procedimiento en un centro era demasiado caro y que la clínica más cercana estaba demasiado lejos. Aunque esta encuesta no incluyó a adolescentes, las adolescentes embarazadas suelen estar renuentes o no pueden pedir el consentimiento de los padres, el cual solicitan muchos estados para autorizar un aborto con supervisión médica, lo que lleva a algunas adolescentes a intentar inducirse un aborto.

De acuerdo con Ralph y sus coautores, “las clínicas y los profesionales del aborto informan que atienden a un número cada vez mayor de personas que han intentado abortar por su cuenta”. Los investigadores predijeron que los esfuerzos de las mujeres por inducirse un aborto serán cada vez más comunes a medida que el acceso al aborto en centros de salud siga disminuyendo.

Por ejemplo, la última clínica de Misuri que practica abortos, gestionada por Planned Parenthood, podría verse obligada a suspender sus operaciones por una controversia con los reguladores estatales. Obtuvo un indulto para seguir ofreciendo consultas hasta el próximo mes de mayo. Misuri y Misisipi son algunos de los estados en los que los legisladores han prohibido los abortos en las primeras etapas del embarazo, y más recientemente Texas prohibió todos los abortos después de las seis semanas de embarazo, un punto en el que la gran mayoría de las mujeres aún no saben que están embarazadas. Hace un par de semanas, el Tribunal Supremo aceptó un caso que podría anular el caso Roe contra Wade.

Si se practica de manera correcta dentro de los 70 días posteriores al inicio de la última menstruación de la mujer (diez semanas de gestación), el aborto médico logra interrumpir el embarazo en más del 95 por ciento de los casos, según ha informado el Instituto Guttmacher. Hay dos fármacos que se venden con receta que tienen mayor eficacia si se combinan y que pueden inducir el aborto en las primeras etapas del embarazo. Primero se toma un medicamento oral llamado mifepristona para bloquear la hormona progesterona, necesaria para la continuación del embarazo; el otro, el misoprostol, se disuelve en la boca o se introduce por vía vaginal uno o dos días después para inducir contracciones y expulsar el contenido del útero, lo cual pone fin al embarazo.

El acceso a la mifepristona está rígidamente controlado y puede ser difícil para los médicos recetarla, pero el misoprostol, que se autorizó como un medicamento para las úlceras, se puede adquirir sin problemas con receta médica en las farmacias y suele ser eficaz para poner fin a un embarazo temprano incluso sin mifepristona. Algunas mujeres han pedido misoprostol por internet o lo han obtenido de México u otros lugares.

Aun así, incluso con estos medicamentos, si el acceso a las clínicas sigue disminuyendo o se anula el caso Roe contra Wade, la mayoría de las mujeres con más de diez semanas de embarazo tal vez no tengan acceso legal y seguro al aborto.

This article originally appeared in The New York Times.

© 2021 The New York Times Company

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