Solo en la ciudad de Buenos Aires, cerraron unos 500 salones de fiesta desde que empezó la pandemia

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Los dueños de Craig cerraron uno de los dos salones que tenían, en Caballito
Mulstiespacio Craig

Hace dos meses, María Soledad Salvati bajó definitivamente las persianas de Espacio 862, el salón que había abierto en 1992 y que estaba ubicado en Yerbal 862, en Caballito, uno de los que más trabajaba en la zona, con fiestas los viernes, sábados y domingos y eventos empresariales durante la semana.

“Nos arrasaron los gastos, porque además de los costos fijos de salón, está el mantenimiento del edificio. Nosotros seguimos pagando los impuestos, no nos endeudamos, la decisión de cerrarlo fue porque la vuelta es incierta y la rueda de trabajo se cortó —cuenta Salvati—. Aunque el salón esté cerrado es preciso afrontar con una serie de gastos para mantener la habilitación que lo hicimos durante todos estos meses, desde renovar matafuegos, el plano de evacuación que se actualiza cada seis meses y sale muy caro, la limpieza de tanques, el mantenimiento del ascensor interno, entre muchos otros que hay que cumplir para que la habilitación del salón siga vigente. No tuvimos ayuda por parte del Gobierno, lo único fueron dos o tres meses de no pagar el ABL durante el año pasado, pero después los gastos eran enormes. Nos mató la incertidumbre, el agotamiento mental, económico y emocional, realmente es un duelo dejar tu trabajo, algo que hicimos toda la vida, es muy triste”.

Las cifras son contundentes para un rubro que nunca pudo retomar su actividad. Un 65% de los salones de ciudad de Buenos Aires y de la Provincia bajaron sus persianas, según el relevamiento de ASEBA (Asociación de Salones de Eventos de Buenos Aires), desde la llegada del coronavirus hasta el día de hoy. Son unos 500 salones en la ciudad de Buenos Aires y 700 en la Provincia. Estas cifras incluyen a salones infantiles, multiespacios y los salones de recepciones.

Hoy tanto en la Provincia como en CABA, los salones de fiestas pueden funcionar únicamente con la habilitación del rubro gastronómico y con un aforo del 70%. El último DNU, publicado el 6 de agosto, establece que siguen suspendidas en todo el país las actividades en discotecas, salones de fiestas, bailes, o actividades similares.

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“Los salones están habilitados para funcionar bajo el protocolo de los gastronómicos que permite una reunión social en un salón cerrado, pero sin baile. La realidad es que hay poca gente que reserva un salón para hacer una cena, la gente reserva un salón para hacer una fiesta”, señala Rodrigo Zabalegui, socio gerente del salón Gran Córdoba, en Villa Crespo, y miembro de CEECBA (Cámara de Espacios para Eventos de la ciudad de Buenos Aires), una subcámara que funciona dentro de la AHRCC (Asociación de Hoteles, Restaurantes, Confiterías y Cafés).

“El hecho de que continúe la prohibición del baile hace que la actividad todavía no arranque, estamos paralizados. A nivel Gobierno porteño nos dijeron que posiblemente a partir de septiembre ya habilitarían el baile en salones de fiestas, con algún tipo de aforo seguramente”, dice Zabalegui.

Él advierte que la situación del sector es crítica. “Como mínimo uno o dos salones por mes fueron cayendo en CABA durante este año y medio, por lo menos unos 30 a 40 salones bajaron sus persianas, de los medianos a grandes, sin contar los salones infantiles”, señala.

Según el dueño de Gran Córdoba, el perfil de salón más damnificado por la pandemia es el mediano o chico. “No hubo ningún tipo de ayuda, no hubo exención de cargas sociales, de impuestos, fueron 18 meses de pagar y pagar sin tener ingresos, no pudieron soportarlo”, dice.

Con un panorama todavía incierto, las diferentes agrupaciones que nuclean a estos espacios reclaman una ayuda para afrontar la crisis económica que atraviesan. “Los eventos no están permitidos, hace más de un año y medio que no podemos trabajar. La reciente normativa en Provincia dice que se habilitaron los eventos recreativos, culturales al aire libre como recitales, pero no los salones de fiestas. Los salones, que nuestra esencia es realizar eventos recreativos y sociales, no podemos trabajar, pero sí está habilitado un recital hasta 1000 personas al aire libre. Nosotros somos parte de la cultura. Es una incoherencia que arrastra a 300.000 familias en crisis en todo Buenos Aires”, sostiene Guadalupe Rocchia, representante de ASEBA.

La referente asegura que, si bien la situación para el sector en la Provincia de Buenos Aires y en Capital es la misma, es decir que los eventos sociales no fueron habilitados, la diferencia es que en CABA los salones tienen la autorización a trabajar bajo la modalidad de gastronomía y en la Provincia “los acuerdos son basados en arreglos municipales lo cual genera una gran desigualdad porque algunos municipios dan permisos y otros no”, aclara.

Sin retorno

Gustavo Veloso está al frente de Multiespacio Craig, y desde hace siete años tenía dos salones de eventos, uno sobre pasaje Craig (esquina Zuviría) y otro en Doblas 1026, en Caballito. “Alquilaba los dos locales: cerré uno hace dos meses y me quedé con el más grande, el de la calle Doblas, con capacidad para 70 personas. Aguanté bastante con los dos, pero después de un año y medio sin un horizonte concreto es muy difícil seguir apostando. Fue todo a fuerza de ahorros y créditos”, explica Veloso.

“En diciembre del año pasado nos habilitaron para trabajar con un formato de gastronomía porque no se sentaron a analizar el protocolo que presentamos para los salones de fiestas. Nosotros estamos preparados para llevar adelante un protocolo, capacitar a la gente, con trazabilidad de los invitados, algo que no existe en un bar o un restaurante que estuvieron siempre explotados de gente y que decían que trabajaban con un aforo del 30% pero nadie lo cumplía ni controlaba. Nuestra impotencia es terrible”, agrega Veloso.

Un panorama oscuro

Luciano Fiora, presidente interino de AOFREP (Asociación de Organizadores de Fiestas, Reuniones y Eventos Empresariales y sus Proveedores de la República Argentina), dice que el sector está muy dañado, la mayoría tuvo que reducir personal, dejar de pagar impuestos, endeudarse, dejar de pagar servicios. “La preocupación ahora es cuando caigan esas deudas, si el nivel de actividad va a poder sostenerlos”, advierte Fiora.

Para él los salones de Capital Federal se vieron más perjudicados que los de provincia o el interior porque ahí tienen posibilidad de espacios más abiertos y al aire libre, algo que no sucede en CABA. “Uno de los mayores problemas es que los salones tienen a muchos clientes a la espera de hacer su fiesta y esos clientes están desgastados, angustiados, tenían reprogramaciones para septiembre y ahora parece que en septiembre todavía no van a poder volver, y entonces empiezan a hacer demandas judiciales para que les devuelvan el dinero. Además, los salones tienen muchos eventos por hacer que les van a ocupar las fechas que tendrían que haber comercializado. La situación es muy grave y creo que el problema no lo empezamos a ver todavía”, señala.

Para Rocchia es un rubro que se va a extinguir si no se toman medidas prontamente: “Más allá de la apertura, la realidad es que después de más de un año y medio sin trabajar tiene que haber un apoyo para un desendeudamiento, para poder salir, porque nos va a llevar años recuperarnos”, dice.

Según pudo hablar LA NACION con fuentes del Ministerio de Desarrollo Económico y Producción porteño, se está analizando y se trabaja con las cámaras y sectores que agrupan a los salones de fiestas para que en algún momento vuelvan a la actividad normal, siempre teniendo en cuenta la evolución de la situación epidemiológica.

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