Carrera por la Presidencia interina en Sri Lanka: tres candidatos pugnan por suceder a Rajapaksa

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AFP - ARUN SANKAR

El 20 de julio, mediante una votación secreta en el Parlamento, el actual presidente en funciones, Ranil Wickremesinghe, nombrado por el derrocado Gotabaya Rajapaksa como su sucesor temporal y denostado por parte de la sociedad, se medirá junto a otros dos candidatos para convertirse en mandatario interino. Sajith Premadasa, líder de la oposición, se retiró de la carrera presidencial. El futuro jefe del Ejecutivo deberá hacer frente a un país sumido en una crisis transversal.

El presidente de Sri Lanka, Mahinda Yapa Abeywardena, anunció que a las 10:00 a.m. (hora local) del miércoles, los 225 parlamentarios esrilanqueses votarán, de forma secreta, para elegir al sucesor interino del presidente derrocado Gotabaya Rajapaksa, que la semana pasada abandonó el país con destino Maldivas y el viernes, 15 de julio, ya desde Singapur, anunció mediante un correo electrónico su renuncia al cargo tras una escalada de la tensión y la protesta social en contra del Gobierno que lideraba.

Ahora, son tres los candidatos que han logrado las nominaciones y apoyos del Legislativo para comandar la nación insular: el primero -y más polémico- es Ranil Wickremesinghe, que rige estos días como mandatario en funciones tras ser nombrado por Rajapaksa como su sucesor temporal.

Wickremesinghe tiene el respaldo del Podujana Peramuna (SLPP), la mayoría de la formación gobernante. Pero a ese partido le salieron escisiones, como la que lidera Dullas Alahapperuma, miembro de ese mismo bando político, pero que en esta pugna presidencial actúa al margen de la doctrina del SLPP.

Anteriormente fue portavoz del Gobierno y ha ocupado varias carteras ministeriales en Ejecutivos anteriores, como las de Información y Medios de Comunicación; Deportes y Energía. No obstante, no se le considera una de las piezas clave del partido.

Alahapperuma cuenta con el favor del principal líder de la oposición, Sajith Premadasa, que en horas de la mañana de este martes anunció su renuncia como candidato, pese a ser, quizá, el mejor postulado.

"Por el bien de mi país, al que amo, y de la gente a la que aprecio, retiro mi candidatura al puesto de presidente", afirmó a través de un escueto mensaje de Twitter.

A la carrera se suma Anura Kumara Dissanayake, cabeza del Janatha Vumukthi Peramuna (JVP) en representación de la coalición izquierdista Fuerza Popular Nacional, que ya se presentó a la Presidencia en los comicios de 2019.

Aboga por medidas de calado en los primeros seis meses de mandato: “Podemos estabilizar el país rectificando las causas principales de la crisis económica. A partir de entonces, celebraré elecciones generales y nombraré un nuevo Gobierno con el mandato de la ciudadanía”, dijo el candidato a un medio local.

Quien salga elegido de entre los parlamentarios tomará las riendas de Sri Lanka durante, al menos, los próximos dos años y cuatro meses restantes de la legislatura del expresidente Rajapaksa, antes de que la nación insular asiática vaya a las urnas.

Wickremesinghe lidera... las polémicas

Ranil Wickremesinghe, de 73 años, fue nombrado por Rajapaksa como premier en mayo después de que su hermano, Mahinda Rajapaksa, expresidente y ex primer ministro, tuviera que presentar su renuncia en el fragor del descontento social, apuntalado por una severa crisis económica y de escasez de productos básicos.

Entonces, también se posesionó como titular de la cartera de Economía, pasando a ser el referente público de la muy dañada situación de liquidez que enfrenta el país.

Wickremesinghe es un político de vieja data: cuenta con una amplia trayectoria en materia diplomática internacional y en el transcurso de su dilatada experiencia política ha sido seis veces primer ministro.

Sin embargo, su estrecha relación con la familia Rajapaksa, a la que buena parte de la sociedad esrilanquesa considera el germen de todos los males que sacuden hoy al país, hace que su candidatura suscite recelos no solo entre la ciudadanía, sino entre las formaciones opositoras, que ven en él la estela de quienes llevaron a Sri Lanka al caos.

Desde que asumió como presidente en funciones, Wickremesinghe ya ha decretado dos estados de excepción, el último el lunes, puesto en marcha, de acuerdo con la orden extraordinaria, "en interés de la seguridad pública, la protección del orden público y el mantenimiento de suministros y servicios esenciales para la vida de la comunidad".

La medida, que volvió a encender las calles de la capital, Colombo, con protestas en contra el presidente interino, supone el reforzamiento de la seguridad en las instituciones públicas por parte de las Fuerzas Armadas y otros cuerpos de seguridad, con vistas en garantizar que no ocurra como el pasado 9 de julio, cuando miles de manifestantes rompieron todos los cordones de seguridad y asaltaron el palacio presidencial, una escena que se replicó días después en la residencia del primer ministro, que entonces ocupaba Wickremesinghe.

En los últimos días, las célebres consignas que se popularizaron durante los últimos meses de marchas han pasado de "Go Home Gota" ("Vete a casa Gotabaya") a "Go Home Ranil", siendo el actual mandatario el objetivo de la furia de los centenares de personas que están presentes día tras día en las calles del país.

"Solo quiere mantener el poder a como dé lugar, no quieren entregar el poder e irse, esa es una política simple y básica, no quieren irse", manifestó a la Agencia EFE una de las personas presentes en las protestas en relación a Wickremesinghe.

"El toque de queda y el estado de emergencia han perdido ya su significado, porque todo el tiempo usan esta intimidación o tácticas de terror, despliegan a los militares para mostrar su fuerza, arrestan personas o las golpean, esto parece una demostración de miedo", dijo otra de las manifestantes.

Para las centenares de personas que se rehúsan a abandonar el espacio público para dar muestra de su rechazo a la clase política gobernante, la estrategia de Wickremesinghe pasa por mantenerse en el poder a toda costa, algo que podría materializarse, al menos de momento, si el miércoles el candidato oficialista obtiene la mayoría de los apoyos en el Legislativo esrilanqués.

A pesar de su impopularidad, este martes el Tribunal Supremo desestimó una petición contra el estatus de Wickremesinghe como legislador, avalando su candidatura presidencial.

Gane quien gane, presidir Sri Lanka no será tarea fácil

La crisis política en la nación asiática, que en las últimas semanas forzó la salida de Gotabaya Rajapaksa, no es sino una consecuencia de la debacle económica que sufre el país desde hace meses, situándose como el momento más convulso desde su independencia del Imperio británico en 1948.

Aunque la tensión social ha sido creciente desde el mes de marzo, la situación de coma financiero que atraviesa Sri Lanka se ha venido gestando durante años. Elementos como las consecuencias de la pandemia de Covid-19 o la guerra en Ucrania han servido, eso sí, como aceleradores del desastre.

En 2009, tras la victoria del Gobierno esrilanqués sobre el grupo rebelde Tigres de la Liberación Tamil, que durante 25 años reclamó la creación de un estado independiente para la minoría tamil y gestó una cruenta guerra civil, las autoridades del Estado apostaron por una economía basada en las importaciones.

La dependencia de los insumos externos fue acrecentando el déficit de la balanza comercial; aunque el turismo, uno de los pilares esenciales de la economía nacional, seguía permitiendo potenciar las reservas de divisa extranjera y, con ello, mantener el valor de la moneda local.

Pero los atentados del autodenominado Grupo Estado Islámico en el país en 2019, con un balance de 290 víctimas mortales, y la llegada de la pandemia en 2020, supusieron una estocada fatal para el sector turístico. Así las cosas, las reservas de divisas se redujeron de 7.600 millones de dólares, en 2019, a unos 250 millones en la actualidad.

En 2021, el Ejecutivo de Rajapaksa prohibió las importaciones de fertilizantes químicos, obligando a los agricultores locales a utilizar fertilizantes orgánicos en su lugar, lo que mermó notablemente el rendimiento de los cultivos, que incrementó la demanda al exterior, pero ya con una moneda local muy devaluada y unas reservas extranjeras casi inexistentes.

Esta situación, puesta en el contexto pospandémico y agravado por la guerra ruso-ucraniana, han llevado a la nación al impago de la deuda extranjera, lo que ha generado la desconfianza de inversores y la continua devaluación de la rupia. Con estos ingredientes, importar recursos básicos en el mercado internacional es cada vez más difícil, con unos precios muy elevados por la inflación y la escasez a escala global.

De puertas para adentro, la inflación del 50% y el ínfimo acceso a alimentos, medicamentos o combustibles fueron la mecha que prendió el estallido social. En junio, el Gobierno llegó a prohibir la venta de gasolina y gasóleo a vehículos no esenciales durante dos semanas, así como promovió el teletrabajo y cerró escuelas para no consumir todas las reservas.

Con una deuda de más de 51.000 millones de dólares a prestamistas extranjeros, el futuro presidente tendrá que seguir las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional, que podría conceder un préstamo de 3.000 millones de dólares a la nación insular asiática; y también deberá plantear una estrategia de reestructuración de la deuda, ambos pasos esenciales para dar alguna esperanza de futuro a los 22 millones de esrilanqueses.

Con EFE, AP y medios locales

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