No es primera vez que China trata de tapar abusos sexuales

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CHINA TENISTA DESAPARECIDA (AP)
CHINA TENISTA DESAPARECIDA (AP)

Huang Xueqin, quien ayudó a una mujer que acusó a un profesor de agredirla sexualmente, fue arrestada en septiembre. Wang Jianbing, quien ayudó a mujeres a reportar acosos sexuales, fue detenida junto con ella. Desde entonces nada se sabe de ellas. Entretanto, varias activistas por los derechos de las mujeres han sido víctimas de campañas de desprestigio en las redes sociales y sus cuentas han sido cerradas.

Cuando la tenista Peng Shuai desapareció de la luz pública tras acusar a encumbrado político chino de abuso sexual, causó un enorme revuelo internacional. Pero no es la primera vez que China saca de la vista pública, acusa penalmente o acosa en las redes sociales a una mujer que denuncia violencia sexual. Es parte de la discriminación de género que sufren las mujeres en China todos los días.

Cuando Huang ayudó a impulsar el movimiento #YoTambién en China en el 2018, ganó algo de visibilidad y cierto éxito político, al lograr que el código civil defina por primera vez en qué consiste el acoso sexual. Pero también se topó con la resistencia de las autoridades chinas, que suelen reaccionar enérgicamente a cualquier movimiento social por temor a que les quite cuotas de poder. Ello se ha intensificado este año, como parte de gestiones más amplias por limitar lo que es aceptable en el discurso público.

“Están públicamente excluyéndonos del ámbito legítimo, del espacio público legítimo”, denunció Lu Pin, una activista que vive ahora en Estados Unidos pero sigue involucrada en el movimiento pro-derechos de las mujeres en China. “El espacio intermedio está desapareciendo en esa sociedad”.

Como prueba del temor que las autoridades le tienen al movimiento #YoTambién, suelen tildar a las activistas de títeres manipulados por potencias extranjeras, en un intento por pintar las acusaciones como invento de los enemigos de China con el fin de desestabilizar al régimen.

La represión reciente ha estado enfocada en activistas poco conocidas y de escaso poder político, que por lo general trabajan con grupos marginalizados.

Tanto Huang como Wang tenían un pasado de ayudar a grupos desfavorecidos, y ambas han sido acusadas de subversión, según un amigo de ambas que vio la carta enviada a la familia de Wang y que habló a condición de anonimato por temor a represalias. La policía en la ciudad de Guangzhou, donde las dos mujeres fueron arrestadas, no respondió a un pedido de comentario enviado por fax.

La acusación es vaga y suele usarse contra disidentes políticos. Las familias no han sabido nada de ellas y no han podido contactarlas, otra táctica frecuentemente usada en casos políticos.

El movimiento #Yo También cobró impulso en China cuando Huang ayudó a mujer llamada Luo Xixi a acusar públicamente a su profesor en la Universidad de Beihang de haberla obligado a tener relaciones sexuales con él. La universidad realizó una investigación y destituyó al profesor por violar su código de ética profesional.

La denuncia de Luo inspiró a una enorme cantidad de mujeres a hacer sus denuncias, todas por internet. Miles de estudiantes firmaron peticiones para presionar a sus universidades a enfrentar la violencia sexual. Mujeres en otros sectores de la sociedad alzaron su voz, llevando a discusiones públicas sobre el desequilibrio de poder entre los sexos en los lugares de trabajo, la falta de justicia para sobrevivientes de violencia sexual y la manera en que el género de una persona determina la manera en que será tratada en la sociedad china.

Si bien desde el comienzo las autoridades estaban inquietas con el movimiento, los esfuerzo por suprimir el activismo aumentaron este año. Varios influencers nacionalistas y progobierno parecen contar con el vistobueno de las autoridades y han sido alabados por la prensa estatal.

En un espacio de pocas semanas a inicios de este año, influencers con millones de seguidores lanzaron una ola de ataques contra activistas por los derechos de las mujeres en Weibo, una de las principales redes sociales en China. Las acusaron de ser anti-China y de estar respaldadas por fuerzas extranjeras, sin evidencia. Tales acusaciones suelen ser lanzadas contra movimientos de protesta, incluyendo el de Hong Kong que las autoridades de Beijing han estado tratando de suprimir implacablemente.

Para fines de abril, poco menos de una veintena de activistas súbitamente vieron que sus cuentas en las redes sociales habían sido suspendidas temporal o permanentemente. No se sabe por qué en todos los casos, pero una activista, Liang Xiaowen, publicó el mensaje que recibió de Weibo avisándole que su cuenta había “compartido información ilegal y perjudicial”.

Incluso Zhou Xiaoxuan, quien acusó al famoso presentador de televisión Zhu Jun de manosearla cuando ella era pasante y en cierto momento fue elogiada por su valentía, sufrió una campaña de desprestigio y está imposibilitada de publicar en sus cuentas.

En Weibo, usuarios le han mandado mensajes privados diciéndole “vete de China, me da asco vivir en el mismo país que una persona como tú”. Otro la llamó “pedazo de papel de baño” que “los extranjeros usan y después desechan”.

El efecto de todo esto es sacar de la vista pública todo debate sobre acoso sexual, violencia sexual o desigualdad entre géneros en China.

“Hoy en día la situación las redes sociales es que estás totalmente tapada, no tienes manera de expresarte”, indicó Zhou.

Y los ataques no se limitan a la internet. En septiembre, cuando Zhou acudió a tribunales para la audiencia por la demanda civil que presentó contra Zhu, un grupo de transeúntes le gritó y trató de impedirle hablar con la prensa. Los policías en el lugar no hicieron nada.

Esa noche tarde, cuando Zhou salió del tribunal, dice que unos hombres la siguieron en dos carros. Los hombres se quedaron una media hora frente a su conjunto residencial antes de partir.

La ofensiva incluso obligó en agosto al cierre de Hot Pepper Tribe, un grupo poco conocido que ayudaba a trabajadoras migrantes y que trataba de crear conciencia sobre las penurias sufridas por mujeres que trabajan en fábricas, construcción y otros campos de trabajo manual. Había sido presionado por las autoridades, aunque no sabe con certeza por qué fue clausurado.

Aun así, las activistas tienen la esperanza de que el movimiento #YoTambién ha abierto una puerta imposible de cerrar.

“No es tan simple como hallar a unas cuantas blogueras feministas y les cierras sus cuentas”, dice Zhou. “Ser feminista viene de primero descubrir los problemas que enfrentas. Y una vez que eres feminista, es muy difícil echarse atrás. Y la importancia del #YoTambién es que ha inspirado a la amplia comunidad feminista”.

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La corresponsal de Associated Press Caroline Chen contribuyó a esta nota desde Beijing.

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