“¿Cierran todo otra vez?” Cómo impacta en los chicos la suspensión de las clases

Evangelina Himitian
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Movimiento. Una clase de danza para chicos en la plaza Castelli, en el barrio de Belgrano, a mediados de mes
Victoria Gesualdi/AFV

“¿De verdad van a cerrar todo otra vez?”, le preguntó Anabella Orsini, de 11 años a Manuela, su compañera, a la salida del colegio. “Mi mamá dice que sí. Espero que no. Otro año encerrada no lo resisto. Volver al Zoom sería lo peor”, fue la respuesta mientras caminaban de regreso a casa. Horas después, el presidente Alberto Fernández confirmaba la suspensión de las clases presenciales en el área metropolitana de Buenos Aires hasta el 30 de abril, lo que despertó fuertes rechazos en las familias, revuelo en Twitter y una catarata de reacciones en los chats del colegio: “Mis chicos están llorando”, “Los míos están festejando”, “Es una locura todo”, fueron parte de los mensajes que intercambiaron padres y amigos.

La llegada de la segunda ola de coronavirus al país ya está causando impacto en los más chicos. No a nivel epidemiológico, ya que no son principal foco de la pandemia sino a nivel emocional y psicológico. Y mientras la ola se eleva, con más y más casos y con noticias sobre terapias saturadas y especialistas alarmados, los más chicos contemplan desde la orilla con preocupación por cómo los va a golpear esta vez a ellos. El anuncio presidencial sobre la vuelta a la enseñanza virtual por dos semanas terminó esta noche de encender las alarmas.

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“Tengo miedo de contagiar a alguien de mi familia. Este fin de semana no vimos a mi abuelo por las dudas. Eso me pone triste ”, dice Melisa Fernández, de ocho años. “A mí me preocupa no poder festejar tampoco este año mi cumpleaños”, dice su hermano, Ramiro, que cumple 10 en mayo. “¿Nos van a dejar otra vez sin el club? Espero que no. Ahora el colegio es lo único que nos queda para vernos ”, dice Isabella Freire, de 9 años, alumna de una escuela de Villa Crespo.

Los especialistas explican que la llegada de la segunda ola y la prolongación de la pandemia impactan en las representaciones de los vínculos sociales para los más chicos. Algo que la suspensión de las clases presenciales complicaría aún más.

“Todos los estudios que hicimos en este año demuestran que el impacto de la cuarentena prolongada fue muy grande en los chicos. Pero ahora, a nte la llegada de la segunda ola y frente a la amenaza real de nuevas restricciones, están perdiendo su capacidad de adaptación frente a la crisis . Tienen mucho temor y preocupación de qué va a ocurrir si se vuelven a quedar sin la escuela y sin sus entornos de sociabilización”, dice Luisa Brumana, representante de Unicef en Argentina, en diálogo con LA NACION.

Los resultados preliminares de una encuesta de salud mental que realizaron recientemente en Unicef, encienden la alerta: durante el último año fueron muchos los chicos que evidenciaron síntomas de ansiedad y depresión. Los más chicos mostraron alteraciones del sueño y problemas de comunicación. Los más grandes cuentan en su relato que vivieron un año en el que se sintieron angustiados, asustados y deprimidos. Volver al colegio representó un gran alivio. Muchos de esos síntomas empezaron a bajar. Pero ahora aparece el temor a volver atrás.

“Es un temor a volver a perder el espacio de contacto que la escuela representa. Los chicos se adaptaron a muchos cambios el año pasado. Ahora, ya tienen un pasado con el aislamiento, no reaccionan igual. Y dicen, cuidado si me lo sacan de nuevo, no sé qué podría pasar”, apunta Brumana. “Desde Unicef creemos que la escuela, que demostró ser un entorno seguro, debería ser lo último en cerrar ante la segunda ola y lo primero en volver a abrir ”, afirma.

Enojo y tristeza

Durante la cuarentena, nueve de cada 10 chicos argentinos (91%) extrañaron mucho a alguien , sobre todo a los amigos, compañeros de actividades y familiares; casi ocho de cada 10 (77%) se mostraron ‘enojados’ y el 68% presentó distintos grados de tristeza, particularmente los niños pequeños y los adolescentes. Siete de cada 10 (74%) expresaron sentimientos negativos como desánimo y aburrimiento, y seis de cada 10 (59%) reconocieron tener miedo: miedo por ellos mismos (24%) o por terceros (21%).

Estas conclusiones surgen de un relevamiento a nivel nacional llevado a cabo por la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) a través de sus Filiales y la Región Metropolitana, que entrevistaron a 4500 chicos de todo el país. El trabajo se llamó “Percepciones y Sentimientos de Niños Argentinos frente a la Cuarentena” y puede ser un marco para entender cómo se sienten ahora, frente a la posibilidad de volver a un cierre de actividades.

“La cuarentena tan prolongada potenció los síntomas de ansiedad en muchos chicos e hizo que otros los desarrollaran”, apunta Francisco Musich, jefe de Psicología Infanto Juvenil de INECO, que el año pasado llevó adelante una estudio en conjunto con el Gobierno porteño, en el que monitorearon los efectos de la pandemia en 1000 chicos en edad pediátrica.

“En los más chicos, fueron problemas del ánimo, que se manifiesta como un aumento de la irritabilidad, en un aumento de la ansiedad, en preocupación relacionada a la seguridad. ¿ Me voy a contagiar? ¿Mi abuelo se va a morir?, eran las preguntas más frecuentes. Si atravesamos otra cuarentena y restricciones prolongadas, y si los chicos vuelven a estar confinados en el hogar, es probable que estos cuadros se repitan. Hoy, a dos meses de la vuelta a clases, hay un porcentaje elevado de cuadros de depresión y ansiedad que se están estabilizando. Y a uno le preocupa que la segunda ola genere un desmejoramiento grande ”, dice Musich.

El funcionamiento de las burbujas y la dinámica de presencialidad una semana por medio también impacta en el ánimo de los chicos, aunque entienden que es lo que hoy se puede hacer, apunta el especialista. “En estos dos meses, los papás refieren que cuando se activa una burbuja o en la semana en que los chicos no van, estén más fastidiosos y preocupados. Necesitan la rutina y la anticipación”, dice Musich.

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Sofía R., de 10 años, faltó más de una semana a clases en una escuela de Villa del Parque porque su mamá tuvo Covid. Cuando volvió a clases, sus compañeros la recibieron bien, pero con cierta distancia. Incluso escuchó cuando una compañera les sugería a otras chicas que no se acercaran a ella en el recreo , porque había estado enferma. La conversación se trasladó al chat de madres. No solo había que evitar que Sofía se sintiera dejada de lado, por más que tenía el alta médica. También era importante que el mensaje llegada correctamente a los chicos. Tal vez, tanto énfasis en las medidas de protección personal y distancia, pasaron por alto situaciones que pueden preocupar a los chicos. Por ejemplo, ¿qué pasa cuando alguien que se contagió o fue contacto estrecho vuelve al colegio ?

“Es importante en este tiempo que los padres sean la segunda opinión de Google. Que hablen con los chicos de lo que les preocupa . De lo que están viviendo, de los dilemas que les plantea la nueva normalidad. Y que si hace falta, se pida ayuda. No demos por sentado que por tener la información disponible la están entendiendo bien”, sugiere Musich.

¿Cómo será el impacto emocional de la segunda ola en los más chicos? En gran medida dependerá de cómo desde la casa los padres los ayuden a elaborar la sobreinformación que reciben”, apunta Liliana Mato, psiquiatra especializada en infancia y adolescencia, miembro de la Asociación Argentina de Psiquiatras, y presidenta del Capítulo Anorexia y Bulimia de esa entidad.

“En este tiempo vimos que aumentaron mucho los casos en adolescentes y en niños y tiene que ver con el aumento de la ansiedad. La familia puede ser el primer vínculo que ayude a amortizar el impacto emocional de la segunda ola. La función de contención y mediación de los adultos es clave. E s difícil plantearles hoy a los chicos, si llegan más restricciones, que esto será algo transitorio, porque así fue como comenzó el año pasado la cuarentena. Pero tal vez podamos trabajar con ellos el concepto de incertidumbre. Aquello que ni los adultos conocemos, ni podemos decir cómo va a ser, pero que nos obliga a tomar buenas decisiones en el corto plazo”, apunta Mato.