Al castigar a Disney World, DeSantis también afecta los bolsillos de votantes | Opinión

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Mil veces prefiero la magia y el derroche de capitalismo de los parques de Disney World que los excesos fascistas del gobernador de la Florida Ron DeSantis. Y aquí estoy de visita en Epcot, felizmente luciendo orejas de ratón tontas y floreadas en mi cabeza para transmitir mi entusiasmo.

Vine para tener una idea de cómo afectan al operador de parques temáticos más famoso del mundo la difamación por parte de DeSantis y sus acciones vengativas contra el icónico Disney, además del boicot instigado por los MAGA con sus guerras culturales ficticias y la difusión de las mentiras de QAnon sobre pedófilos que manejan el lugar.

La respuesta corta: No mucho, salvo que sus acciones en la bolsa tienden a la baja.

Sus parques temáticos e instalaciones hoteleras están tan llenas de gente y tan caras como siempre (a menos que se llegue antes de las 9 a.m., como lo hice yo).

Duele el costo de $148.09 para residentes de la Florida por un pase de todo el día a un solo parque, más $25 para estacionar el auto.

Nadie está regalando nada.

De hecho, solo Epcot, que presenta su Festival Anual de Flores y Jardines, tenía disponibilidad este domingo si no habías comprado las entradas con anticipación.

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Magia vs. política

En cuanto a la atmósfera y por lo que se paga, que es suspender la incredulidad en todo lo que no sea diversión en familia y la creación de recuerdos (y también deliciosas bebidas para adultos) Disney continúa haciendo honor a su reputación como “el lugar más mágico de la Tierra” desde el momento en que Minnie y Mickey te dan la bienvenida.

Olvidarás de que existe el COVID. Durante todo el día solo vi unas pocas personas que llevaban mascarillas.

Vacunada y con mi dosis de refuerzo, tampoco me puse mascarilla, aunque me llevé dos por si me sentía incómoda. Era la primera vez que estaba en una multitud tan grande desde 2019. Pero pensé que, si recientemente me habían obligado a sentarme durante horas en el servicio de jurado con docenas de personas, hombro con hombro con un tipo que tosía, sobreviviría junto a mi familia amante de Disney el teatro francés de fantasía donde el público es invitado a cantar canciones de “La Bella y la Bestia.”

“La Florida ya declaró que se acabó el COVID”, dijo mi hija.

La pandemia de COVID-19 puso a prueba la rentabilidad de administrar este conglomerado de parques y centros turísticos similar a una ciudad, construido, no en terrenos públicos como en Miami donde los políticos han decidido ubicar el complejo del estadio de fútbol, sino mediante compras hechas a la antigua de terrenos en 1965, lo cual resultó muy rentable para los floridanos que los poseían.

Aunque la empresa mantuvo empleada a parte de su fuerza laboral cuando cerraron sus parques, COVID cambió la vida de miles que perdieron sus trabajos o fueron suspendidos. Ahora que los floridanos y los parques se están recuperando, llega el gobernador de la Florida con vocación de dictadorucho, y el Partido Republicano que lo apoya ciegamente, a zarandear las operaciones.

Han castigado a Disney por sus opiniones en apoyo de la comunidad gay eliminando la Ley de Mejoramiento de Reedy Creek de 1967 que le permite a Walt Disney World Resort funcionar como un distrito fiscal autónomo e independiente.

Es como si DeSantis fuera un ruinoso primo político de Fidel Castro, confiscador de industrias y negocios.

La gente está enojada

Pero el rabioso DeSantis puede haber calculado mal las matemáticas políticas cuando tomó represalias contra la decisión corporativa de Disney de poner fin a las donaciones políticas a los que odian como odia DeSantis a los gays. Eso es lo que debería hacer un lugar de trabajo inclusivo a la luz del cruel ataque del estado a la educación y a la atención médica de los niños homosexuales y transgénero.

DeSantis ya tenía la reputación de ser un demagogo, pero ahora no solo ha enojado a los homosexuales y sus aliados en todo el país, sino también a los amantes de los parques de Disney y a los contribuyentes de Orange y Osceola, los condados de ambos lados de la parcela de 39 millas cuadradas de Disney.

DeSantis ya está recibiendo críticas de los líderes y residentes del Condado Orange, quienes verán un muy considerable aumento en los impuestos si tienen que pagar la factura de las tonterías dogmáticas del Partido Republicano.

Los contribuyentes pueden heredar más de $1,000 millones de deuda en bonos que tendrían que pagar si el estado rompe el acuerdo de Reedy y se disuelve el distrito fiscal especial. Esto significa, dicen los expertos, un aumento estimado de $2,200 al año por familia promedio de cuatro hasta que se paguen los bonos.

El alcalde del Condado Orange, Jerry Demings, dijo en una conferencia de prensa la semana pasada que revocar el distrito especial sería “catastrófico” para el presupuesto del condado y para los contribuyentes, quienes asumirían el costo de pagar servicios como bomberos y policía que ahora cubre Disney al 100%.

El Condado Orange tiene 854,911 votantes registrados; Osceola, 244,055 votantes.

DeSantis, candidato a la reelección en noviembre, ganó la contienda por la gobernación de 2018 por 32,463 votos.

Mientras saboreas una mimosa de $8.95 a la vista de la Torre Eiffel de Epcot en el pabellón de Francia, piensas que la venganza puede costarle su empleo.

El gobernador puede descubrir que ni siquiera un discípulo de Trump puede competir con cosas como los fuegos artificiales de fibra óptica en la cabecera de la cama Ariel de los niños en un hotel de Disney. Ni tampoco, con el viaje Epcot Test Track, donde puedes diseñar tu propio auto de fantasía y luego, de verdad, tomar una curva vertiginosa a 65 millas por hora.

Hasta ahora, la política extremista de DeSantis y las falsedades de los fanáticos no parecen estar haciendo mella al atractivo de Disney. Pero los equipos legales, de cabildeo y de relaciones públicas de la compañía están trabajando horas extras para contrarrestar la intromisión de la Legislatura republicana, tan doblegada a DeSantis que ni siquiera leyó el contrato antes actuar.

Están muy confiados en que nada vence a DeSantis, pero tal vez los votantes afectados en los bolsillos le pasan la factura en noviembre.

Oh, la lá.

Es un consuelo pensarlo mientras te tomas una margarita clásica artesanal de $15 con tequila reposado.

¡Viva Disney!

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