Chistes malos: ¿por qué a algunas personas les encanta contarlos?

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La mayoría de la gente conoce a alguien a quien le encanta ver que los demás hagan caras con chistes malos. Sin embargo, para algunas personas tener un sentido del humor extraño es una compulsión que puede afectar su vida cotidiana.

La condición de bromear de forma patológica se conoce como witzelsucht, descrita como la narración excesiva de bromas inapropiadas o sin sentido. La palabra proviene de los vocablos alemanes para chiste, “witz”, y adicción, “sucht”.

Los médicos de California Elias Granadillo y Mario Méndez investigaron esta condición en un estudio de 2016.

Describieron dos casos: uno de un hombre de 69 años que experimentó un cambio de personalidad y desarrolló una tendencia a hacer bromas compulsivamente después de sufrir una hemorragia cerebral diez años antes. También desarrolló características como una fijación por el reciclaje y comenzó a hacer “comentarios poco menos que ofensivos”.

El propio paciente dijo en una entrevista —la cual sin duda fue un poco difícil porque él no dejaba de contar chistes— que en general se sentía feliz. Pero que su necesidad compulsiva de hacer chistes se había convertido en un problema con su esposa. E incluso la despertaba en medio de la madrugada para contárselos.

DETERIORO COGNITIVO Y PARKINSONISMO

El otro paciente investigado en el estudio fue un hombre de 57 años cuyo comportamiento se había vuelto errático unos tres años antes. Comenzó a contar chistes infantiles y a reírse con facilidad de sus propios comentarios y, en general, carecía de inhibiciones.

También compró casi dos docenas de camisas hawaianas y en algún punto pasó seis semanas sin bañarse. Pese a eso, obtuvo resultados en su mayoría normales en el examen neurológico y un historial médico ordinario.

Murió más de una década después, tras haber desarrollado deterioro cognitivo y parkinsonismo. Una autopsia también reveló que tenía la enfermedad de Pick, una forma de la variante conductual de demencia frontotemporal (VCDFT).

Los autores del estudio de 2016 concluyeron que el humor patológico de los dos pacientes estaba relacionado con daños en ambos lóbulos frontales de sus cerebros.

Un aspecto que los vinculaba era que, aunque sus propios chistes les parecían muy divertidos, no experimentaban como divertidos los chistes de otras personas.

DAÑO EN EL LÓBULO FRONTAL

El estudio señala que el daño en el lóbulo frontal derecho en particular parecía ser “crítico” en el humor patológico.

“Los pacientes con lesiones frontales derechas siguen siendo sensibles a los chistes simples, payasadas o a los juegos de palabras. Pero el deterioro les impide apreciar las bromas nuevas, no simples o generadas externamente”, se lee en el estudio.

“Es posible que no aprecien la relación entre las conclusiones de los chistes y las historias. Y que no experimenten su gracia, prefiriendo conclusiones que no son graciosas.

“Por lo tanto, los pacientes con lesiones frontales derechas, como aquellos con variante conductual de la demencia frontotemporal, son propensos a las bromas simples y tontas”.

Los autores dijeron que más investigación puede aclarar el mecanismo de witzelsucht y sugerir cómo se puede manejar.

El estudio, titulado “Pathological Joking or Witzelsucht Revisited” (“Bromear patológicamente o Witzelsucht revisitado), se publicó en la revista científica Journal of Neuropsychiatry and Clinical Neurosciences en 2016. N

(Publicado en cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek)

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