Cayetana Álvarez de Toledo: “Estamos viendo a Cristina Kirchner protagonizar un autogolpe, cuando ella es la responsable de la coalición”

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Cayetana Álvarez de Toledo
Cayetana Álvarez de Toledo

Los días de la diputada española del Partido Popular (PP), Cayetana Álvarez de Toledo, en la Argentina son ajetreados. Disertó en un panel junto a Ricardo López Murphy, compartió un desayuno con Patricia Bullrich, a quien describió como una persona “con un plan muy convincente y con mucho coraje”, y planea reunirse con Maria Eugenia Vidal antes de regresar a España el lunes. Tiene poco tiempo para su familia y los amigos que conserva de los años que residió en Buenos Aires, pero es uno de los tantos costos que debe asumir como parte de su permanente “batalla cultural contra el populismo y las fuerzas de izquierda que, con su superioridad moral, intentan destruir el orden liberal, como el kirchnerismo”, según dice en diálogo con LA NACION.

“La izquierda sale de debajo de los escombros del Muro de Berlín y empieza a rearmarse moralmente, y en un ejercicio insólito de travestismo político abandona la causa de la igualdad y se agarra de un nuevo concepto que es la identidad. Así comienza una deriva reaccionaria hacia atrás, un viaje involutivo hacia el tribalismo y el separatismo”, afirma la historiadora y política española, que también posee nacionalidad argentina y francesa.

Aunque la defensa pública de sus ideales la han convertido, en algunas instancias, “en objeto del linchamiento público”, algo que sufre en lo personal, Álvarez de Toledo sostiene que es el precio que debe pagar y que su causa “merece la pena, el esfuerzo y el sacrificio”.

-Uno de los objetivos de su visita a la Argentina ha sido la presentación y promoción de su libro Políticamente indeseable, en el que narra su permanente lucha contra las “prácticas indeseables de la política” y señala la necesidad de una “política deseable a la que deberíamos aspirar”. ¿Cuál sería?

-Yo parto de una premisa que es que no hay nada más importante que la política. Pero es un oficio desacreditado, devaluado y denostado, que ha sido asolado por el populismo. El populismo no es una forma de hacer política, sino que es la antipolítica y la destrucción de la política desde su interior. Entonces creo que tenemos que rescatar a la política de las garras del populismo... ¿Cómo hacerlo? Yo creo que cuando los políticos digamos en público lo mismo que decimos en privado y cuando estemos dispuestos a asumir el coste de decir la verdad, entonces empezaremos a salvar a la política y devolverle su dignidad.

Cayetana Álvarez de Toledo
Cayetana Álvarez de Toledo


Cayetana Álvarez de Toledo

-¿Cree que estas ideas le han ganado la fama de “políticamente indeseable”?

-Fue mi disposición a dar una batalla ideológica. En general lo que sucede es que la izquierda domina por completo el tablero político y moral. La izquierda está siempre en la parte alta del tablero y las ideas liberales o las conservadores en la parte baja. Entonces siempre estamos jugando en desventaja. Para poder jugar en igualdad de condiciones tenemos que nivelar el tablero y eso significa dar una batalla ideológica, cultural. Cuando das esa batalla tienes que estar dispuesto a atenerte a las consecuencias: que te llamen en redes sociales fascista, machista, racista, indeseable. Pero es necesario encarar esas turbas de la cancelación y del silencio y de la sumisión.

-¿Qué fuerza política argentina encarna los valores liberales que usted profesa?

-Desde luego el kirchnerismo, el peronismo y ese mundo encarnan la destrucción de todos esos valores y Juntos por el Cambio para mí es la alternativa y lo importante ahora es precisamente dotar de contenido y de coraje a esa alternativa. No basta con esperar a ver el cadáver del enemigo desfilar, no basta con cruzarse de brazos y esperar que la coalición de gobierno implosione por sus contradicciones y su incompetencia que es manifiesta. Ahora estamos viendo a Cristina Kirchner protagonizar un autogolpe, cuando ella es la responsable de la coalición porque el presidente es un pelele. Pero la decadencia no significa necesariamente la victoria de la oposición, esa oposición se tiene que contar de un proyecto claro, identificable, que los argentinos puedan comprender y compartir.

-Y dentro de Juntos por el Cambio ¿Quién cree que es el candidato más capacitado para llevar a cabo este proyecto de cara a las elecciones de 2023?

-No le quiero hacer un flaco favor a nadie pero hay líderes extraordinarios con mucha claridad, con coraje, con ideas sobre lo que la Argentina necesita. Pero insisto, hay que pedir un mandato claro, de nada sirve edulcorar la situación. El próximo presidente tiene que ser una persona muy valiente no solamente para ganar sino por lo que va a venir después. Este país está en un proceso de degradación que parece crónico. Pero no debe serlo, hay que sacarlo de la degradación institucional y para eso requiere de un carácter dispuesto a que lo llamen indeseable y que no le tiemble el pulso.

-Me interesaría conocer su opinión sobre Javier Milei, una alternativa que ha ganado tracción en los últimos meses…

-No comparto el discurso de la antipolítica. La política es un oficio necesario e imprescindible. Lo que hay que hacer es regenerar la política y no destruirla. Dicho eso, siempre creo que hay que identificar cuál es el mal mayor, y el mal mayor hoy en día es el kirchnerismo, la coalición gubernamental y por tanto no hay que fijarse tanto en lo que están haciendo otros dentro de un espacio alternativo sino encargarse de diseñar una propia alternativa, lo digo porque en España tenemos procesos similares dentro de la alternativa al Gobierno.

-A su parecer, España también atraviesa una etapa de decadencia. En este sentido, ¿cómo ve el repunte del PP, que en la última semana alcanzó al PSOE en intención de voto?

-Nosotros tenemos que trabajar para la construcción de una alternativa también. Faltan dos años para las elecciones generales, pero lo importante es que estemos en el camino de la construcción de esa alternativa. Acabamos con una etapa de crisis muy fuerte en el PP. Por suerte ha llegado una persona que es un adulto en la situación (Alberto Núñez Feijóo), porque antes parecía un patio de colegio, y ha pacificado el partido. Y ahora lo importante es la construcción de una alternativa política, cultural e ideológica. España sigue en proceso de degradación y decadencia pero siempre la clave es si tienes o no una alternativa.

-¿Cómo ve el avance de Vox en los últimos años?

-Yo creo que hay dos maneras de entender la política: estar todo el día mirando lo que hace el adversario, con miedo o con horror, para imitarlo o para plegarse, o uno puede asumir la responsabilidad de la construcción de la alternativa, eso es lo único que me interesa.

-Pero como dice la famosa frase “los extremos se tocan”… ¿sino cómo explica que tanto Bolsonaro como Lula hayan justificado públicamente a Putin?

-Si claro que hay populismos de derecha y de izquierda. Hay fuerzas nacionalistas de derecha en Europa que apoyan a Putin y en España tenemos fuerzas de izquierda que apoyan a Putin y que están dentro del gobierno. La parte de Podemos dice “¡No a la OTAN, sí a la Paz!”, pero cuando dicen eso están hablando de la paz como un eufemismo y están “haciendo el caldo gordo” a Putin.

-¿Cómo califica el rol de España con respecto a la guerra en Ucrania?

-Es deplorable que dentro del gobierno pueda haber ministros y fuerzas políticas que son mucho más proclives a Putin que a la defensa de la democracia liberal que representa Ucrania. En Ucrania se está librando la madre de todas las batallas. La batalla entre la democracia liberal y el totalitarismo.

En la figura y el proyecto de Putin convergen los dos males del siglo XX: el mundo comunista soviético y el mundo nacionalista identitario imperialista. Y en frente, hay un pequeño país que está dentro de Europa, pero en sus márgenes, que quiere formar parte de la Unión Europea, que quiere vivir en estado de derecho, en libertad, en igualdad y en democracia, todo lo que nosotros damos por hecho. Y dentro de Europa y del mundo occidental pasan dos cosas que son muy curiosas que es que hay mucha gente que está trabajando para destruir el orden liberal desde dentro y que justifican a Putin. Y luego hay otra parte que a mi me preocupa que tiene buenas intenciones pero no está dispuesta a asumir el sacrificio que supone defender la democracia liberal.

Europa ha reaccionado, se ha despertado de un letargo a partir de la invasión y sobre todo de los discursos de [Volodymy] Zelensky. Pero todavía cuesta, los gobiernos no se atreven a pedirle a los ciudadanos el sacrificio definitivo: un coste económico muy grande, cerrar cualquier compra de gas y ni te cuento el sacrificio final que es la entrega de las propias vidas.

-Además de a Zelensky, ¿a qué otro líder político admira?

-Hay un líder que ha conseguido una gesta admirable que es Emmanuel Macron, que ha logrado derrotar a la pinza populista de derecha y de izquierda con un discurso sin concesiones a la demagogia y desde la razón, que es algo que yo reivindico, la racionalidad en el discurso público. No hace falta ser un populista para poder derrotar a los populistas, no hace falta hacerte nacionalista para derrotar a los nacionalistas.

-¿Cuáles son sus mayores aspiraciones políticas?

-Seguir defendiendo férreamente el orden liberal. En este oficio he aprendido que un día se está arriba y otro día abajo, y la política es así, una montaña rusa. Lo único realmente importante es ser coherente con las convicciones e ideas y ser valiente.

-Usted se identifica como feminista de segunda ola, ¿qué implica eso?

El feminismo de tercera ola, que es el de ahora, es puritano, pendenciero, identitarista, matonesco. Es un feminismo tribalista que nos coloca a las mujeres en una presunta tribu; me coloca a mí en el mismo colectivo que Cristina Kirchner, Camila Vallejo y Marine Le Pen y yo me niego a formar parte de un colectivo así por el mero hecho de compartir órganos sexuales con todas ellas. Yo no formo parte de un colectivo identitario y este feminismo hace eso y lo hace para victimizarnos desde el nacimiento por el mero hecho de ser mujeres. Y nos convierte en tutelados por la perpetuidad y luego nos enfrenta con otro colectivo, en este caso los hombres. Busca un culpable externo que justifique su drama en el mundo.

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