El chavismo entierra las expectativas de una transición pactada

Daniel Lozano

CARACAS.- "Toda mi vida se la dedicaré a la felicidad de mi pueblo". Nicolás Maduro celebró el primer aniversario de su victoria electoral festejando uno de los peores años de la historia en Venezuela y adelantando cómo piensa prolongar semejante "felicidad". Todo ello cuando solo habían transcurrido 48 horas de la partida de los viceministros del Grupo de Contacto de la Unión Europea y con el recuerdo cercano del primer encuentro mediador en Oslo.

Si los facilitadores del proceso de diálogo ya estaban perplejos tras sus reuniones con el "presidente del pueblo", mucho más lo estarán ahora tras escucharlo: "Le hago una propuesta a todas las oposiciones, vamos a medirnos electoralmente y vamos a hacer elecciones adelantadas de la Asamblea Nacional (AN) para ver quién tiene el pueblo y los votos".

Comicios para el Parlamento, pero ni hablar de las elecciones presidenciales, demandadas por la oposición, por el Grupo de Lima, la Unión Europea, Estados Unidos y Canadá. Unas elecciones tabú para el chavismo porque están perdidas de antemano: las encuestas muestran de forma reiterada desde febrero que Guaidó aventaja en más de 40% a Maduro.

Todo un déjà vu venezolano, que recuerda estrepitosos fracasos negociadores, como el de 2016 con el Vaticano como mediador y el de 2018, con el expresidente del gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero como gran protagonista. Precisamente ayer, la Audiencia Nacional ordenó la detención del hijo del exembajador español en Caracas, acusado de cobrar mordidas del chavismo para su padre.

La revolución quiere imponer su hoja de ruta para apuntalar a Maduro en el Palacio de Miraflores, tras el primer lavado de imagen alcanzado con las reuniones en Oslo y Caracas. Para ello cuenta con el amparo de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC), órgano revolucionario impuesto a la fuerza para arrebatar sus funciones al Parlamento democrático.

Fue Diosdado Cabello, número dos de la revolución, quien dio el aviso, de alto contenido bolivariano: "La soberanísima y plenipotenciaria ANC ha decidido continuar sesionando y en funciones al menos hasta el 31 de diciembre de 2020".

La oposición se enfrenta así a un doble exabrupto constitucional. Por una parte, el Parlamento democrático vive hoy el cuarto año de los cinco que marca la Carta Magna, un período fijo que no se puede recortar. Por otra, la ANC está a punto de cumplir dos años de sesiones, pero nada se sabe, ni siquiera un artículo, de su cometido exclusivo, redactar una nueva Constitución. La ANC, desconocida por la mayoría de los países, fue convocada sin referéndum previo, con unas bases ilegales y con un proceso fraudulento en las urnas: se introdujeron al menos un millón de votos inexistentes, según la empresa encargada del recuento electrónico.

"A muchos no les gusta decirlo por modestia, pero esta ANC está por encima de esta Constitución. Y es allí donde nosotros asumimos las facultades de control político para dar funcionamiento del Estado. La AN no da muestras de querer salir del desacato, siguen entrampados allí. Y nosotros haciendo la tarea y remendando la plana a la derecha reaccionaria, vagos y holgazanes que no quieren trabajar", aleccionó desde la tribuna revolucionaria el antiguo militar Pedro Carreño, mano derecha de Cabello y el encargado de avanzar los temas claves para su jefe político.

Una comisión decidirá, según sea el interés del momento, si las elecciones para la AN se celebran este año o el que viene. Incluso su aparato de propaganda ya repite el título elegido para el nuevo asalto al poder: el cierre del ciclo electoral por la paz.

El Centro de Comunicación Nacional de la presidencia encargada respondió en primera instancia a Maduro, rechazando de plano su propuesta y recordándole que "su dictadura y el Consejo Nacional Electoral" ya trastocaron los resultados de las parlamentarias de 2015, al destituir a los tres diputados ganadores de Amazonas.

La decisión presidencial coincide precisamente con la última andanada revolucionaria contra el Parlamento democrático, que busca su desmantelamiento paulatino. Hasta ahora son tres los diputados encarcelados, 16 exiliados, 8 escondidos, 19 sin inmunidad, 8 refugiados en embajadas, 3 desincorporados y 2 con medidas cautelares. Para hoy hay convocado pleno, con las mismas incógnitas de los últimos tiempos: si las fuerzas militares permitirán su celebración y si alcanzarán el quorum necesario para sesionar.

Almagro habló de la crisis democrática en Venezuela

Los empresarios del Consejo Interamericano de Comercio y Producción (Cicyp) recibieron ayer en Buenos Aires a Luis Almagro, secretario general de la Organización de los Estados Americanos (OEA). Ante más de 200 empresarios, Almagro habló sobre el contexto de la región y puntualmente, sobre Venezuela.

"Nuestro continente tiene países con problemas institucionales. (...) Crisis políticas por el deterioro de la democracia, y Venezuela es el ejemplo más extremo de eso", sostuvo. "Venezuela nos muestra cómo la disfuncionalidad del Estado, cómo un sistema sin contrapesos, cómo un sistema donde no están representados los intereses de la sociedad, pueden afectar todas las variables del país, incluidas las necesidades más básicas.

Aquellos derechos económicos sociales, que a veces se traducen simplemente en la necesidad de comida, de medicina", continuó Almagro. Luego habló de la conflictiva relación entre el Estado y el sector privado en la región, y dijo que era importante fortalecer el papel de la empresa en el desarrollo integral de la sociedad en la región.