Causas y fuerzas del fallido primer intento en el Congreso de destituir a Donald Trump

El primer intento formal en el Congreso para someter al presidente Donald Trump a un proceso de destitución (conocido como ‘impeachment’) falló en la Cámara de Representantes. Pero no lo fue, en realidad, porque las faltas que se le achacan a Trump no fueran graves o porque los republicanos hubiesen logrado levantar una barrera impermeable en defensa del presidente.

Esa intento de impeachment no prosperó porque fue, en realidad, impulsado a fuerza por ciertos demócratas y derrotado a fuerza por otros, más numerosos. Los primeros, demócratas más radicales o consternados por de las acciones y afirmaciones de Trump (en este caso, como gota que derramó el vaso, los ataques racistas y autoritarios del presidente contra cuatro congresistas progresistas); los segundos, demócratas moderados o de centro que optan por una vía más pragmática de lidiar con los escándalos presidenciales y tienen a su ariete en la líder cameral Nancy Pelosi.

El representante demócrata Al Green presentó una resolución, que no prosperó en la Cámara baja, para iniciar un proceso de destitución de Donald Trump motivado en los ataques racistas del presidente contra cuatro legisladoras. (Saul Loeb/AFP/Getty Images)

Es decir, no se ha comenzado un proceso de destitución de Trump no por la fortaleza presidencial o la resistencia republicana sino por los desacuerdos, políticos y estratégicos de sus opositores demócratas.

El representante demócrata por Texas Al Green presentó una moción de impeachment contra Trump en la Cámara Baja motivada por sus declaraciones racistas y prejuiciadas contra sus colegas Alexandria Ocasio-Cortez, Ilhan Omar, Ayanna Pressley y Rashida Tlaib, y en cierto sentido fue una expresión de un intenso deseo por proceder a un proceso de destitución que existe desde hace tiempo entre un grupo importante de la mayoría demócrata.

Pero aunque Pelosi y el centro demócrata han expresado su repulsa por esos ataques de Trump contra sus legisladoras –la líder demócrata hizo aprobar en el pleno una resolución de condena contra el presidente en ese tenor– no concuerdan en la pertinencia, al menos por ahora, de proceder a un impeachment.

Desde que los demócratas asumieron la mayoría en la Cámara de Representantes se ha discutido ese dilema, y hasta ahora ha prevalecido, pese a creciente oposición interna, la posición de Pelosi y el centro de que un impeachment contra Trump sería inútil si no se cuenta con pruebas y elementos contundentes que motiven a suficientes senadores a condenar al presidente.

Esto porque la Cámara baja autoriza el inicio del proceso de destitución y formula las acusaciones, pero es el Senado el que dictamina si el presidente es o no culpable y si debe o no ser destituido. Y dado que actualmente el Senado es de mayoría republicana, el planteamiento de Pelosi es una medida de realismo político, si bien no guste a muchos que quisieran ya comenzar un proceso contra Trump.

Y se ha dicho que un impeachment que al final fracase en el Senado podría dar nueva fuerza política a Trump y atizaría el activismo y la movilización electoral de sus seguidores.

El planteamiento de la líder demócrata también incluye el esperar a que el trabajo de los diversos comités que investigan a Trump y su entorno en diversos aspectos, incluida en ello la próxima comparecencia de Robert Mueller, exfiscal especial sobre la injerencia rusa en las elecciones de 2016, aporte en su caso pruebas y razones sustantivas que permitan, en esa lógica, iniciar un proceso de destitución contra el presidente que, en la hipótesis de que se cuente con evidencia devastadora, tendría apoyo republicano suficiente para imponerse en el Senado.

Todo ello, ciertamente, es una especulación, pues es incierto lo que esos comités (u otras instancias) lograran revelar o probar y el efecto que ello tendría en los senadores republicanos. En contrapartida, muchos demócratas creen que el impeachment es un imperativo moral y que la citada estrategia del liderazgo no es apropiada para encarar la abrasividad de Trump.

La demócrata Nancy Pelosi, líder de la Cámara de Representantes, logró frenar en el pleno una moción para iniciar un proceso de destitución de Donald Trump. Ella favorece esperar a que los comités que investigan al presidente aporten resultados y evidencia. (Tasos Katopodis/Getty Images)

Así, ante la resolución para abrir un proceso de impeachment contra Trump presentada por Green, la moción para no proceder con ella ganó ampliamente en la Cámara baja, con 332 votos a favor y 95 en contra. Los segundos demócratas y los primeros un grupo bipartidista motivado, en el caso demócrata (137 votos), por la citada lógica de Pelosi y el resto (195) republicanos defensores del presidente.

Una votación que evidencia la aguda división dentro del Partido Demócrata al respecto (y que existe también en otros asuntos, por ejemplo el proyecto de un sistema público universal de salud, el radical plan contra el cambio climático New Green Deal o el rechazo al financiamiento corporativo o de grupos de interés en las campañas políticas). Tal fue el peso del no a iniciar ahora un impeachment que, al parecer, Pelosi ni siquiera aceptó que se aprobara pasar la resolución de Green a comités y optó por frenarla de tajo.

Y aunque en realidad no se votó la improcedencia del impeachment, sino solo sobre una moción para no proceder con una votación directa al respecto, Trump, por lo pronto, ya ha festinado el fracaso de este primer intento de destitución. Y es de suponer que no se quedará con los brazos cruzados y redoblará su estrategia de demonizar a los demócratas, sobre todo a los más contestatarios, y de plantear la campaña rumbo a las elecciones de 2020 en los rudos polarizantes y estigmatizantes en los que se ha expresado en contra de sus críticos y opositores.

Con todo, eso no significa que no se proseguirá con la investigación y la censura legislativa al presidente en varios temas críticos y el impeachment bien podría proceder en la Cámara baja si las investigaciones en comités, y la voluntad del liderazgo de Pelosi, confluyen con fuerza sustantiva o si nuevos escándalos de Trump inclinarán esa dura balanza.

Este fallido intento de impeachment tiene, con todo, singular relevancia, tanto por ser el primero que formalmente llega a ser sometido a un procedimiento legislativo como porque refleja el agitado pulso, en uno u otro sentido, dentro de los demócratas. Pelosi ha logrado por el momento contener los impulsos más radicales, no por favor a Trump sino, es de suponer, en aras de tejer una estrategia efectiva para sacarlo de la Casa Blanca que, hasta el momento y a reserva de las investigaciones en comités y en otras instancias, resulta en esa lógica más viable por la vía electoral que por el proceso de destitución legislativa.