Castillo o el arte de la supervivencia por sorpresa

Lima, 28 jul (EFE).- Era un secreto a voces: la mayoría de los peruanos pensaba que Pedro Castillo no sobreviviría 365 días como presidente. Sin embargo, el mandatario ha superado todos los pronósticos y lleva en el cargo un año, durante el cual ha aguantado los duros embates de la oposición, mientras la situación política se hunde en el descrédito ciudadano.

Y lo ha hecho con notables bandazos que le han llevado a contar con medio centenar de ministros y cuatro gabinetes, prueba de su impericia en la política nacional que ha derivado, incluso, en la apertura de varias investigaciones por corrupción en su contra.

Todo ello, pese a que la Constitución peruana solo recoge la posibilidad de procesar al presidente mientras ejerce el cargo por casos de traición a la patria o impedir las elecciones.

El maestro rural, que se impuso por sorpresa y apenas por 44.000 votos a la derechista Keiko Fujimori, ha conseguido sobrepasar la barrera del primer año sin que muchos de sus opositores se lo expliquen.

UN PRESIDENTE CON ESCASA FORMACIÓN

El politólogo y profesor de la Pontificia Universidad Católica de Perú (PUCP) Eduardo Dargent explica a Efe que Castillo "es el presidente, tal vez, menos preparado políticamente y técnicamente para gobernar" que ha tenido el país andino.

El jefe de Estado procede "de una dirigencia sindical muy precaria, muy débil, sin una discusión grande de política, de ninguna forma".

"No es un Lula, no es un Evo, no es un dirigente peronista que ha tenido una carrera política o un sindicato fuerte, que ha negociado con actores de poder, que se ha socializado políticamente, sino una persona que venía de un sindicato de maestros, que son sindicatos que tienen una relación con el Estado de un ámbito rural, sin una vida política de alto nivel, de debates, peleas, negociaciones", sostiene.

A eso se suma una "experiencia muy patrimonialista en la forma de entender la política" que no es "solamente inexperiencia, sino lo que él entendió como una suerte cuoteo (reparto de cuotas de poder) para cubrir a la gente que lo había apoyado, errores que no comete un político de más nivel".

"Inexperiencia, pero, además, una comprensión de la política que, para decirlo de alguna manera, hasta un pillo hubiese tenido más cuidado", subraya.

Esa falta de pericia ha pesado a un presidente que, por momentos, se ha mostrado desorientado en los pasos a seguir y al que sus apuestas personales le han fallado con frecuencia.

LA INESTABILIDAD COMO FORMA DE GOBIERNO

Para Adriana Urrutia, presidenta de la Asociación Civil Transparencia, hacer un balance del primer año obliga a observar los "indicios claros de desmantelamiento" de un elemento "fundamental para la democracia".

"El primero es la del Estado y su capacidad, porque la alta rotación de funcionarios implica cada vez la reconfiguración de los equipos que conforman estos sectores y, en el caso específico de este Gobierno lo que se viene señalando desde el mes de diciembre es que este Gobierno ha incumplido la promesa de nombrar a personas idóneas en los cargos", subraya.

Esos nombramientos, la mejor prueba de los vaivenes, han supuesto otro núcleo de problemas, al incluir en su Gobierno a ministros de diferentes perfiles políticos que han abarcado la izquierda afín al marxismo más ortodoxo, sectores progresistas, centristas e, incluso, de la derecha más radical.

Un arco ideológico difícil de explicar a sus simpatizantes y votantes.

Por si fuera poco, desde que comenzó su mandato, Castillo ha mostrado serias dificultades de comunicación y se han sucedido los errores y lapsus frente a un micrófono que le han alejado de mostrar una imagen sólida como jefe de Estado.

Entre tanto, ha ido cambiando y modulando sus alianzas en un Congreso, de mayoría opositora, que se ha mostrado feroz en la crítica en su contra.

Allí ha ido colonizando espacios y alianzas que hace un año se antojaban difíciles con el objetivo de que no prospere una moción de vacancia (destitución).

Para atajar un futuro estable, necesita sostener esas alianzas y para eso, según comenta la analista política en el Ministerio del Interior Gelin Espinoza, la oposición "tendría que negociar un poco más con los partidos de izquierda o más de centro para llegar a los votos" necesarios.

"Ya sabemos que hay un gran bolsón (de votos) que apoya la vacancia presidencial y las denuncias constitucionales que se tienen", recuerda.

En todo caso, Espinoza pronostica que, si Castillo "no cambia de asesores o no asume los errores que ha estado cometiendo", no habrá gobernabilidad en un país que ha conocido a cinco presidentes desde 2016.

"Creo que las situaciones de desgobierno van a seguir y bajo este escenario yo creo que Castillo va a terminar siendo vacado o quizás el mismo decida renunciar, pero, a este paso, nos esperan días bastante grises para el Perú", concluye.

Esa sería la enésima tormenta para un Castillo que ha sido capaz de sobrevivir 365 días para sorpresa de muchos. Incluso de sus aliados originales.

Carla Samon y Gonzalo Domínguez Loeda

(c) Agencia EFE

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