Cerveza hecha con pan o ropa de naranja y leche: imaginación para impulsar la economía circular

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Las más de 100.000 millones de toneladas de residuos que se generan cada año inciden en el incremento de 1 º en la temperatura, indica Cicle Economy. Foto: Getty Images.
Las más de 100.000 millones de toneladas de residuos que se generan cada año inciden en el incremento de 1 º en la temperatura, indica Cicle Economy. Foto: Getty Images.

De usar y botar a restaurar, regenerar y reutilizar. Esta es la base sobre la cual se viene soportando la expansión de la economía circular en el mundo para mejorar la eficiencia en el uso de los recursos en nuestras actividades productivas, extractivas y de consumo. Los avances, en todo caso, aún son lentos: de acuerdo con la organización Circle Economy en su informe The Circularity Gap 2020, en la actualidad solo el 8.6 % de la economía mundial es circular, cuando hace dos años era del 9.1 %. 

Tres de las razones que esta organización aduce son las altas tasas de extracción; la acumulación de existencias en curso y los niveles crecientes (pero aún bajos) de procesamiento y ciclo de fin de uso. Más de 100 mil millones de toneladas de los materiales ingresan a la economía global cada año, una cifra nunca antes vista en el planeta; de estas, solo 8.600 millones de toneladas están siendo reutilizadas, aun cuando en años recientes esta última cifra viene aumentando y se calcula que en 2021 se alcancen las 9.000 millones de toneladas.

En este panorama se ven casos de reutilización de residuos y desperdicios que invitan a creer que estas estadísticas seguirán incrementándose. Algunos de ellos, curiosos y quizás exóticos, dan cuenta de que a veces con creatividad y recursividad, el usar, restaurar y reutilizar es posible. 

Aquí presentamos algunos casos vigentes en la actualidad. 

1. Recuperan dispositivos móviles averiados y los revenden

Hay más celulares que personas en el planeta. La Organización de Telecomunicaciones de Iberoamérica (OTI) calcula que hay más de 7.700 millones de dispositivos, y muchos de ellos aportan para las más de 50 millones de toneladas anuales de desperdicios tecnológicos que se generan en el mundo, de acuerdo con la ONU. Sin embargo, en países como México solo se recicla el 2.4 %, dice la Asociación Nacional de Telecomunicaciones. 

Eso ha hecho que hayan surgido empresas que se preocupan por su recuperación y reutilización. La startup chilena Rephone se ha enfocado en el reacondicionamiento de dispositivos celulares averiados por batería, encendido u otras causas, para evitar que estos sean tirados a la basura y, en cambio, regresen al mercado en condiciones óptimas para su reuso.

"Reutilizamos los equipos en vez de desecharlos. Por cada celular nuevo que se produce se emiten en promedio 80 kilos de CO2. Un celular reacondicionado, en cambio, solo emite un 8 kilos", explica la empresa en su sitio web. 

2. Los excedentes de comida ya no son un desperdicio

El Banco Interamericano de Desarrollo reporta que cada año se pierden en Latinoamérica más de 127 millones de toneladas de alimentos. Uno de los aportes más grandes lo representa el consumo en hoteles, restaurantes y los hogares, en el cual el desperdicio es cercano al 28 %.

Para reducir esos márgenes, y como un modelo de negocio que viene creciendo, han surgido plataformas tecnológicas que le han aportado a la reventa de excedentes que generan dichos establecimientos con unos precios inferiores a los que originalmente se les habían establecido en su oferta. 

Algunas de las aplicaciones o entidades más conocidas son LastFood, Too Good to Go o Fair Meals. Estas les permiten a restaurantes, hoteles y otros establecimientos ofertar esos excedentes de comida diaria –siguiendo estrictos controles de calidad para vender alimentos en condiciones óptimas de higiene y sanidad–, ayudando a mitigar los desperdicios y a recircular sus preparaciones generando nuevos ingresos a los comerciantes.

3. Reventa y alquiler de ropa usada

La industria textil es una de las que mayor aporte tiene en el impacto al medio ambiente. Solo la elaboración de un pantalón en jean consume cerca de 7.500 litros de agua y cada año se tiran al mar medio millón de toneladas de microfibra, lo que equivale a 3 millones de barriles de petróleo, denuncia la ONU. 

Una de las alternativas de solución que han surgido en la industria es la reutilización de prendas de vestir, revendiéndola después de ser usada o compartiéndola. Existen muchas empresas que permiten su compra. Hay aplicaciones como eBay, Mercado Libre o Amazon, pero existen otras más especializadas como GoTrendier o Segunda Mano, que operan en determinados países. 

También han sido creadas plataformas en las que se puede alquilar la ropa de acuerdo con la ocasión de uso. Urban Outfitters lanzó Nuuly, un servicio de suscripción en EE.UU. en el que con un pago mensual el usuario puede escoger hasta seis combinaciones de prendas de un catálogo de marcas con más de mil opciones. 

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4. Cerveza a partir de restos de pan

En la misma onda de reducir el desperdicio de alimentos, la startup británica Toast Ale ha creado unas cervezas hechas con excedentes de pan con las cuales reemplazan la cebada virgen, reduciendo así la utilización de tierra (171 mil metros cuadrados menos), agua (252 mil litros menos) y energía, y evitando la emisión de hasta 42 toneladas de emisiones de carbono.

Por ahora sus envíos solo están disponibles en el Reino Unido, pero la idea podría ser replicable en otros ámbitos para promover la reutilización de los excedentes de alimentos. 

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5. Ropas hechas a partir de los desechos de las naranjas y la leche

En la industria textil se han visto casos en que las prendas son elaboradas a partir de residuos de plástico, pero recientemente algunas empresas han innovado hasta el punto de que la italiana Orange Fiber patentó el uso de las fibras de zumos de cítricos para hacer ropa sostenible. Esta innovación fue reconocida en 2019 por H&M, que incluyó sus productos en una de sus colecciones, en la cual únicamente se utilizaron materiales reciclados y sostenibles. 

"Nuestras telas están formadas por un hilo de celulosa similar a la seda que puede mezclarse con otros materiales. Cuando se usa en su forma más pura, el tejido 100% cítrico resultante presenta un tacto suave y sedoso, liviano y puede ser opaco o brillante según las necesidades de producción", señala Orange Fiber en su sitio web.

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También en Italia, otra compañía también se ha fijado en el uso de las fibras provenientes de residuos orgánicos para permitirle a la industria textilera mitigar su impacto medioambiental. 

Due di Latte produce hilos y tejidos sostenibles a base de aminoácidos clásicos derivados de la caseína de la leche y otras materias primas naturales. En su país, asegura la empresa, se desperdician alrededor de 30 millones de toneladas de leche, por tanto su objetivo era reutilizar ese excedente "a través de un proceso de fabricación que casa los principios de economía circular y sostenibilidad ambiental, con actividades productivas de muy bajo impacto y que potencian los recursos de nuestro territorio sin explotarlo".

La economía circular en acción. 

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