Carta de un ciudadano a Beatriz Gutiérrez Müller, esposa de AMLO

(AP Photo/Eduardo Verdugo)

Doctora, buenos días:

Deseo pedirle que lea la presente de principio a fin. Para ello, quiero adelantarle que no soy ningún enemigo de su cónyuge -Andrés Manuel López Obrador-, no pertenezco a mafia alguna, no me pagan para atacarlo, no hago guerra sucia ni nada por el estilo. Con todo y que pertenezco a los que piensan que la objetividad es imposible, lucho por ella. Así que, aquí le digo…

¿Qué me mueve?, esto: es una lástima que AMLO, quien concentra tan abrumadora adhesión de gran parte del pueblo mexicano, incurra en cosas como las que le voy a mencionar enseguida; máxime que es muy posible que él sea el próximo presidente de este país… y usted es la persona más cercana a él.

Por eso es que le escribo, doctora.

También me mueve que en el programa “Tercer grado” del pasado jueves 3 –al que tomo para ejemplificar mis observaciones-, él expresó que le han recomendado que no hable más de la mafia del poder, pero que lo haría de todos modos. Es decir: que él tiene presente a la hora de la hora a sus asesores, pero que de todos modos sigue sus impulsos (“Lo saben mis cercanos, mis adversarios, soy terco, soy necio (…)”, dijo en otro momento).

Eso es malo.

¿Por qué? porque dado que es el puntero, pensábamos que, si sigue así, y llega, tiene buenos asesores que lo moderarán; pero si no les hace caso, puesto que es terco confeso, estamos lucidos.

Y hablando de moderadores, en el programa que le menciono, borró al moderador, ¿eh? No es la primera vez que lo hace, quizá porque cuando toma vuelo quiere aprovecharlo (o sea: se topa con una de sus fórmulas y nos la receta de nuevo. Pero he aquí que, aunque venga al caso, ya se la oímos 20 veces; la misma, y debe evitar aburrirnos). Pues no: es preciso, pues, seguir al moderador –más aún si este tiene de bueno que no gasta tiempo en protagonismos-. En este mismo sentido, es necesario dejar que completen su idea los entrevistadores, quienes estaban haciendo un esfuerzo de concisión, sabedores de que corrían el riesgo de que no los dejara –incluso nunca- terminar. Y, en ese mismo orden, casi brincó cuando, en un plano de propuestas, se le dijo que él proponía lo mismo que
otros candidatos en materia de seguridad. Más tarde, pidió disculpas, tal vez porque usted se lo aconsejó por Whatsapp (por cierto que aconséjele que haga lo mismo con Slim y con Roberto Hernández, toda vez que declaró que erró al descalificarlos recientemente). Pero, por si no fuera poco, dijo que el combate a la pobreza –al que todos consideran solución contra la criminalidad, sí, pero de largo plazo- ¡en cosa de un año daría resultados!

¿Ve usted, doctora?

Insisto en eso de acaparar la palabra: si se tratara de ideas nuevas, o no nuevas, pero dichas de una manera novedosa, estoy de acuerdo; pero, doctora, repetía sus clichés; y no de esta campaña, sino de años ha: “Con el pueblo todo, sin el pueblo nada”; “ Al margen de la ley, nada; por encima de la ley, nadie”; “La mejor política exterior es la interior”, además de decir exageradas veces “yo fui jefe de gobierno”. Solo hubo un estribillo reciente, aunque no lo estrenó ahí: “no quieren perder el privilegio de mandar.”

Respecto a aquello de llegar y marcharse del primer debate sin saludar de modo alguno a sus alternantes; fíjese, doctora, que por un momento pensé que traía consigo una explicación que nos tapara la boca a los que deploramos aquella actitud: no, señora, aceptó que lo que vimos fue, y lo atribuyó a que no es hipócrita. ¿Qué no eso mismo –me pregunto- ha hecho Trump –modelo de falta de maneras-, hasta con la Merkel?, ¿qué no el presidente es/debe ser el más diplomático de su país?

Julio Hernández López -al que nadie podría tachar de antiAMLO, como conmigo ya lo están haciendo seguramente algunos-, lo escribió de esta manera, hablando del segundo debate: “(…) podría consolidar la ventaja de López Obrador si funciona el acuerdo interno de que el tabasqueño se muestre más agresivo, no deje acusaciones sin contestar y se prepare especialmente para ese encuentro (es decir, que no se dedique un día antes a pegar estampas en un álbum futbolero ni se agache ante las cámaras para buscar o acomodar documentos; que llegue descansado, (…) y evite retirarse del escenario con aire de enojado.”

Es todo, apreciable doctora. Vea usted, por favor, si alguno de los puntos se aparta de la verdad objetiva; si así fuera, por favor, tire esta carta a la basura.

hectorosoriolugo2013@yahoo.com.mx

 

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