‘Cartas a Pedro’, un esfuerzo para dar a conocer los crímenes cometidos por regímenes totalitarios

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La editorial madrileña Verbum, con amplio catálogo de literatura cubana, acaba de publicar la novela de Janisset Rivero (Camagüey, 1969) Cartas a Pedro. La autora salió adolescente de Cuba, vivió en Venezuela, en donde se licenció en Comunicaciones y Publicidad y estudió, más tarde, en la Universidad Internacional de la Florida.

Conozco a Janisset Rivero de la época en que trabajaba activamente en el Directorio Democrático Cubano, una organización en favor de los derechos humanos en Cuba de amplia labor en denunciar los atropellos del régimen y en apoyar a los disidentes y prisioneros políticos de la Isla.

Este tema, en el que la autora ha estado muy implicada, ha marcado su obra literaria y, en particular, su primera novela recién publicada. Con anterioridad, había sacado a la luz dos poemarios: Ausente y Testigos de la noche, y muchos de sus poemas habían sido incluidos en varias antologías como La ciudad de la unidad posible, en las ediciones Ultramar.

En Cartas a Pedro, la acción transcurre en un país bajo un sistema totalitario, en que un hombre (Pedro) ha sido condenado por sus ideas políticas y se convierte, una vez en la cárcel, en preso de conciencia. Las cartas que recibe en la prisión se convierten, por así decirlo, en la única prueba de su martirio, a la vez que en el acta de acusación contra los desmanes de aquel régimen que viola los más elementales derechos humanos.

Janisset Rivero
Janisset Rivero

En la trama, los personajes intentan sobrevivir en medio de la vigilancia extrema. Desconfían unos de otros. Tienen miedo, como también lo tienen los represores a la paga del tirano. Los que conocen la existencia de estas cartas intentan evitar que caigan en manos de la policía política, al corriente de su existencia. El preso lleva a cabo una larga huelga de hambre, y las cartas que ha recibido son el único testimonio palpable de lo que ha sufrido detrás de los barrotes, de la desesperación de su madre, de su novia, de los pocos amigos que permanecen fieles.

Hay muchas coincidencias entre esta historia y la del preso político cubano Pedro Luis Boitel. Rivero conocía las cartas que Boitel había recibido en la prisión del Castillo del Príncipe en que vivió sus últimos días antes de fallecer, un 25 de mayo de 1972, a los 39 años de edad, tras una larga huelga de hambre. El reo había luchado contra la dictadura de Fulgencio Batista, se había exiliado en Venezuela y regresado a La Habana tras el triunfo de la revolución de 1959. Inmediatamente se incorporó a las actividades de la Federación Estudiantil Universitaria, organización estudiantil de la cual fue electo presidente, puesto que le fue inmediatamente arrebatado por el propio Fidel Castro quien puso en su lugar al comandante de su guerrilla Rolando Cubelas (quien también será, ironías del destino, condenado en 1966 a 25 años de cárcel por alta traición al régimen dictatorial). En Cuba, como sabemos, se reparten años de cárcel con una facilidad extraordinaria.

A Boitel, se le condenó a 10 años de prisión, por desacato y por sus actividades contra el castrismo, pero una vez que cumplió la sentencia las autoridades decidieron prolongar su condena, un hecho que fue denunciado como violación de los derechos humanos por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Tras 53 días de huelga de hambre, Pedro Luis Boitel murió en su celda del Castillo del Príncipe, ante la indiferencia del mundo y el desconocimiento del pueblo de la isla que no tenía más información que la controlada por el único Partido. Fue sepultado en una tumba sin nombre en el cementerio de Colón, en La Habana.

Aunque Rivero no ha deseado que sus Cartas a Pedro sean exactamente las recibidas por el mártir de la lucha contra la dictadura castrista, los paralelos son inevitables. La autora se inspiró en su vida y quiso rendir tributo a todos los que como él han padecido la ignominia y el horror sin otro recurso que servirse de su propio cuerpo como único instrumento de protesta. Es por eso que en su novela se evitan los nombres de países, ciudades, prisiones, organizaciones, toponimias, calles, lugares comunes, e incluso, se cambian los apellidos y hasta los patronímicos de los personajes que tuvieron que ver directamente con la verdadera historia del otro Pedro.

Cartas a Pedro es un esfuerzo más para dar a conocer los crímenes cometidos con toda impunidad por regímenes totalitarios del mundo entero. Su prosa es límpida, el tono íntimo y aunque conocemos de antemano el desenlace de la trama no por ello perdemos interés en la lectura ni tampoco la esperanza de que ocurra un milagro que salve al personaje. Y ese es, entre otros, uno de los logros de la novela: el hacernos sentir plenamente la esperanza y la fe en un futuro mejor.

La novela será presentada por primera vez el viernes 14 de enero de 2022, en la tertulia La Otra Esquina de las Palabras que lleva a cabo el poeta Joaquín Gálvez, en el Museo de la Diáspora Cubana, en el 1200 de Coral Way, Miami.

William Navarrete, escritor cubano establecido en París.

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