Científicos deploran que funcionarios de NOAA defiendan los equívocos de Trump sobre el huracán Dorian

Científicos estadounidenses que trabajan en el pronóstico del tiempo y la valoración de los lugares e intensidades de fenómenos meteorológicos han deplorado que el presidente Donald Trump haya recientemente emitido falsas alertas sobre posibles impactos del huracán Dorian y también que la propia Agencia Nacional del Océano y la Atmósfera (NOAA) haya avalado ese dislate presidencial.

El científico jefe del Servicio Nacional de Meteorología (SNM) incluso ha criticado que la respuesta de NOAA al respecto fue “política” y “un peligro para la salud y la seguridad públicas”, de acuerdo al periódico The Washington Post.

Donald Trump con el mapa alterado y ya obsoleto con el que pretendió defender su dicho de que el huracán Dorian impactaría a Alabama. (Chip Somodevilla/Getty Images)

Durante varios días, Donald Trump se empecinó en afirmar que el huracán Dorian amenazaba al estado de Alabama, pese a que los pronósticos de expertos del Servicio Nacional de Meteorología señalaban que ese estado no corría peligro pues se encontraba muy al oeste de las zonas afectadas por el ciclón.

Pero Trump, al parecer incapaz de corregir sus dichos con base en evidencia, incluso mostró un mapa manipulado en el que, con una tosca adición, se señalaba la posibilidad de que Dorian golpeara la costa de Alabama, situada en el Golfo de México. Dorian, en realidad, fue siempre una tormenta en el Océano Atlántico.

Sobre Dorian, Trump había dicho en Twitter el pasado 1 de septiembre que “además de Florida, Carolina del Sur, Carolina del Norte, Georgia y Alabama serán muy probablemente golpeadas mucho más duro que lo anticipado…”.

El tuit del presidente tenía fundamento para todos los estados mencionados, pero no para Alabama. Con todo, Trump se empecinó en defender ese equívoco. Y la propia NOAA, que supervisa el SNM salió en defensa del presidente –muy criticado en los medios y ridiculizado en las redes sociales por su insistencia en que Alabama estaba en peligro– y señaló en un comunicado que Alabama en efecto estuvo bajo amenaza.

Eso incluso a contracorriente de los científicos del SNM, que desde el principio declararon que, pese a lo dicho por Trump, Alabama no estaba en peligro por Dorian.

Esto es especialmente punzante porque desatar alertas infundadas puede suscitar problemas muy reales en las comunidades sometidas a esa cadena de contradicciones o reportes imprecisos.

Ciertamente, en el mapa de la posible ruta y áreas afectadas por Dorian que NOAA emitió el 29 de agosto pasado se planteaba la posibilidad de que el huracán tocara tierra y penetrara en Florida. Y así se muestra en el gráfico respectivo. Por ello, era plausible que fuertes vientos llegaran a azotar la costa de Alabama.

Pero Trump aludió a Alabama el 1 de septiembre, varios días después, cuando los pronósticos de la trayectoria de Dorian ya se habían modificado y cuando la posibilidad de que ese estado sufriera afectaciones era muy baja (del orden del 5% y solo en un área muy reducida del estado).

La oficina en Birmingham del SNM dijo el mismo 1 de septiembre, poco después del tuit de Trump, que su estado, Alabama, no sería impactado por Dorian.

Los datos factuales y las opiniones científicas al parecer no le parecieron relevantes a Trump y para tratar de probar su afirmación o hacer creer que no erró como lo hizo al respecto de Alabama, el presidente presentó el 4 de septiembre el citado mapa del 29 de agosto, ya obsoleto, y por añadidura con un área de posible impacto dibujada burdamente, lo que fue motivo de intensa burla internética pero, más seriamente, fue una fuente potencial de confusión para la población.

Para esa fecha, y en realidad desde varios días antes, los pronósticos ya no consideraban ese escenario sino que Dorian daría un giro y permanecería en el Atlántico, con un posible impacto en la costa estadounidense pero avanzando hacia el norte y alejándose de modo definitivo de Alabama.

Los científicos del SNM lo sabían muy bien y por eso causó estupor entre ellos la defensa de NOAA del equívoco de Trump. En un comunicado sin firma NOAA dijo que entre el 28 de agosto y el 2 de septiembre la información que le dieron a “Trump y al público demostró que vientos con fuerza de tormenta tropical del huracán Dorian podrían afectar Alabama” y reprobó lo dicho por la oficina en Birmingham del SNM.

Como se comenta en el Post, científicos criticaron severamente lo que consideraron una concesión impropia a Trump, al avalar NOAA una afirmación infundada cuando en momentos de crisis como los del avance de un huracán se requieren la máxima precisión y claridad posibles.

La defensa del equívoco de Trump que salió de funcionarios de NOAA habría, en ese sentido, resultado muy conflictiva, pues puso en entredicho a sus propios científicos y parece tratar más de aplacar el furor presidencial que plantear los hechos con base en el rigor y los datos científicos.

Y eso se agrava si se considera que, de acuerdo al periódico The New York Times, el secretario de Comercio Wilbur Ross habría amenazado con despidos en NOAA luego de que la oficina de SNM en Birmingham contradijo los dichos de Trump en torno a Dorian y Alabama. Críticos señalan que si eso es cierto, Ross debe renunciar a su cargo.

Craig McLean, el científico en jefe del SMN, dijo en un email al personal de esa agencia que los funcionarios de NOAA dieron prioridad a la política sobre la misión de esa institución y que “su intervención para contradecir al pronosticados [el SNM] no estuvo basada en la ciencia sino en factores externos”. Es decir, por motivos políticos para tratar de tapar la citada falacia de Trump.

Por ello, McLean indicó que se revisará si se cometieron violaciones a las normas y a la integridad científica de NOAA. El propio director del SMN, Louis Uccellini, fue ovacionado cuando este lunes, en una conferencia en Alabama, hizo una defensa pública de sus científicos. Dijo allí, según The Hill, que sus meteorólogos estuvieron en lo correcto al contradecir a Trump.

Al final, lo que está en juego es la credibilidad fundamental de los servicios de pronóstico meteorológico: la población debe poder confiar en ellos y tomar decisiones al respecto, sobre todo ante amenazas como una tormenta mayúscula, y por ello es clave que la comunicación al respecto esté fundada en datos científicos y presentada con el mayor rigor posible.

La difusión de Trump de una información incorrecta (en torno a Alabama) y su empecinamiento posterior en tratar de hacerla pasar por buena erosiona esa credibilidad, como también lo hace que funcionarios de una agencia pública opten por una defensa “política” en lugar de hacer valer el criterio de sus propios científicos.

Es por ello que los meteorólogos han alzado la voz para denunciar esas circunstancias y exigir que sea la ciencia y no la política o la imagen de un presidente (de suyo tormentosa) lo que rija la comunicación y los pronósticos en materia meteorológica en el país.