Mientras China planifica simulacros alrededor de Taiwán, funcionarios estadounidenses temen una estrategia de lento estrangulamiento

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Soldados taiwaneses durante un simulacro de desembarco anfibio en la playa de Pingtung, Taiwán, el 28 de julio de 2022. (Lam Yik Fei/The New York Times)
Soldados taiwaneses durante un simulacro de desembarco anfibio en la playa de Pingtung, Taiwán, el 28 de julio de 2022. (Lam Yik Fei/The New York Times)

WASHINGTON— Por años, la deliberada “ambigüedad estratégica” en la política de Washington hacia China no ha dejado claro cómo respondería Estados Unidos a una invasión anfibia a gran escala a Taiwán.

Pero una pregunta igualmente difícil —quizás incluso más difícil, en la mente de muchos altos funcionarios de defensa y de la Casa Blanca— es cómo responder a un lento estrangulamiento de la isla, en el que las fuerzas chinas restringen gran parte del acceso a ella, física o digitalmente.

Esa pregunta podría ser sometida a prueba por primera vez en 25 años. La declaración de China durante la visita de la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, de que comenzaría ejercicios militares con fuego real en seis locaciones que rodean la isla podría provocar la mayor crisis en el estrecho de Taiwán desde 1996, cuando el presidente Bill Clinton ordenó el despliegue de portaviones estadounidenses en la zona.

Sin embargo, aquellos ejercicios se produjeron significativamente más lejos de las costas de Taiwán que el conjunto que el gobierno chino le ha advertido a los marineros y aviones que planea realizar. Además, tuvo lugar en un entorno estratégico mucho más benigno, cuando se suponía que el ingreso de China a la economía global modificaría su comportamiento y cuando Clinton les aseguraba a los estudiantes chinos que la propagación de internet fomentaría la libertad y la disidencia. En ese momento, además, las fuerzas militares chinas tenían una fracción del poderío armamentístico que poseen en la actualidad, el cual incluye misiles antibuque desarrollados para disuadir a los buques de guerra estadounidenses de acercarse.

Los funcionarios del gobierno de Biden afirman que, según sus evaluaciones, es poco probable que se restrinja en su totalidad el acceso a Taiwán, en gran parte porque eso perjudicaría a la propia economía de China, en un momento en el que está sufriendo una severa ralentización económica. El viernes 29 de julio, el Grupo de los Siete (G7), compuesto por 7 naciones industrializadas que son el núcleo de la alianza occidental, le advirtió a China que no tomara represalias por la visita de Pelosi, en un esfuerzo claro para dejar entrever que China sería ampliamente condenada por reaccionar de forma exagerada, al igual que lo fue Rusia por su invasión a Ucrania.

Sin embargo, los funcionarios estadounidenses afirman que les preocupa que los eventos de los próximos días puedan desencadenar una confrontación involuntaria entre las fuerzas de China y las de Taiwán, especialmente si las fuerzas militares chinas lanzan un misil sobre la isla o si una incursión en el espacio aéreo en disputa conduce a un conflicto en el aire. Algo similar sucedió hace 20 años, cuando un avión militar chino chocó contra un avión de inteligencia estadounidense.

El miércoles 3 de agosto por la mañana, momento en el que comenzaron los ejercicios militares, los funcionarios de la Casa Blanca y el Pentágono ya monitoreaban la situación de cerca e intentaban averiguar si China estaba enviando fuerzas a cada una de las zonas cercanas a la costa de Taiwán que había declarado cerradas. Sin embargo, su evaluación fue que la estrategia de China era intimidar y coaccionar sin desencadenar un conflicto directo.

Sin embargo, a los expertos externos les preocupa más que el ejercicio pueda escalar.

“Este es uno de los escenarios con los que es difícil lidiar”, afirmó Bonny Lin, quien dirigió la oficina de Taiwán en el Pentágono y ocupó otros cargos de defensa antes de trasladarse al Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales en Washington, donde dirige el China Power Project. “Si un ejercicio militar pasa a ser un bloqueo, ¿cuándo queda claro que el ejercicio es ahora un bloqueo? ¿Quién debería ser el primero en responder? ¿Las fuerzas de Taiwán? ¿Estados Unidos? No está claro”.

Un ejercicio que se convierte en bloqueo es uno de los muchos escenarios que se “simulan” en Washington con regularidad, pues los funcionarios estadounidenses intentan esbozar opciones antes de que ocurra una crisis. Sin embargo, no hay nada que realmente pueda replicar una confrontación de la vida real.

Según algunos de sus asesores, Biden deberá intentar transitar por la delicada línea entre evitar plegarse a los chinos y evitar la escalada.

La situación se torna aún más complicada por el continuo debate sobre cómo ayudar a Taiwán a convertirse en un “puercoespín”, es decir, un país con tan buenas defensas que eviten que China pueda invadirlo. A pesar de todo lo que se ha conversado sobre la venta de F-16 a Taiwán —se supone que su flota superará los 200 aviones de combate para 2026—, existe una creciente preocupación de que Taiwán esté comprando el tipo de equipo equivocado para su defensa y que quizás necesita aprender algunas lecciones de Ucrania.

Este debate no es nuevo. Hace dos años, un alto funcionario de defensa, David F. Helvey, advirtió que a medida que aumente la capacidad de China para estrangular la isla, el propio Taiwán podría, “a través de una inversión inteligente, enviarle una señal clara a Pekín de que la sociedad de Taiwán y sus fuerzas armadas están comprometidas con la defensa de Taiwán”. Sin embargo, advirtió que las sumas de dinero que el gobierno de Taiwán estaba comprometiendo para adquirir nuevas tecnologías de defensa no eran suficientes para una defensa sólida.

El resultado ha sido una constante insistencia de Washington en su exhortación a los líderes de Taiwán para que inviertan menos en costosos aviones F-16 y más en lo que Helvey denominó “un gran número de cosas pequeñas”, la fórmula que luego ayudaría a Ucrania a resistir a las fuerzas rusas.

Esa lista incluye misiles de crucero portátiles para defensa costera, minas navales, pequeñas embarcaciones de ataque rápido y artillería móvil.

La presidenta de Taiwán, Tsai Ing-wen, expresó su respaldo a la llamada estrategia “asimétrica” y en los últimos años ha hecho esfuerzos para incrementar el presupuesto de defensa y adquirir muchas de las armas pequeñas y portátiles que los funcionarios estadounidenses han recomendado, como los misiles Harpoon. Pero en ocasiones ha encontrado resistencia por parte de algunos funcionarios militares taiwaneses, quienes alegan que algunos sistemas de armas convencionales siguen siendo necesarios para prepararse para diferentes escenarios. También han argumentado que sin una garantía de seguridad explícita por parte de Estados Unidos, sería demasiado arriesgado para Taiwán renunciar a sus armas letales.

Esa visión ha cambiado un poco en los últimos meses, ya que la guerra en Ucrania ha sacudido a las fuerzas militares de Taiwán y a la población y ha provocado una mayor aceptación de la estrategia “puercoespín”. Sin embargo, esa guerra también ha agotado las existencias y ha abrumado la capacidad de producción de los contratistas de defensa estadounidenses y aliados, lo que significa que Taiwán quizás tenga que esperar varios años. Y ese retraso le da a China una gran oportunidad.

Además, el presupuesto de defensa de Taiwán ronda los 17.000 millones de dólares al año, aunque se ha comprometido a gastar 8000 millones de dólares adicionales en armamento durante los próximos años. En comparación, el Congreso de Estados Unidos recientemente asignó 52.000 millones de dólares en ayuda para Ucrania —que no tiene los flujos de ingresos de Taiwán para pagar su propia defensa— y China gasta alrededor de 230.000 millones de dólares al año en ese respecto.

Algunos también afirman que lo que Taiwán necesita de Estados Unidos no es solo la venta de armamento, sino otras formas de apoyo que van desde tecnología militar hasta intercambios operativos y capacitación.

Por supuesto, defenderse de una invasión se parece muy poco a defenderse de un bloqueo. Ejecutar un bloqueo es aún más difícil.

“Amenazar con un bloqueo y en realidad comenzar a aplicarlo son dos cosas muy diferentes”, aseguró Eric Sayers, exasesor principal del Comando del Pacífico de Estados Unidos y miembro del American Enterprise Institute.

Sayers afirmó que China ha tenido durante mucho tiempo la habilidad de rodear y asediar a Taiwán si decidiera hacerlo, por lo que la capacidad en sí no es una sorpresa.

“A pesar de todas las amenazas que ha hecho Pekín en las últimas semanas, seguiría siendo muy difícil para la Armada del Ejército Popular de Liberación, además de costoso para la economía de China, mantener un bloqueo durante un periodo prolongado”, agregó Sayers. “Lo que perjudica a la economía de Taipéi tiene un efecto similar en Pekín”.

Sayers continuó: “Lo más significativo de la respuesta de China es que nos está proporcionando una vista previa de cómo la Armada del Ejército Popular de Liberación podría desplegar en el futuro un bloqueo indirecto contra Taiwán para aumentar la presión cerca de algún proceso electoral u otra crisis política”.

“En lugar de anunciar un bloqueo militar, podrían anunciar un ejercicio militar extendido alrededor de Taiwán que cierre o interrumpa las rutas de distribución durante 30, 60, 90 días. Esto hace que sea menos una operación militar y más una forma de guerra legal para justificar un bloqueo indirecto por una duración que Pekín pueda manipular”.

© 2022 The New York Times Company

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