Llamadas, kit de ayuda: los aciertos y deficiencias del seguimiento a casos COVID en CDMX

Andrea Vega (@EAndreaVega)
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El lunes 7 de diciembre pasado, Rodolfo, sus padres y su esposa se subieron al automóvil de la familia y fueron al Quiosco de la Salud del deportivo Carmen Serdán, en Cuautepec, en la Ciudad de México, a hacerse la prueba de COVID-19. De todos, solo la esposa de Rodolfo resultó negativa. Algo que no se explican, por el estrecho contacto con los demás. Después del resultado positivo del resto, la familia ha estado lidiando con la enfermedad sin seguimiento médico por parte de alguna institución pública. Uno de ellos rechazó la oferta de hospitalizarse y a partir de eso quedaron por su cuenta.

Aunque la CDMX ha dicho que tiene una estrategia de rastreo de contactos, a Rodolfo y su familia no les preguntaron quiénes eran las personas que podrían estar contagiadas por haberse reunido con ellos. Si se hubiera seguido este protocolo, por ejemplo, al hermano de Rodolfo, a la esposa de éste y a su hijo, que el fin de semana anterior convivieron con los tres casos positivos de la familia, les hubieran llamado las autoridades de la CDMX, pero no ocurrió así. Ellos acudieron también a un quiosco para someterse al test de COVID por precaución. Salieron negativos. La única explicación que encuentran es que se hicieron la prueba demasiado pronto.

A los padres de Rodolfo, que no se sentían tan mal, solo les dijeron en el quiosco que se aislaran durante 14 días. A Rodolfo, de 52 años, con diabetes y que en ese momento ya tenía problemas para respirar, le preguntaron si quería hospitalizarse de una vez. La familia lo platicó por un momento y decidieron que no.

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Rodolfo se fue a su casa, con una lista de hospitales a los que podía acudir si empeoraba. Sus padres, que viven en el piso de arriba, se mudaron a la casa de él para aislarse todos juntos y ayudar a cuidarlo. La esposa mostró síntomas, pero no se agravó. Los padres no tuvieron complicaciones. A Rodolfo le consiguieron asesoría médica privada y un tanque de oxígeno. La familia ha gastado alrededor de mil pesos diarios para rellenar el tanque.

Tres días después de su visita al quiosco y del resultado positivo de tres de ellos, les llamaron, de parte del gobierno de la CDMX para corroborar su dirección y enviarles, a cada uno, el kit médico, la despensa y la tarjeta con mil pesos para comprar en el súper. No han recibido ninguna otra llamada ni seguimiento médico. Quienes estuvieron en contacto con ellos no han tenido seguimiento tampoco. Ni les llamaron para alertarlos o darles alguna orientación.

Frank, un joven que acudió el 4 de diciembre a hacerse la prueba de COVID al quiosco que está afuera del metro Jamaica y también resultó positivo, dice que en su caso no ha recibido ningún tipo de apoyo, ni kit, ni despensa, ni tarjeta. Tampoco seguimiento médico. “Nadie se ha puesto en contacto conmigo. En el quiosco solo me dijeron que avisara en mi trabajo y que si presentaba síntomas más fuertes, llamara a Locatel. Ni siquiera me preguntaron en qué había llegado o cómo me iba a regresar, como para ver si en el camino podía contagiar a alguien. Nada de eso”.

Estrategia de seguimiento variada

La CDMX presentó desde junio su Programa de Detección, Protección y Resguardo de Casos COVID-19 y sus contactos. Los ejes eran las pruebas de PCR para detectar positivos, las visitas a las casas en las colonias de atención prioritaria para dar información a la población e identificar a personas con síntomas y el rastreo de contactos.

A partir del 20 de noviembre, sin embargo, la CDMX apostó por hacer más pruebas de COVID como parte de su estrategia para frenar el repunte de casos en la capital. De entonces a la fecha han subido el número de test hasta 20 mil por día. Las pruebas ya no son solo las PCR, con las que se deben esperar días para tener el diagnóstico. La capital está usando las pruebas rápidas de antígenos para poder dar los resultados en menos de media hora.

Estas pruebas rápidas no son las mismas que las serológicas, esas que identifican si el sistema inmune ya estuvo en contacto con el virus, pero no son adecuadas para confirmar una infección en curso. Estas sí identifican si la persona está enferma en ese momento y están avaladas por la Organización Mundial de la Salud, por Cofepris y por el Instituto Nacional de Diagnóstico y Referencia Epidemiológica de México (InDRE).

Las pruebas de antígenos se están aplicando en la capital en 229 puntos, distribuidos en 117 centros de salud, 33 quioscos en las colonias de atención prioritaria, 50 macro quioscos y 29 hospitales de la red de la Secretaría de Salud de la Ciudad de México (Sedesa).

El 27 de noviembre, la Jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum Pardo, anunció que su administración invertiría 160 millones de pesos para adquirir un millón de pruebas de antígeno, duplicar el número de aplicaciones realizadas y cortar la cadena de contagios de COVID-19.

El objetivo de hacer las pruebas, señaló la jefa de gobierno, es detectar casos positivos de la enfermedad, que las personas puedan aislarse durante 15 días, reciban un kit médico, alimentario y económico, y seguimiento médico por parte del gobierno capitalino.

Desde que se incrementó el número de test, la CDMX ha reportado más casos de COVID por día, hasta rebasar los 5 mil. El índice de positividad alcanzado es de 24%.

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A pesar del incremento de las pruebas, sin embargo, la estrategia para darle seguimiento a los casos positivos es variada. Las experiencias que narran los habitantes de la CDMX son distintas.

La segunda semana de agosto, Raquel Trior, de 23 años, se fue a hacer la prueba, entonces solo había PCR, a un quiosco en Santiago Tepetlapa, en la alcaldía de Xochimilco. Se tardaron tres días en darle el resultado. Fue positivo. Con ella viven cinco mujeres adultas y dos menores. Los demás salieron negativos. Como su hermana mayor tenía síntomas fue a atenderse con un médico privado, le dijo que era muy seguro que sí tuviera COVID. Se aislaron todos.

“En mi caso, me pidieron que un familiar fuera al quiosco a recoger el resultado para que yo no saliera. Dos días después de que supe que era positiva, me llamaron de parte del gobierno de la CDMX para preguntarme si ya tenía mis resultados y cómo iban mis síntomas”.

Raquel solo tuvo dolor de cabeza. Les dijo eso. Dos días después le llamaron otra vez para volver a checar cómo estaba y corroborar su dirección. Le dijeron que iban a enviarle el kit médico, la tarjeta y la despensa. Poco rato después tocaron en su casa, dejaron las cosas en la puerta y se fueron. A la semana volvieron a llamar para verificar cómo seguía. Ella es de las que reportan que su seguimiento fue bueno.

En cambio Rubén Sandoval, de 27 años, cuenta que el seguimiento fue deficiente. Él se hizo la prueba en el quiosco de la colonia Presidentes, en la alcaldía de Álvaro Obregón, el 5 de noviembre. También fue con su familia: seis personas en total, en dos automóviles.

Un tío con el que convive mucho se hizo un estudio de tórax, los estudios arrojaron un daño importante en los pulmones. La familia decidió someterse a la prueba de COVID por precaución. Los resultados de las pruebas PCR se tardaron cinco días.

En esos cinco días no supieron nada. Nadie los llamó. Igual se aislaron desde la prueba por precaución. De todos, solo un integrante de la familia, el papá de Rubén, salió negativo, los demás fueron positivos. Su tío vivía a parte, pero decidió mudarse con ellos para no estar solo. “Nos recluimos todos. De hecho a mi tío le llamaron después de parte del gobierno de la CDMX y como no estaba en su casa, le dijeron que entonces no podían darle la tarjeta, ni la despensa ni el kit médico. A los demás que salimos positivos y estábamos en nuestra casa sí nos llegaron”.

Todos tuvieron cuadros leves, menos el tío. “A él, como ya iba con el antecedente de la placa de tórax y más síntomas, desde que le tomaron la muestra en el quiosco, el doctor de ahí le dijo que si se sentía más mal, les llamara, le dio los teléfonos y todo, y que le mandaban una ambulancia o le decían a qué hospital ir”.

Pero el tío tampoco quiso llamar al centro de salud ni acudir a un hospital. Cuando se sintió más mal, lo llevaron a un médico privado que les aconsejó conseguir un tanque de oxigeno y eso justo hicieron. Además de las llamadas para corroborar la dirección donde se enviarían los kits de ayuda, no tuvieron otro tipo de seguimiento.

María de Sanctis, de 24 años, dice que ella si no recibió nada de nada. Ni kit médico, ni despensa, ni tarjeta, ni llamadas de seguimiento. Se hizo la prueba de PCR en el quiosco del Parque San Antonio, en Mixcoac, el 18 de noviembre. Se quedó en la rayita, a dos días de poner acceder a una prueba rápida y lo resintió en el tiempo que tardó el resultado: siete días.

“Se tardaron mucho y yo me sentía muy mal. Tengo antecedente de asma y me pegó mucho la enfermedad. Fui mejor con un médico privado y él me estuvo atendiendo. Fue hasta siete días después de la prueba que recibí una llamada: María, me dijo, soy el doctor tal, no recuerdo el nombre, solo llamo para informarte que tu resultado es positivo”.

La joven asegura que solo le dijeron que se aislara 14 días y nada más. No recibió más llamadas, ni para otorgarle los apoyos ni para darle seguimiento médico.

Qué podría hacerse mejor

Animal Político solicitó una entrevista al gobierno de la Ciudad de México para saber cómo se está haciendo el seguimiento a los casos positivos de COVID. Primero se le solicitó a la Agencia Digital de Innovación Pública (Adip). La agencia respondió que quien debía dar la entrevista era la Secretaría de Salud de la CDMX. Se hizo la solicitud a esta instancia. Respondieron que quien debía dar la entrevista era Locatel y Locatel respondió que quien debía darla era Adip.

Ante la falta de respuesta oficial, este portal buscó al epidemiólogo y especialista en Salud Pública, Malaquías López, quien además es integrante de la Comisión COVID de la UNAM, para preguntarle sobre los aspectos que podrían robustecerse en la estrategia de asesoría y seguimiento a casos positivos en la CDMX.

El especialista señala que, por ejemplo, cuando las personas no quieren a ir a un hospital, y puesto que no se les puede obligar, sería oportuno ofrecerles atención médica en su casa, aunque reconoce que en el país no ha existido nunca un sistema de salud capaz de responder a esa demanda.

Lo que quizá sería más factible, explica, son las llamadas de seguimiento médico, que tendrían que hacerse casi diario. “Y si la persona es diabética, por ejemplo, desde el momento de la prueba y ahora con el resultado casi inmediato, verificar si tiene un control adecuado de la enfermedad y darle indicaciones muy precisas sobre cómo debe controlarla”.

La información adecuada a una persona que resulta positiva es básica, advierte. Se les debe de decir qué síntomas son de alarma, qué problemas pueden tener, y hay que hacer una lista con recomendaciones muy claras.

“No hay que dejar a la gente sola, con el resultado positivo. Debemos entender que la gente con la angustia del soy positivo empieza a buscar opciones y caen en lo del cloro. Esas mentiras hay que cortarlas con información precisa y cercana”.

Si hay cosas que de momento no es viable hacer, dice Malaquias López, como llevar a todas las personas que llegan a los quioscos en metro hasta su casa, lo que sí se puede hacer es darles un cubrebocas adecuado, decirles cómo deben usarlo y darles una botellita de gel para que se lo vayan poniendo todo el camino. Esas cosas son posibles y de mucha ayuda, dice.

Con información de Itxaro Arteta.

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