Los CDC no investigarán las infecciones leves en los estadounidenses vacunados

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Este año, Julie Cohn se enfermó de COVID-19 a pesar de haber estado vacunada por completo. (Sarah Blesener/The New York Times)
Este año, Julie Cohn se enfermó de COVID-19 a pesar de haber estado vacunada por completo. (Sarah Blesener/The New York Times)

Cuando Julie Cohn fue a apoyar a su hijo de 12 años a un partido de baloncesto celebrado en marzo, ya estaba vacunada por completo. A la mitad del partido, su hijo le preguntó si podía quitarse la mascarilla porque le estaba dando mucho calor. Cohn no le dio mucha importancia.

Tres días más tarde, el hijo presentó dolor de garganta. Dio positivo por coronavirus, al igual que su hermano menor unos días más tarde. Como creía que estaba protegida, Cohn los cuidó, pero el 28 de marzo despertó con algo parecido a un catarro. Al día siguiente, ella también dio positivo.

Ninguna vacuna ofrece una protección perfecta y las llamadas infecciones posvacunación para el coronavirus son poco comunes y es poco probable que deriven en una enfermedad grave. Las autoridades sanitarias a nivel federal le han dicho a la gente que ha sido vacunada por completo que ya no necesita usar mascarillas o mantener distanciamiento social porque está protegida, ni tampoco necesita hacerse la prueba o estar en cuarentena después de exponerse, a menos que desarrolle síntomas.

Ahora, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por su sigla en inglés) han dejado de investigar las infecciones posvacunación de la gente que haya sido vacunada por completo, a menos que se enferme tanto que deba ser hospitalizada o muera.

A inicios de este año, la agencia monitoreaba todos los casos. Hasta finales de abril, cuando ya estaban vacunados más o menos 101 millones de estadounidenses, los CDC habían recibido 10.262 reportes de infecciones posvacunación de 46 estados y territorios, probablemente “un error sustancial de conteo”, según un informe de los CDC publicado el martes.

La secuencia genómica pudo haberse acabado en tan solo 555 de los casos reportados de infecciones posvacunación: más o menos el cinco por ciento. Más de la mitad de esos casos involucraron las llamadas variantes de interés, entre ellas las variantes B.1.1.7 y B.1.351.

Se supo que unas 995 personas fueron hospitalizadas y 160 murieron, aunque no siempre debido a la COVID-19, según el nuevo estudio. La edad promedio de quienes murieron fue de 82 años.

Las cifras sugieren que las vacunas tienen una eficacia alta y por lo general funcionan como se espera. El 1° de mayo, la agencia decidió investigar únicamente los casos más graves de infecciones posvacunación, mientras seguía reuniendo testimonios voluntarios sobre los casos de infecciones posvacunación de los departamentos de salud a nivel estatal y local.

La agencia llevará a cabo estudios sobre la efectividad de las vacunas que incluirán datos sobre los casos de infecciones posvacunación, pero solo en poblaciones limitadas, como los profesionales de la salud y los trabajadores esenciales, los adultos mayores y los residentes de centros de salud a largo plazo, según una vocera.

Algunos científicos apoyan la decisión de enfocarse en las enfermedades que provocan las muertes, asedian los hospitales y saturan el sistema de atención médica. No obstante, la maniobra ha sido controvertida.

Hay quienes critican a la agencia porque está dejando pasar oportunidades importantes de aprender sobre la verdadera efectividad de las diferentes vacunas en el mundo y de reunir información que podría ayudar a identificar las tendencias de la trayectoria de la pandemia: por ejemplo, cuánto dura la protección de las vacunas, cómo comparar la capacidad de varias vacunas para prevenir infecciones con variantes o si ciertos pacientes, como la gente mayor, son más susceptibles a infecciones posvacunación.

“Estamos conduciendo a ciegas y nos perderemos muchas señales”, opinó Ali Mokdad, epidemiólogo de la Universidad de Washington que durante muchos años tuvo un alto cargo científico en los CDC.

“Los CDC son una agencia de vigilancia”, comentó Mokdad. “¿Cómo se puede vigilar y elegir una cifra sin ver el todo?”.

El cambio fue anunciado con discreción este mes en un comunicado publicado en el sitio web de la agencia. El comunicado mencionaba que el giro “servirá para maximizar la calidad de los datos recolectados en casos de una mayor importancia clínica y de salud pública”.

Cuando se le pidió que explicara el cambio, una vocera de los CDC señaló que ninguna vacuna era 100 por ciento efectiva, pero que la cantidad de casos de COVID-19 en gente vacunada por completo era pequeña y que no se había identificado ninguna tendencia demográfica significativa.

El cambio implica que la agencia continuará investigando los casos como la muerte de un residente vacunado en un asilo de ancianos en Kentucky, pero no las infecciones de otros 20 residentes y empleados vacunados en el mismo hogar que no necesitaron hospitalización.

“Es un fenómeno muy extraño y no cambia la trayectoria de la pandemia”, comentó Amesh Adalja, investigador sénior del Centro de Seguridad Sanitaria de la Universidad Johns Hopkins. Siempre y cuando la enfermedad no provoque que la gente requiera hospitalización, “hay una utilidad marginal en monitorearla”, comentó y agregó: “Ya no puede saturar el sistema hospitalario”.

Sin embargo, incluso los casos relativamente leves de COVID-19 pueden conducir a problemas de salud a largo plazo y será difícil conocer toda la dimensión si no se monitorean también las infecciones leves.

Cohn no fue hospitalizada, pero tuvo dolores corporales, escalofríos y problemas digestivos durante unas dos semanas. Quedó con fatiga, dolores de cabeza, dificultad para concentrarse y un vértigo tan grave y repentino que un día chocó su auto en el garaje.

Sin embargo, no ha vuelto a correr los 5 kilómetros diarios con su perro a causa de la falta de aliento. “Soy joven, tengo 43 años, estoy sana, sin padecimientos preexistentes, pero a menudo me verás descansando en el sofá”, comentó Cohn.

“¿No quieren que se sepa sobre esto?”, cuestionó. “¿Adónde va la gente como yo? ¿Qué pasa después? Los médicos en mi vida han quedado impactados y están intentando descifrar cómo seguir adelante, pero también hay muchas preguntas. Y si nadie está estudiando esto, no habrá respuestas”.

Otra razón para monitorear todas las infecciones posvacunación es que no es probable que den como resultado una mayor propagación del virus. Sin embargo, la evidencia científica relacionada con esto no es definitiva, según algunos expertos.

Diana Berrent, fundadora de Survivor Corps, un grupo de personas que han padecido COVID-19, ha pedido que se cree un registro nacional de toda la gente con COVID-19, entre ellos quienes fueron casos leves y asintomáticos, para reunir toda la información posible para investigaciones futuras.

Muchos científicos coinciden: recolectar más datos siempre es preferible a recolectar menos. “El virus está cambiando todo el tiempo y necesitamos estar tres pasos adelante”, opinó Michael Kinch, inmunólogo y vicerrector asociado de los Centros para la Innovación de la Investigación en Biotecnología de la Universidad de Washington en San Luis.

“¿Y si aparece una variante que responde menos o, Dios no lo quiera, no responda para nada a las vacunas?”, cuestionó Kinch. “La manera de detenerla es por medio de la epidemiologia clásica, la cual han realizado muy bien los CDC a lo largo de la historia. Pero si no estás preparado, no la puedes detener”.

This article originally appeared in The New York Times.

© 2021 The New York Times Company

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