Cerezas dulces, política amarga: dos puestos agrícolas y las divisiones del país

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ELK RAPIDS, Míchigan — Los dos puestos agrícolas se encuentran a solo 19 kilómetros de distancia uno del otro sobre la Ruta 31, una carretera recta y plana que atraviesa un bucólico país de las maravillas de huertos de cerezas y lagos cristalinos en el noroeste de Míchigan.

Sin embargo, cuando uno de los puestos instituyó la norma de “sin cubrebocas no hay servicio” el pasado mes de julio y el otro acudió a los tribunales para combatir el mandato del uso de cubrebocas del estado, pusieron en marcha una división que todavía se extiende por el condado de Antrim.

Linda McDonnell, una jubilada que empezó a veranear en la zona hace 20 años, solía pasar por el puesto de la granja Friske con regularidad para consentirse con unas donas. Le encantaba verlas salir calientitas de la cocina, con la textura suave de la masa del centro y la cubierta crujiente. Entonces, Friske se unió a la protesta en contra del uso de cubrebocas.

“Dios mío, las echo de menos, pero no iré allí por la política”, dijo McDonnell, de 69 años, quien trabajó como maestra de escuela. “No tendrán mi dinero”.

Desde el otro bando, Randy Bishop mira el puesto de la granja King Orchards con un rencor similar.

Este hombre de barba blanca, al que a veces llaman el Rush Limbaugh del Condado de Antrim, abandonó el transporte de mercancía a larga distancia durante la recesión de 2009 y en la actualidad conduce un programa de radio. Boicoteará al mercado de la granja King para siempre, dijo, “junto con otros empresarios progresistas y comunistas de este condado”.

Las diferencias que siempre se habían estado cocinando a fuego lento bajo la superficie se encendieron con la pandemia de coronavirus y empujaron a mucha gente en lugares como el condado de Antrim a sus esquinas tribales. Ahora, la ira que fluye como lava candente causada por las elecciones presidenciales y las medidas de mitigación del coronavirus se está convirtiendo en divisiones sólidas y persistentes sobre actividades tan mundanas como dónde se compra la fruta.

“Las divisiones políticas se han afincado en otras partes de la vida de la gente mucho más que antes”, afirmó Larry Peck, de 68 años, ejecutivo jubilado de una empresa petrolera. “Elegir a dónde vas, dónde compras, todas las cosas con las que interactúas en tu vida que antes no tenían que ver con la política, ahora sí están muy relacionadas con ella”.

El condado de Antrim, de 23.324 habitantes, es conocido por su cadena de 14 lagos largos y estrechos, a veces de color turquesa, que desembocan en el lago Míchigan. La abundancia de agua atempera el clima y, en combinación con las colinas bajas en forma de habano, crea las condiciones ideales para cultivar fruta.

Las cerezas, en particular, dominan el paisaje. Cerezas dulces. Cerezas ácidas. Se les ve por todas partes, desde el Cherry Tree Inn hasta Cherry Suites Assisted Living. Están presentes en todos los menús y en las tartas, por supuesto. Aquí puedes encontrar burritos de cereza y pollo. En los carteles al lado de la carretera, se puede leer en letras negras: “¡Hoy ponle la cereza al pastel!”.

Friske y King son dos de los puestos agrícolas más populares: ambos son estructuras bajas, rojas y de madera con forma de granero y ribetes blancos. El de Friske dice: “No somos el típico puesto de frutas”, cuenta con el Orchard Cafe, una panadería y una tienda repleta de curiosidades, así como todo lo necesario para hacer tartas. King tiene un toque más casero, con manzanas exhibidas en cestas de madera; además, anima a los clientes a ir en persona a recoger la fruta de los huertos.

El verano pasado, la familia Friske demandó a la gobernadora Gretchen Whitmer con el argumento de que el uso de cubrebocas debió seguir siendo una elección personal.

Cuando la Corte Suprema del estado anuló en octubre una serie de órdenes ejecutivas de la gobernadora relacionadas con la COVID-19, anuló en la práctica su mandato de uso de cubrebocas, con lo que la demanda quedó sin efecto. El Departamento de Salud de Míchigan emitió una directiva sobre el uso de cubrebocas, que el puesto de la granja Friske impugnó hasta que el estado amenazó con revocar su licencia comercial.

Los Friske recurrieron a Facebook para explicar su postura en videos que les granjearon tanto seguidores fervientes como críticos acérrimos. Un periódico de la zona que cubría el conflicto sacó a relucir el pasado político ultraconservador de Richard Friske, fallecido en 2002, quien compró los huertos familiares hace unos 60 años tras servir en la Luftwaffe, la fuerza aérea de la Alemania nazi.

Jon R. Friske, de 23 años, miembro de la tercera generación que dirige la granja, dijo que la familia sabía que habría ataques por hacer voluntario el uso del cubrebocas. Insistió en que los guerreros en línea lanzaron más ataques desagradables que los clientes habituales.

“Es la cultura de la cancelación, eso es todo: no estaban de acuerdo con lo que hacíamos, así que, de manera desesperada, intentaron manchar nuestra reputación y desacreditarnos”, dijo. “Nos atacan en los comentarios y nos llaman ‘asesinos de abuelas’. Todo eso de lo que nos acusan no deja lugar a la responsabilidad personal y a la rendición de cuentas personal y eso no es lo que representa Estados Unidos”.

King Orchards, en cambio, hizo que el uso de cubrebocas fuera obligatorio después de que Whitmer emitió su orden ejecutiva en julio. El puesto de la granja construyó una estación de desinfección de manos en el estacionamiento de grava y distribuyó cubrebocas gratuitos.

Meses después, la campaña de Biden emitió un anuncio sobre los efectos negativos del cambio climático en la fruticultura, en el que aparecían tres generaciones de la familia King en sus huertos (John King, el patriarca, se trasladó a la zona desde el sur del estado en 1980 para dedicarse a la agricultura y compró el puesto agrícola de la Ruta 31 en 2001).

“Para nosotros no se trataba de la línea del partido ni de nuestra política personal, sino de ser defensores de la mitigación del cambio climático”, señaló Juliette King McAvoy, hija de King. Aun así, el Senado estatal, controlado por los republicanos, tomó en abril la inusual medida de bloquear su nombramiento en el Comité de Cerezas de Míchigan.

Los clientes habituales de la zona eligieron un bando y discutieron sin cesar sobre la libertad y la salud pública. Ambos puestos de fruta afirmaron que ganaron clientes, aunque algunos se alejaron, mientras que la necesidad de comer en casa impulsó un auge en las ventas. El mes pasado, King Orchards abandonó su política de cubrebocas obligatorio después de que el estado declaró que su uso ya no era necesario.

Pero el asunto no terminó con los cubrebocas.

Los residentes muy activos también habían tomado partido en una persistente batalla sobre los resultados de la votación presidencial en el condado de Antrim. Un error humano en la programación de algunas de las máquinas de votación de Dominion en el condado hizo que varios miles de votos para Donald Trump se le atribuyeran a Joe Biden.

Aunque el error se detectó de inmediato y se corrigió, dio lugar a uno de los pleitos más largos sobre los resultados, que Trump avivó desde afuera.

Mientras los procesos judiciales se desarrollaban en segundo plano, las vacunas se convirtieron en la manera de evaluar qué amigos conservar y qué negocios frecuentar mientras la vida cotidiana iba superando la pandemia.

Joyce Brodsky, de 69 años, pintora y profesora de arte jubilada, pasó la pandemia en su casa, de vez en cuando frecuentaba a un vecino, un antiguo vendedor de autos, que también permaneció aislado en su casa junto al lago, en la cual se podía ver un gran cartel a favor de Trump.

Ella intentó que no le molestara, diciéndose a sí misma que muchas pancartas de Trump en los graneros de la zona eran aún más grandes. Cuando su vecino intentaba agitar las aguas hablando de política, ella desviaba la conversación hacia sus collages de fotografías u otros temas y sentía que los dos estaban seguros dentro de su burbuja libre de COVID-19.

Salían a pasear en bicicleta con regularidad hasta que él regresó de un viaje a Florida y ella le preguntó si se había vacunado. Él nunca se vacunaría, le dijo, sugiriendo que ella no tenía derecho a preguntar.

“Nuestros valores fundamentales no coincidían en absoluto”, dijo Brodsky, quien en ese momento decidió poner fin a las salidas en bicicleta. “¿Por qué no estar del lado de la ciencia?”.

El condado de Antrim es el tipo de lugar donde se necesitan décadas para ser considerado un lugareño. Los ejecutivos de la industria automovilística, los trabajadores de la industria maquiladora, los profesores y otras personas que se retiran y vienen desde el sur del estado de Míchigan a vivir a la casa que tienen aquí no dejan de ser considerados fuereños. Los residentes que sobreviven gracias a la corta temporada turística de verano llaman a los visitantes “fudgies”, en referencia a un caramelo de leche, porque frecuentan las tiendas de dulces, a los jubilados se les conoce como “permie-fudgies”.

La pandemia trajo una nueva raza: jóvenes empresarios expertos en tecnología, procedentes de lugares tan lejanos como California, que podían trabajar desde casa. Llegaron con sus familias y pagaron las casas en efectivo, lo que provocó resentimientos.

En este condado, desde hace mucho tiempo los republicanos ocupan casi todos los cargos electos. No obstante, un juez local, expolítico republicano, desestimó el 18 de mayo el caso de presunto fraude en las elecciones presidenciales, con el argumento de que se había realizado la auditoría estatal solicitada.

Sin embargo, la lucha continúa. Los comisionados del condado, reunidos en Zoom, pasan horas escuchando a los residentes enfadados. En una reunión reciente, un residente denunció el hecho de que los comisionados se dejaban arrastrar por acusaciones falsas que convertían al condado en un “hazmerreír”. Otro dijo que era un hecho probado que las máquinas de votación del condado podían ser programadas para cambiar los votos.

Se espera que el residente que demandó y su abogado apelen; quienes lo apoyan organizaron una recaudación de fondos de 20 dólares por persona el sábado. Entre los oradores estaba Mike Lindell, el director general de MyPillow, quien sigue afirmando sin fundamentos que Trump ganó las elecciones.

¿Dónde se llevó a cabo la recaudación de fondos? En el puesto de la granja Friske.

This article originally appeared in The New York Times.

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