Charly García cumple 69 años: un viaje, década por década, por sus grandes canciones

Manuela Parajuá
·13  min de lectura
apertura gif
Fuente: LA NACION
Charly García
Fuente: Archivo - Crédito: Rodrigo Néspolo

Charly García cumple este viernes 69 años, así que damas y caballeros: "Bienvenidos al tren" (Confesiones de invierno, Sui Géneris, 1973). Tomen sus cassettes, sus CD y sus vinilos y prepárense para este viaje a través del tiempo. Primera advertencia: las melodías y sensibilidad de las canciones pueden tentarlo a relajarse en su asiento más cómodo, pero no lo haga. Esta música se escucha (y se ve) estando alerta. Mire la ventana y contemple cada sonido porque pronostican lluvia de pianos, censuras, un sinfín de polémicas, cientos de misiles apuntando directo contra usted, y -por qué no- el clavado más famoso de la historia argentina.

Segunda advertencia: el protagonista puede faltar a su propio homenaje. Siempre lo caracterizó la rebeldía y, si bien en la invitación dice que "pueden venir cuantos quieran, que serán tratados bien", más adelante se sinceró y reconoció que él "no va en tren, sino en avión" porque "no necesita a nadie alrededor" ("No voy en tren", Parte de la religión, 1987).

Primera estación: 1951-1960

En este primer tramo del viaje suena "Corazón de hormigón", la primera canción que escribió Carlos Alberto García Lange. Lo hizo en 1960, cuando -a sus 9 años- se peleó con su madre Carmen Moreno. "El corazón es blando / El corazón perdona / Pero tu corazón, parece de hormigón". Sin embargo, recién se popularizó en 2010 con el álbum Kill Gil y la colaboración de Palito Ortega: su gran salvador.

"Carlitos" -como le decían- nació el 23 de octubre de 1951 y, desde ese entonces, su vida está regida por acordes. El primer sonido que recuerda provino de una pequeña caja musical con forma de piano que reproducía "Torna a Sorrento". Al notar su capacidad para tocar esa melodía intuitivamente, a los 4 años sus padres lo llevaron a estudiar con Julieta Sandoval.

En su infancia, mientras él jugaba con "Los dinosaurios" (Clics modernos, 1983) que hacía con plastilina en aquel petit hotel del barrio de Caballito en el que vivía, ya se sabían cuáles eran sus superpoderes: su habilidad para el piano, lo que le permitió hacer sus primeros espectáculos en el Conservatorio Thibaud Piazzini y lo convirtió en un concertista clásico a los 12 años; y su oído absoluto, un don que descubrieron cuando él tenía 5 años y le advirtió al guitarrista Eduardo Falú que tenía desafinada la quinta cuerda. Esta es una característica que comparte con Freddie Mercury, Michael Jackson, Mozart, Beethoven... "Correte Beethoven" (Say no more, 1996), le dirán algunos años más tarde y él se igualará con el alemán, a quien define como "el primer heavy metal".

siete décadas de Charly García
Fuente: LA NACION - Crédito: matias vignau

Pero más allá de la genialidad, otro elemento que marcó su niñez fue la tristeza. Sus padres hicieron un extenso viaje a Europa y él quedó al cuidado de su abuela materna y un ejército de niñeras y mucamas. Esta distancia se tradujo en un problema de pigmentación en la piel (vitíligo) que lo convertiría en el rockero del bigote bicolor. "Nunca me perdonó ese viaje", contó Moreno a la Rolling Stone. De todos modos, dicen que él nunca se quejó de aquella peculiaridad y, frente al espejo, se dijo: "Loco, bancate ese defecto".

A fines de esa década, su familia tuvo un duro golpe económico y perdió la casa, otras propiedades y la fábrica de muebles de fórmica que conducía. Por eso, ante las dificultades financieras que atravesaban los negocios de su padre, Carlos Jaime García Lange, su madre decidió empezar a trabajar, y lo hizo como productora en programas de música. Así fue que Charly se crió entre artistas, para quienes tocaba el piano con los ojos cerrados o de espaldas.

Segunda estación: 1961-1970

Charly formó su primera banda en su casa, donde armaba instrumentos caseros y tocaba junto a sus hermanos. De todos modos, fue en el Instituto Social Militar Dr. Dámaso Centeno, al que ingresó a los 13 años, donde comenzó a tocar la guitarra eléctrica y se avocó al rock: una decisión que generó el lamento de sus padres.

En ese colegio de reglas y mandatos rígidos formó To Walk Spanish, conjunto con el que hacía covers de The Beatles y los Rolling Stones, los dos grupos que más influenciaron su camino hacia la música popular. Allí también conoció a Nito Mestre con quien, en 1969, formaría Sui Generis y eternizaría aquellas lecciones que aprendieron en su adolescencia; por eso, en esta estación suena "Aprendizaje", que se publicará en el álbum Confesiones de invierno (1973). "Aprendí a ser formal y cortés / Cortándome el pelo una vez por mes".

Charly García
Fuente: Archivo - Crédito: Ignacio Coló

Según le contó García a Felipe Pigna, quienes egresaban de esa institución se convertían en "terroristas o militares" porque pasaban directamente a la Escuela Militar. "Yo nunca terminé, me falta una materia: química. Nunca la entendí", le confesó. Su papá era ingeniero y se desempeñó como profesor de física y química.

Esta década termina con el fin de la dictadura de Juan Carlos Onganía (1966-1970), y en los 80 Charly cantará: "Ya no hay morsas ni tortugas / Un río de cabezas aplastadas por el mismo pie / juegan cricket bajo la luna / Estamos en la tierra de nadie, pero es mía / Los inocentes son los culpables, dice su señoría, el Rey de espadas" ("Canción de Alicia en el país", Bicicleta, Serú Girán, 1980). Esquivando censuras, las metáforas se convirtieron en otro de los superpoderes de Charly, que debía apelar a la poesía para militar sus ideales y convertirse en el héroe de la clase trabajadora; como reza la canción de uno de sus ídolos, John Lennon ("Working Class Hero", 1970).

Tercera estación: 1971-1980

En 1971, Charly debió calzarse las "Botas locas" (Pequeñas anécdotas sobre las instituciones, 1974) y entrar a la colimba. Sin embargo, fingió que tenía un soplo en el corazón para quedar internado en el Hospital Militar y no ir a Campo de Mayo. Su madre le daba unas pastillas para que no levantara sospechas, pero un día tomó más de las que debía y, por el efecto, se puso a correr en la terraza del lugar. Una vez que se calmó, fue a su habitación y escribió "Canción para mi muerte": el tema que abre Vida (1972), el primer disco de Sui Generis. Es el que suena en esta tercera etapa del recorrido. Paradójicamente, el grupo debió sortear muchos obstáculos para poder seducir a las discográficas y lanzar este álbum.

En 1974, el dúo se expandió e incorporó a León Gieco y Raúl Porchetto, con quienes formaron el efímero grupo PorSuiGieco y, dos años más tarde, sacaron un disco (que llevó el nombre de la banda) donde se escucha la voz de María Rosa Yorio en "Quiero ver, quiero ser, quiero entrar", ¿un adelanto de "Seminare" (Serú Giran, 1978)?

Yorio fue el primer gran amor de Charly y es la madre de su único hijo, Miguel. Pese a esto, ella luego estuvo en pareja con Nito Mestre, aunque para ese entonces el dúo ya se había disuelto tras los históricos shows de "Adiós Sui Géneris", del 5 de noviembre de 1975 en el Luna Park. El año pasado, ella sacó el libro "Asesínenme. Rock y feminismo en los años 70", donde relató cómo vivió ambos romances y reveló que se hizo dos abortos durante su relación con García. "Cumplía con todas las funciones de esposo. Yo era su mujer oficial y las demás estaban en la oscuridad. Él estuvo en el parto de Miguel (1977) y cortó el cordón umbilical; y también me acompañó a las dos interrupciones", dijo en una entrevista con LA NACION.

Charly García
Fuente: Archivo - Crédito: Alfredo Sanchez

Un año más tarde de la separación de Sui Generis, y en pleno surgimiento de la dictadura militar argentina, el hombre del bigote bicolor formó La maquina de hacer pájaros, que generó canciones del calibre de "Cómo mata el viento norte". El último show que dieron fue el 11 de noviembre de 1977 en el Festival del Amor que se hizo en el Luna Park. En ese momento, Charly convenció al guitarrista David Lebón de unirse a él y, de ese deseo brotó Serú Girán, que nació en Brasil (la patria de Zuca, la pareja de aquel entonces de García) junto al baterista Oscar Moro y al bajista Pedro Aznar.

Uno de los desafíos más grandes de esta banda fueron las comparaciones. Cuando volvieron a la Argentina hicieron un show para presentarse, pero el público y la crítica rechazaron la propuesta tildándola de "lo peor que le pasó a la historia de la música nacional", según recordó el pianista en la biografía que hizo Nat Geo sobre él. Los seguidores de García esperaban escuchar las canciones de Sui Generis y no terminaron de abrirse a esta propuesta que estaba desentonada respecto de lo que se vivía en el país. El siguiente álbum fue La grasa de las capitales, el disco que -con temas como "Viernes 3 AM"- marcó el éxito del conjunto.

Además, se rivalizó el rock reduciéndolo a la dicotomía Boca-River. En una de sus tapas, la revista Hurra enfrentó a Charly con Luis Alberto Spinetta; asociando al primero con el espíritu popular de Boca y a "El Flaco" con lo sofisticado del club de Núñez. Esta falsa pelea, fogoneada desde afuera, derivó en una serie de tres shows en el Estadio Obras (1980) donde los dos máximos protagonistas de la historia del rock (con Spinetta Jade y Serú Girán) compartieron escenario y derivaron los mitos.

Cuarta estación: 1981-1990

"Mama la libertad, siempre la llevarás / Dentro del corazón / Te puede corromper, te puedes olvidar / Pero ella siempre está". El tren llega a la cuarta estación y allí se escucha "Inconsciente colectivo" (Pubis angelical / Yendo de la cama al living, 1982), una de las canciones más significativas de la carrera de Charly García. Una de las versiones más emblemáticas de este tema es el que hizo, en Brasil, junto a Mercedes Sosa y Milton Nascimento para el álbum Mercedes Sosa 83. La grabación se suspendió cuando murió el padre de Charly, por lo que volvió a la Argentina unos días. Tres años más tarde, su hermano Enrique falleció en un accidente.

A mediados de 1981, Serú Girán lanzó Peperina sin saber que -tres meses después- se separarían por el viaje de Pedro Aznar a Estados Unidos. Ya alejado de la mítica banda, en 1982 Charly dio inicio a su carrera como solista con Pubis angelical / Yendo de la cama al living y se consolidó como el primer rockero en hacer un show en un estadio de fútbol. A seis meses del final de la Guerra de Malvinas, García protagonizó un concierto en Ferro que quedó en la historia, entre otras cosas, porque Renata Schussheim creó una escenografía que mostraba como unos proyectiles destruían una ciudad al ritmo de "No bombardeen Buenos Aires".

Charly García 1985
Fuente: Archivo

Como en la etapa anterior, en su camino solista Charly estuvo acompañado de grandes músicos: el primer año se sumó Andrés Calamaro como tecladista y, en 1983, este fue reemplazado por Fito Páez. Así, se sucedieron grandes éxitos como Clics Modernos (disco que grabó en Nueva York) o Piano Bar, donde aparecen canciones como "Demoliendo hoteles": un guiño a su propia historia. Durante esta década, comienza la debacle del genio de la música, quien quedó detenido en 1987 por bajarse los pantalones y mostrar los genitales en un show.

El último hito de este periodo se da en 1990 cuando hizo su versión rockera del Himno Nacional Argentino, y lo inmortalizó en el álbum Filosofía barata y zapatos de goma.

Quinta estación: 1991-2000

Charly comenzó esta etapa internado por sus adicciones, en la que fue la primera de muchas intervenciones médicas para sanar esta enfermedad. De esta manera, los 90 se potenciaron como su era más agresiva: destruyó todo tipo de instrumentos, se enfrentó con la prensa y los fans, se agarró a las piñas con su guitarrista Carlos "El Negro" García López sobre un escenario de Villa Gesell y dejó colgados a sus seguidores show tras show.

También se cruzó con Nito Mestre, luego de que su excompañero de banda lanzara el disco Canta a Sui Generis (1993). Para Mestre, García terminó de descarrilar durante la grabación del álbum Say no more (1996), uno de los discos favoritos de Charly. Allí le pide a la gente que se calle y escuche porque, para él, su arte es de vanguardia y eso lo convirtió en un incomprendido, de esos a los que solo el tiempo sabe valorar. "Yo sé que soy imbancable / Yo sé que te hice reír / Yo sé soy insoportable / Pero alguien en el mundo piensa en mi" ("Alguien en el mundo piensa en mí").

Era tal el deseo de Charly por que reconozcan que él era un distinto que, en marzo de 2000, se tiró a una pileta desde el noveno piso de un hotel de Mendoza, luego de que un policía le dijera que era "un ciudadano más, una persona común y corriente". Por eso, la quinta estación del tren se escucha desde un "Noveno 'B'" y grita: "Me tiré por vos" (Sinfonías para adolescentes, 2000); ambos temas de la vuelta de Sui Generis.

Sexta estación: 2001-2010

Con una salud cada vez más deteriorada y una catarata de juicios en su contra, en esta etapa comenzó su sanación y, para ello, contó con una red de contención de la que formó parte su novia Mercedes "Mecha" Iñigo, también conocida como "La talibana", con quien se lleva 36 años. De todos modos, el gran salvador es Palito Ortega, que lo adoptó como a un hermano y lo acogió en su casa de Luján para que pudiera rehabilitarse.

Allí, en 2005, Charly comenzó a trabajar en Kill Gil, un proyecto basado en la película Kill Bill, que lo cautivó por la trama vengativa. Esta era también una pieza visual y, finalmente, salió en 2010, siendo este álbum el más polémico de su carrera por los conflictos legales que tuvo. Allí García, que prefiere ser fan antes que ídolo, homenajeó a John Lennon con un cover de "Watching the Wheels". Esta es la primera vez de todo el recorrido que la estación en la que frena el tren se canta en inglés; quizás como una manera de destacar que García haya conectado nuevamente con sus influencias.

Charly García
Fuente: Archivo - Crédito: Miguel Acevedo Riu

De todos modos, este disco no tuvo tanto éxito y los momentos más destacados de este período son la muerte de Oscar Moro, en 2006, el fuerte rumor de que Charly había muerto en 2008 y el show que dio, al año siguiente, frente a la Basílica de Luján, con el clan Ortega como promotor y testigo. De ahí en adelante, García volvió a los escenarios y cerró la década con un show en Vélez (el hoy mítico Concierto subacuático).

Séptima estación: 2011-2020

"Pedimos perdón / Corriendo, enmascarando el fin / Por eso te busqué, por eso diseñé la máquina de ser feliz" (La maquina de ser feliz, Random, 2017). La última estación suena a reflexión. Acá Charly ya no se pelea, sino que reconoce que "un día se le fue" y que "la felicidad no existe en soledad". Además, vuelve a la industria al protagonizar un concierto en el Teatro Colón (2013), llevarse 6 premios Gardel por el disco Random (en la ceremonia de 2018) y cerrar esos diez años con un último show en el Luna Park (2019).

Ya sin galera, ni ropa pintada, sino con blazer y rulos, este "freak" -como el mismo se describe- tiene en el final de este trayecto otra sabiduría, que lo lleva incluso a aconsejar a Diego Maradona: dos ídolos populares contemporáneos, atravesados por el mismo sufrimiento. "Sos un genio y todos te aman", le escribió en una carta, siendo -tal vez- este el mensaje que le hubiera gustado recibir a él.

A lo lejos, se ve la siguiente estación (2021-2030), y algunos en el tren sueñan con una posible colaboración de Charly en el próximo disco de David Lebón y con otro show de este genio del rock argentino.