Carta a mis amigos conservadores

Nicholas Kristof
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YAMHILL, Oregon — Esta es una carta abierta a algunos de mis viejos amigos y vecinos que creen que Donald Trump ganó la reelección, piensan que los cubrebocas son para cobardes y temen que los demócratas están conspirando para quitarles su libertad.

Queridos amigos y vecinos:

¡Calma! Nosotros los liberales no estamos conspirando para arrestarlos y llevarlos a “campos de reeducación”.

Quedé horrorizado cuando un par de viejos amigos me preguntaron si estaban en riesgo por haber apoyado a Donald Trump. De manera gentil les dije que no corrían peligro y me asombró que se sintieran muy aliviados al escuchar eso.

Sí, sé que Fox News está difundiendo disparates sobre que los demócratas están organizando campos de reeducación y que una columna del Wall Street Journal hizo la pregunta: “Si fuiste un partidario entusiasta de Donald Trump, ¿estás listo para entrar a un programa de reeducación?”.

Amigos, están siendo engañados. Otra vez.

Estos son algunos de los mismos charlatanes que argumentaron el año pasado que, tal como dijo Fox News, el coronavirus es “igual que la influenza” y que exigir el uso de cubrebocas es un paso hacia la “tiranía”. Luego de más de 400.000 fallecimientos por coronavirus, es un hecho que algunas personas están muertas por haber creído esa estupidez.

Luego vinieron los disparates sobre las elecciones. Este mes, pocos días antes de la investidura presidencial de Joe Biden, un amigo de la infancia me aseguró con plena confianza que Trump iba a colarse en el último minuto para empezar su segundo mandato. Cuando le dije que estaba equivocado, se mostró asombrado de que yo estuviera tan mal informado y de manera amable me aconsejó: “No le prestes atención a esos mentirosos de los principales medios de comunicación”.

Han sido engañados, explotados y manipulados por estafadores que ondean banderas, difunden mentiras y monetizan el fanatismo. Steve Bannon, quien sugirió decapitar a Anthony Fauci, timó a los seguidores de Trump cuando les pidió que donaran para construir un muro fronterizo y luego utilizó parte del dinero para sí mismo, según una acusación federal.

En nuestra propia granja familiar recibimos un llamado de advertencia por correo directo alertando sobre “el islam en las escuelas de Yamhill” que pedía donaciones para proteger el cristianismo. No, esto no se trata de valores conservadores, sino de propagar el odio y la histeria mientras agarran tu billetera.

Así que démosle a Estados Unidos la oportunidad de sanar. Y, así como les dije a mis preocupados amigos, no duden en defender sus valores conservadores. ¡Necesitamos republicanos! A Estados Unidos le conviene tener una oposición leal.

Por ejemplo, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades pidieron esta semana un mayor esfuerzo para mantener abiertas las escuelas. En ese tema, los republicanos han tenido una visión más acertada que muchos demócratas.

Pero, así como hace medio siglo no necesitábamos el ala racista de George Wallace en el Partido Demócrata, hoy no necesitamos el ala del Partido Republicano que se adhiere a las teorías de la conspiración y coquetea con la violencia.

Y ahí entra la gran pregunta: sin esa ala del Partido Republicano actual, ¿qué queda?

He aquí un vistazo al dilema: la representación republicana en el Congreso va a perder a Rob Portman, un senador ampliamente respetado que anunció que renunciará, y acaba de obtener a la representante Marjorie Taylor Greene, una extremista que en 2019 apoyó la idea de asesinar a Nancy Pelosi con un disparo a la cabeza. Cuando un partido pierde a un estadista y gana un chiflado, es un mal presagio.

Mientras tanto, el Partido Republicano de Hawái recomendó esta semana escuchar la intervención de “alta calidad”… de un negacionista del Holocausto. El expresidente de la Cámara de Representantes Newt Gingrich advirtió en Fox News que los demócratas están tratando de “exterminar a los republicanos”. Sí, los demócratas a veces dicen y hacen estupideces, pero no hay comparación alguna.

A mi modo de ver, la última y mejor esperanza es dual. En primer lugar, los líderes republicanos deben entender que el extremismo es una estrategia perdedora. Solo un candidato presidencial republicano ha ganado el voto popular en las últimas tres décadas y el chiflado Partido Republicano de Arizona ha perdido cerca de 10.000 miembros desde los disturbios en el Capitolio de Estados Unidos y su censura a viejos líderes del partido como Cindy McCain. Si Trump sigue siendo desacreditado a través de procesos legales o escándalos, es posible (aunque para nada seguro) que disminuya su influencia maligna sobre el partido.

En segundo lugar, para frenar ese extremismo, los anunciantes y patrocinadores deberían dejar de apoyar a las cadenas que difunden mentiras y odio y las empresas de cable deberían eliminar los canales que persisten en hacerlo. Como punto de partida, no deberían obligar a las personas a subsidiar a Fox News incluyéndolo en sus paquetes básicos de servicio.

¿Es un camino peligroso? Sí, y me revuelve un poco el estómago. Pero todos reconocemos que hay líneas rojas: los neonazis y líderes del Ku Klux Klan tienen derechos de la Primera Enmienda, pero no deberíamos pagar para darles micrófonos, así como los comentaristas de izquierda o derecha tampoco deberían tener megáfonos para promover la violencia. Los extremistas tienen libertad de expresión, pero no deberían estar financiados por los anunciantes ni por nuestras tarifas de cable.

Así que, amigos conservadores, no teman: no estamos conspirando para encerrarlos en campos de detención. Necesitamos que nos mantengan con los pies en la tierra. Pero han sido estafados de formas que han perjudicado al país que todos amamos. Asegúrense de que rindamos cuentas, pero, por favor, hagan lo mismo con los charlatanes que los engañaron, usaron y traicionaron.

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This article originally appeared in The New York Times.

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