La cazadora más odiada de las redes dice que trabaja para "la conservación animal"

LA NACION
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"Disfruto de la caza, la aventura, los recuerdos, la oportunidad de estar cerca de la naturaleza, las emociones, la recompensa de poder comer carne limpia y libre de hormonas y sí, también de tener mi trofeo de honor". Así piensa Tess Talley, la cazadora más odiada de las redes sociales, quien adquirió notoriedad en 2018, cuando se viralizó una imagen de ella junto a uno de sus más preciados "trofeos", una jirafa negra que había matado en Sudáfrica un año antes.

Pero desde que tiene semejante nivel de visibilidad -en 2019 la CBS le dedicó un documental de 25 minutos titulado Caza de trofeos: ¿Matanza o conservación?- empezó a agigantar más su perfil. Incluso, con posturas polémicas: Talley asegura que su trabajo es crucial para la conservación de determinadas especies.

En principio, esta cazadora texana de 39 años explicó que las jirafas más oscuras son las más viejas. En el caso que la convirtió a ella en el blanco, la jirafa ultimada tenía más de 18 años, ya no se reproducía y era una amenaza para los otros machos de su manada. Según Talley, "ya había matado a tres de ellos".

En su propia página web, la ejecutiva de cuentas (actualmente vive y trabaja en el Reino Unido) expone su "ética de caza" y se diferencia de los cazadores furtivos, quienes lo hacen con fines meramente comerciales. "Sin importar sus opiniones previas, hay un hecho inamovible: la caza gestionada salva hábitats y asegura el futuro de estos animales", se defiende. Lo grafica con una imagen que llega desde la sabana, de la primera cría de jirafa vista en dos años, luego de que el nuevo macho alfa se hizo cargo de la reproducción en la manada.

Aunque también admite que fue su afán de poblar su hogar con un nuevo trofeo y el desafío de matar a un mamífero grande lo que la llevó hasta Sudáfrica a seleccionar a su presa. Una incógnita que podría poner su lógica en aprietos: ¿qué pasaría si todas las personas quisieran llevarse su propio trofeo a casa?

Además de un privilegio, para Talley la taxidermia es un arte. "La taxidermia es única. No tiene precio. Mirá mi jirafa, por ejemplo. Nadie en el mundo tendrá una igual. Te quita el aliento", expone en su sitio. Y agrega: "Piensa en el artista, el taxidermista. Tener la capacidad de esconder algunos cuernos y cabellos y hacer que el animal parezca vivo es una habilidad que debe mostrarse para que todos la vean". El discurso justifica las fotos en su cuenta de Instagram, posando -en algunas hasta vestida de gala- junto a los animales muertos que cuelgan de su casa: canguros, monos, alces, muflones, cocodrilos, jabalíes.

También tiene su propia línea de merchandising. Vende desde aros de cuero de elefante y carnada para jabalíes hasta remeras con slogans del estilo "Sigue a la Biblia. Compra armas. Vota a Trump".

En sus redes personales tampoco se priva de opinar sobre la política estadounidense, aunque por estos momentos su posición es un tanto bélica. "Lo mejor para hacer en este momento es comprar un arma, preocuparte por tus propios asuntos y proteger a tu familia. Nuestro país dejó de ser un lugar seguro", escribió en una de sus últimas historias.