Los "chinegros", la violenta danza con que San Juan es adorado en Nicaragua

San Juan de Oriente (Nicaragua), 24 jun (EFE).- Dentro de la parroquia de San Juan de Oriente, en el Pacífico de Nicaragua, Julio César Potosme se cita con su rival "a la salida". Una vez en el lugar, se baten con una especie de látigo hasta que uno de ellos, lesionado, alza su arma, se rinde, la trifulca se detiene, los contrincantes bailan, se agradecen entre sí, y la fiesta patronal continúa.

La escena, conocida como los "chinegros", se repite en innumerables ocasiones entre hombres, niños y algunas mujeres.

Según el Instituto Nicaragüense de Cultura (INC), el 60 % de los más de 3.000 habitantes del municipio de San Juan de Oriente la han protagonizado en algún momento de sus vidas.

Se trata de una danza violenta, sobre todo violenta, con la que San Juan Bautista es adorado en el pueblo de origen indígena desde 1585.

Los contrincantes, sin ninguna protección, se baten con "chilillos" elaborados con el pene disecado de un toro, capaces de arrancar un tuco de piel al contacto.

"Aparte de nuestra tradición, es parte de nuestras promesas. Claro que duele, pero en el momento se va forjando", dijo a Efe el tradicionalista Julio César Potosme, que lleva casi la mitad de sus 36 años batiéndose con rivales.

SACRIFICIO RELIGIOSO

Según Noel Amilcar Gallegos, quien ha investigado los "chinegros" por más de 20 años, los rivales, al enfrentarse, pagan promesas, de modo que recibir un latigazo es un sacrificio dedicado a San Juan.

Aunque algunos historiadores sostienen que la tradición llegó con los esclavos africanos, lo que explica el término "chinegros", Gallegos sostiene que esta ya existía en la época precolombina, y sufrió modificaciones con la colonización.

"Se modificó en el sentido que ya no era autoflagelo, sino que era contienda, dos personas del mismo tamaño y posiblemente de la misma edad. Ello se daba en agradecimiento a algún favor, al santo patrono", explicó el investigador.

Este viernes, el día principal de los "chinegros" en San Juan de Oriente, Manuel Potosme -un apellido común en este lugar- caminaba sonriente por la calle principal del municipio mientras un joven lo seguía con un teléfono móvil tomando fotografías a su espalda herida.

"Es por una promesa que hice. Mi hija venía con problemas, prometí que si venía sanita, haría de chinegro todos los años. Este es el segundo", dijo a Efe Potosme, mientras señalaba a su pequeña.

Por eso en estas luchas no hay ganador ni vencedor, no existe paga, no se levantan apuestas, no hay victorias ni derrotas, no se despiertan enemistades.

"Es una tradición propia de los sanjuanenses, una tradición que la venimos arraigando desde niños. Es un juego y es una promesa. Cualquiera diría que es una salvajada, que esto no debería de existir, pero sí, sólo el sajuanense tiene esto", señaló Gallegos.

DUELO DE CABALLEROS

En el fondo se trata de un duelo de caballeros que sigue reglas no escritas, como no apuntar hacia el rostro o debajo de la cintura, dar las mismas oportunidades de ataque, y detenerse cuando el rival abandone la posición de ataque.

Si uno las viola, los espectadores interrumpen la acción. Tiene más ventaja el que ejecuta sus movimientos de ataque y defensa con mayor rapidez y cualquier rival que sea zurdo.

No es extraño por estos días ver espaldas literalmente destrozadas por los "chilillazos" en San Juan de Oriente. Otros municipios del departamento (provincia) de Masaya también celebran los "chinegros", algunos conservando la costumbre de pintarse la cara con aceite negro.

La tradición, que fue declarada "Patrimonio inmaterial municipal de San Juan de Oriente" en 2019, podría perdurar décadas.

Un niño de 13 años llegó solo esta tarde a San Juan de Oriente desde un poblado vecino. Tomó un "chilillo" y retó a otro. En la primera acción recibió un latigazo que le desgarró la espalda. Se retorció, alzó su arma, bailó con su rival, y se fue feliz por donde vino.

"Es mi primera vez. Me dolió mucho, pero me gustó. Todos en mi familia lo hacen. Les voy a decir que yo también ya lo hice", dijo a Efe el jovencito.

En medio de la algarabía, irrumpió Digna Gaitán, de 71 años, y sentenció: "Dice el Señor: cada quién con su fe, la fe que tiene, si es con el chilillo, pues con el chilillo, y el que quiere llevar la palabra de Cristo, pues que la lleve".

Wilder Pérez R.

(c) Agencia EFE

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