Chile: el extraño caso del hombre que estuvo internado 291 días con Covid-19

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Imagen de una salas de terapia intensiva para pacientes con Covid-19
Anibal Greco

En medio de los casos de Covid-19 persistentes que se reportan tanto en el país como en el mundo, pacientes que dan positivo de coronavirus y permanecen con síntomas por meses, incluso tras ser dados de alta, la historia de un hombre en Chile llama la atención: por la duración y la gravedad.

José Miguel Torres tiene 61 años y hoy está en su casa de San Joaquín, sur de Santiago, pero antes pasó más de nueve meses internado en la Clínica Vespucio, cuatro meses sedado, conectado a un respirador, y otros cinco en recuperación. Todos esos meses se le notan en el cuerpo: no camina bien solo, debe recuperar su masa muscular, no habla fuerte porque tiene una herida en su garganta debido a la traqueotomía que debieron practicarle y respira lento, con pausas, porque sus pulmones siguen débiles.

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Torres es pintor y albañil y una de las pocas personas que estuvo en una cama de hospital por 291 días. En una entrevista con el diario La Tercera, el hombre habló de su experiencia y dijo: “Como toda persona sana, con una vida normal, uno se siente inmortal. Yo sentía que nunca me podría pasar nada”.

No recuerda cómo fue que se contagió. Si piensa en la cadena de contactos no encuentra el origen. Sí sabe que al comenzar los contagios dejó de ir a trabajar en transporte público, comenzó a cuidarse más, y que un día de mayo pasado, tras comer un pote de ceviche que compró en una feria, empezó a sentir dolores estomacales. Días después arrancó la fiebre y el 10 de mayo su hermano lo llevó a un centro médico para que lo atiendan. Allí perdió el conocimiento y no despertó hasta cuatro meses después.

El 12 de mayo llegó a la clínica Vespusio. Lo atendió el médico Juan Carlos Melgarejo, quien asegura sobre su caso: “Llegó con un 60% de probabilidades de morir, pese a todas las intervenciones médicas que le habían hecho antes de ingresar. Es uno de los pacientes más graves que hemos recibido”.

“José Miguel tuvo todas las complicaciones de un paciente crítico grave. Pese a que el Covid estuvo las primeras dos semanas, fue tan intenso que lo dejó con muchas secuelas. Fue desarrollando varios cuadros infecciosos y había que cambiarle los remedios y esperar a que respondiera a esos tratamientos”, agrega el médico.

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Torres estuvo mucho más de dos semanas con respirador por una falla respiratoria y además sufrió una falla cardíaca, un shock séptico y una falla renal que lo hizo requerir de diálisis. “Me llamaron en tres ocasiones para decirme que se iba a morir. Esas llamadas fueron del terror. No tenías nada que hacer. Pero al otro día volvía a estar estable de nuevo”, recuerda su hija, Andrea.

“Si los casos que se demoraban tres meses en recuperarse nos causaban alguna frustración, el de José Miguel era eso intensificado por 10. Era la frustración de no poder hacer que pudiera volver a retomar su vida normal”, afirma Melgarejo. Su paciente empezó a mostrar señales de mejora en septiembre, mes en que iniciaron el proceso para sacarlo de la sedación.

Pero para Torres el recuerdo no es claro. Intenta visibilizarlo pero no puede, sabe que fue a mitad de ese mes, de septiembre, pero poco más. “Después de escuchar varias voces de lejos, sentí que alguien me apretaba la mano. Era la mano de mi hija, que me decía que estaba ahí conmigo. Eso, para mí, fue volver a la vida”, dice.

Entonces fue el inicio de otra etapa. Tuvo que tratar sus secuelas y trabajar en su recuperación. Aunque ya no estaba con ventilador, seguía intubado; de hecho, permaneció traqueotomizado hasta apenas unas semanas antes de abandonar la clínica, unas semanas atrás. El alta la recibió el 28 de febrero.

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“Me encontré con muchísimas llamadas, también, más de 100 mensajes de compañeros y personas que jamás pensé que me irían a escribir. Recibí la llamada de un amigo con quien no había hablado hace 20 años, que incluso contactó a mi hija”, cuenta sobre su vuelta a la casa, que además de emocionante fue triste porque debió afrontar otra mala noticia: durante el tiempo de su internación, falleció su padre.

Por delante es mucho el trabajo que tiene. Los médicos auguran que su recuperación total llevará un año más. Para agilizar el proceso, todas las semanas lo visitan y tratan seis profesionales. Él, por su parte, ante el nuevo aumento de casos de coronavirus en Chile, solo piensa en cuidarse: “Mis defensas no son las mismas, mi condición física tampoco. Hoy me siento más vulnerable, porque si me vuelvo a enfermar, no la cuento dos veces”.