La Ciudad quiere el cese del fuego para el nuevo DNU

Maia Jastreblansky
·4  min de lectura
Horacio Rodríguez Larreta en uno de los anuncios de esta semana
Tomás Cuesta

El domingo pasado a la noche, antes de que Horacio Rodríguez Larreta anunciara -en un horario muy atípico- la continuidad de las clases presenciales en la Ciudad, sonó el celular de Diego Santilli. El vicejefe de gobierno estaba en la cumbre de funcionarios en la sede porteña de Uspallata y cuando lo llamó el secretario General de la Presidencia, Julio Vitobello, un interlocutor con el que suele hablar sin formalidades.

Fue el último contacto de alto nivel, antes de que cesara la paz entre ambas administraciones. A partir de allí, se inició la semana más beligerante que haya vivido Rodríguez Larreta en su carrera política. El jefe de gobierno decidió no claudicar con la cuestión educativa. Y en la Casa Rosada redireccionaron hacia el alcalde los misiles que antes dirigían hacia Mauricio Macri. Hubo mucho fuego.

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Con el correr de los días existieron algunos contactos subterráneos. Cada bando buscó, del otro lado, al funcionario más afín a su mirada, como una hendija para mirar al otro mundo. El secretario general de la Ciudad, Fernando Straface, telefoneó al ministro de Educación, Nicolás Trotta, principal defensor de dar clases en las aulas en Nación. El funcionario porteño le dejó como mensaje que la “presencialidad administrada” podría ser un punto de encuentro para la próxima etapa.

Axel Kicillof, principal promotor de la clausura, llamó al ministro de Salud porteño, Fernán Quirós. “Intercambiaron datos y Axel trató de entender la postura intransigente cuando se está prendiendo fuego todo”, dijeron en La Plata. “Trataron de tender puentes”, agregaron.

Alberto Fernández y Horacio Rodríguez Larreta
Alberto Fernández y Horacio Rodríguez Larreta


Alberto Fernández y Horacio Rodríguez Larreta

Hacia afuera, eso no se vio. El viernes en la reunión que Fernández y Kicillof tuvieron en la Casa Rosada, el Gobierno dejó trascender que la provincia deberá sumar camas para soportar el desborde de la Capital Federal, en una nueva señal de hostilidad.

“Rodríguez Larreta va a quedar como quien deberá hacerse cargo de los muertos de la Ciudad. Él se puso en primera persona. Hasta acá podía hacerse el distraído, amparado en que las medidas eran nacionales”, lanzó el viernes sin contemplaciones un altísimo funcionario nacional a LA NACION. “Se jugó un pleno y le está yendo mal. El domingo a la noche era Sarmiento, pero terminó perdiendo”, dijo.

Alguien tiene que ceder

La Casa Rosada llegó a su máximo nivel de aspereza con la Ciudad. La carta pública del Ministerio de Seguridad exigiendo mayores controles -en un área en la que siempre hubo coordinación- y la embestida del PAMI por la vacunación fue la expresión de esa rispidez.

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“La relación está en su peor momento. El Gobierno instaló un escenario de polarización con Horacio”, se lamentó un importante funcionario porteño que es partidario de “bajar algunos cambios”.

En Balcarce 50 aseguran que no debe ser Fernández el que dé el primer paso. “Si Rodríguez Larreta le pide una reunión, Alberto se la va a dar”, ironizó un alto funcionario.

En Uspallata hay menos orgullo. Quieren retomar el diálogo de cara a la renovación del DNU de la semana próxima y reconocen que quizá haya que sostener o incluso aumentar las restricciones. Pero pretenden ubicar a la cuestión educativa en un status diferente.

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“Primero tenemos que esperar a la semana que viene para analizar los datos. Probablemente haya que tomar nuevas medidas. Si para eso Horacio tiene que llamar a la Casa Rosada, lo va a hacer”, dijo a LA NACION un importante colaborador del jefe de gobierno porteño. “Eso sí, la educación tiene una prioridad distinta. No claudicaremos”, agregó.

En la Casa Rosada, donde aseguran que prefieren “asumir el costo político” de una medida antipática como la suspensión de clases, aseguran que las últimas encuestas que vieron están más repartidas entre quienes quieren clases y los que tienen temor por los contagios.

Con el Gobierno apuntando al jefe de gobierno porteño sin matices -”Rodríguez Larreta es (Patricia) Bullrich” repiten- en la Ciudad no asumirán ese papel. “Ellos buscan desgastarlo, pero nosotros no tenemos vocación de seguir escalando”, aseguran en Uspallata. Y agregan: “Tampoco es cierto que Horacio haya inaugurado una nueva etapa política”.