Las cifras de muertos apenas bajan en Portugal a días de abrir por Navidad

Agencia EFE
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Lisboa, 20 dic (EFE).- Tras ser un ejemplo en los primeros meses de la pandemia, Portugal se enfrenta ahora a una segunda ola mucho más severa para el país, donde las cifras de muertos apenas ceden a pocos días de la relajación de restricciones por Navidad.

Con unos 10 millones de habitantes, Portugal superó el sábado los 6.000 fallecidos desde que empezó la pandemia y trata de doblegar la curva de óbitos de esta segunda ola, pese a que la de contagios inició la tendencia negativa hace ya tres semanas.

En los últimos diez días la cifra diaria se ha movido entre las 70 y las 90 muertes, con algunas jornadas próximas a la centena. Este domingo se ha notificado uno de los valores más bajos, 71 óbitos, pero sólo un día antes fueron 86.

Son números todavía elevados en un país donde hoy volvieron a subir los casos activos, que superan los 70.000, y que reportó 3.334 nuevos contagios.

Todo ello a sólo unos días de relajar las restricciones por Navidad, cuando se permitirán las reuniones familiares, lo que supondrá inevitablemente un incremento de las infecciones.

"Estamos reduciendo los contagios, pero muy despacio, y todavía hay una incidencia elevada. En Navidad vamos a tener un aumento, lo vamos a pagar", señala a EFE el epidemiólogo Manuel Carmo Gomes, de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Lisboa.

PEORES NÚMEROS, ADIÓS A FIN DE AÑO

La evolución de la pandemia en las últimas semanas, con cifras de muertos aún altas y un descenso de contagios menor de lo esperado, llevó al Gobierno a decidir esta semana endurecer las medidas que había anunciado para fin de año.

Al cierre de la movilidad entre municipios ya avanzado se sumó un endurecimiento de los toques de queda para evitar cualquier tipo de festejo: los portugueses deberán estar en casa como muy tarde a las 23:00 horas el día 31 de diciembre.

Ha sido el equilibrio encontrado por el Ejecutivo para permitir algún tipo de reunión en estas fechas: se abre la mano en Navidad, una fecha de cariz más familiar, pero se cierra en Nochevieja, dedicada más a celebraciones y fiestas.

Con el cierre se pretende evitar que el crecimiento de contagios que será inevitable tras la Navidad se dispare exponencialmente y contener la expansión del virus cuando se pondrá en marcha el plan de vacunación, que empezará el día 27 con los sanitarios en primera línea.

Será el punto final de un año en un país que ha vivido las dos olas del coronavirus de forma muy diferente.

SEGUNDA OLA MÁS SEVERA

La segunda ola está siendo más severa para el país luso, que empezó septiembre con unos 58.000 contagios y algo más de 1.800 óbitos.

Desde entonces, las infecciones han escalado hasta más de 374.000 y los fallecidos han superado los 6.100.

Una diferencia que, según los expertos, se debe sobre todo a aciertos e incluso un poco de "suerte" en la primera ola.

"Hubo alguna suerte, porque la infección llegó a Portugal más tarde", explica a EFE el epidemiólogo Henrique Barros, del Instituto de Salud Pública de la Universidad de Oporto, que recuerda que el país tomó medidas pronto e incluso los portugueses decidieron encerrarse en casa enseguida.

En Portugal el primer caso se detectó el 2 de marzo, cuando la situación en países como España y sobre todo Italia ya estaba más avanzada, por lo que cuando decretó el cierre de escuelas, comercio y otras actividades el virus todavía no se había extendido tanto.

Con la llegada del otoño y la bajada de las temperaturas, que aumentó los contactos en interiores, la segunda ola "no fue nada inesperada", insiste Barros, que apunta que es "normal" que aumentasen las infecciones desde entonces.

En ello coincide el epidemiólogo Gomes, que añade otro factor: las restricciones no han sido tan duras como en marzo, porque además de controlar la pandemia se buscó "salvar la economía y la salud mental".

Las restricciones más duras han sido limitaciones a la movilidad entre municipios en fechas de desplazamientos habituales -como puentes y festivos- y toques de queda que los fines de semana empezaban a las 13:00 horas, con el cierre de casi todo el comercio.

Gomes cree, "como epidemiólogo", que estas medidas llegaron "dos o tres semanas tarde", pero "si hubiesen cerrado a principios de septiembre la mayoría de la población portuguesa no lo habría aceptado", asegura.

Paula Fernández

(c) Agencia EFE