Cecilia Nicolini: una "fixer" para Alberto Fernández clave en la relación con Rusia

Maia Jastreblansky
·5  min de lectura

Cuando la llamaron por teléfono para citarla a una reunión en las oficinas de la calle México-el centro de operaciones de Alberto Fernández en su campaña electoral- Cecilia Nicolini vivía en Boston. Había empezado una vida allí con su marido español hacía relativamente poco y distribuía su tiempo entre los papers del MIT , las conferencias de Harvard y la consultoría internacional.

"Quiero que seas mi asesora con un foco en las relaciones internacionales", le propuso Fernández. Nicolini, que en su fuero íntimo se sentía muy identificada con el candidato electo, se tuvo que decidir. El 6 de diciembre, al filo de la asunción presidencial, recalculó su rumbo profesional y, más de una década después, volvió a Buenos Aires.

Politóloga, de 37 años y con cargo de "asesora presidencial", Nicolini hoy se convirtió en una pieza fundamental en el sistema radial que aplica Fernández con su gabinete." Desde un despacho perdido en un laberinto de refacciones del tercer piso de la Casa Rosada, mantiene una línea abierta y constante con el Presidente: hoy es su "fixer" en las negociaciones por la vacuna contra el Covid, esa carrera contra el tiempo que el jefe de Estado aún debe ganar.

La oposición se prepara para resistir la idea del Gobierno de postergar las elecciones

Con llamadas y videoconferencias en horarios de insomnio, Nicolini hoy se ocupa del relacionamiento con los laboratorios y de negociar contratos y posibles cronogramas de entregas. Trabaja en tándem con la secretaria de Acceso a la Salud, Carla Vizzotti, que es la que analiza los aspectos médicos de los productos que se ofrecen en el mercado. El Ministerio de Salud y la Cancillería hacen su papel, pero esas dos funcionarias ganaron atribuciones por pedido de Fernández. "Mi trabajo es solucionarle los problemas al Presidente", suele repetir Nicolini sobre su función. Administra, además, el grupo "mujeres gobernando" que nuclea a las funcionarias del gabinete.

Con bajo perfil, en los últimos meses la asesora presidencial también se fortaleció como un enlace clave con Moscú.

Del gobierno argentino, Vladimir Putin conocía personalmente a Cristina Kirchner. La vicepresidenta siempre se interesó por forjar una afinidad con el Kremlin y tuvo la voz decisiva en la designación del nuevo embajador, Eduardo "Chango" Zuain. Pero fue tras los dos viajes que Nicolini y Vizzotti hicieron a Moscú -en octubre y en diciembre- que se terminó de consolidar una alianza estratégica entre la Casa Rosada y el Fondo de Inversión Soberano de Rusia (RDIF).

La Argentina fue uno de los primeros países en aprobar la Sputnik V y se convirtió en la puerta de entrada del producto ruso al continente. Nicolini tuvo un papel protagónico en el relacionamiento con los gobiernos de la región, clave para la geopolítica de Putin, mientras el resto de los países miraba a Pfizer y a China.

Fue, por caso, la que le facilitó un atajo al titular de la cartera de salud de México, Hugo López Gatell, que había enfocado mal su táctica de acercamiento al RDIF y viajó a Buenos Aires para destrabar el conflicto. También le facilitó documentación de la Sputnik V a Bolivia, Uruguay, Chile y Perú.

Nicolini, además, gestionó el llamado telefónico que esta semana tuvo Fernández con Putin. Lo pidió ella. El Presidente escuchó de su par ruso un compromiso personal para que la Argentina reciba las vacunas comprometidas. Según los testigos, la charla fue en muy buenos términos, por momentos afectuosa.

Marco Enríquez Ominami

Nicolini entró en el ecosistema de Fernández gracias a Marco Enríquez Ominami, un dirigente chileno ultraopositor a Sebastián Piñera que es amigo del Presidente y colabora para posicionarlo entre los líderes antiliberales de la región.

Mucho antes de que Fernández fuera entronizado como candidato presidencial, Nicolini conoció a Enríquez Ominami ("MEO") en una conferencia internacional en París y desde entonces se involucró activamente en sus iniciativas para la integración regional de los referentes de centro izquierda. Tras recibirse de politóloga en la UCA, había trabajado de muy joven durante el gobierno de Néstor Kirchner en el Ministerio de Turismo de Enrique Meyer. Allí se ocupó de la creación de la "Marca País". En 2007, se mudó a España para realizar un máster en comunicación política. Terminó viviendo allí diez años, hasta que aplicó a un MBA en la escuela de gobierno de Harvard y se mudó a Boston

Desde allí comenzó, bajo el ala de Enríquez Ominami, a trabajar para la creación del Grupo de Puebla. El foro vio la luz en julio de 2019 en esa ciudad de México y aglutinó a exmandatarios como Lula Da Silva (Brasil), Evo Morales (Bolivia), Rafael Correa (Ecuador) y José Mujica (Uruguay) con la aspiración de robustecer un eje progresista en el continente.

En noviembre de ese mismo año, cuando Fernández ya había ganado las elecciones, Nicolini fue una pieza fundamental en la logística de la segunda reunión del Grupo de Puebla en Buenos Aires bajo. La cumbre culminó con una cena en el Café de las Palabras, el reducto del diputado Eduardo Valdés en Almagro, a la que asistieron Fernández, Dilma Rousseff y Mujica.

Partidaria del multilateralismo y una de las ideólogas detrás de la alianza con el mexicano Manuel López Obrador, Nicolini también fue una pieza invisible detrás de las giras por España y por México que Fernández hizo antes de asumir la presidencia. Cuando armó su gabinete, el Presidente le reservó una oficina en casa de gobierno.