El suicidio de Caroline Flack y el machaque constante de la prensa amarillista que siempre queda impune

Un de las portadas más polémicas de The Sun con el príncipe Harry desnudo en 2012. REUTERS.

El reciente fallecimiento de la expresentadora de la versión británica de ‘Love Island’, Caroline Flack, ha dejado en evidencia, una vez más, a la cultura de la información amarillista en Gran Bretaña. Los medios están siendo señalados como uno de los culpables del suicidio de esta ‘celebrity’ cuyas dificultades personales no sólo eran vox populi, sino que se usaban para desprestigiar su imagen sin límite alguno. Nada nuevo. Las (malas) artes de los tabloides ingleses incluyen la difamación y el ensañamiento con personas que, por el mero hecho de ser famosas, deben someterse al escrutinio de escritores y editores sin escrúpulos, capaces de hacer lo que sea para alimentar a la audiencia con contenidos que llaman la atención tanto como destruyen vidas. La presión es, en algunos casos, imposible de soportar. 

Flack fue glorificada por este tipo de medios en su ascenso al estrellato y demonizada en su caída al vacío. Diarios como The Sun, The Daily Mail, The Daily Express o The Daily Mirror viven de un sensacionalismo urdido tras una premisa fundamental: el escándalo vende. Programas como ‘Love Island’ dependen de las historias que este tipo de publicaciones generan, y sirven para que el público se enganche a sus personajes con el mando a distancia en la mano. Para lo bueno, cuando la prensa es positiva, y para lo malo, cuando es destructora, los tabloides marcan la pauta. Tres las personas relacionadas con este show que comenzó a emitirse en 2015 se ha quitado la vida en dos años: dos concursantes y la expresentadora.   

Una de las últimas apariciones públicas de Caroline Flack. (Lia Toby/Getty Images)

La última etapa de Flack no fue fácil, especialmente, los meses previos a la tragedia. Admitir que en 2011 había tenido una relación amorosa con Harry Styles, integrante del grupo musical, One Direction, fue motivo de portadas y críticas por parte de la prensa amarillista. Ella tenía 31 años y él, 17 primaveras. Aquellos 14 años de diferencia entre ambos fueron exprimidos por los medios hasta más no poder. Recientemente, en diciembre de 2019, Flack fue acusada de agredir a su pareja, Lewis Burton. El caso sirvió de carnaza para los tabloides de manera diaria y sin contemplaciones ni filtros. De nuevo, portadas como la del Daily Star se cebaron con titulares como “Caroline Smack”, un juego de palabras en el que se sustituyó su apellido Flack, por ‘smack’, que significa, bofetada. Incluso The Sun, con motivo de San Valentín, llegó a publicar una historia mofándose de la expresentadora. La noticia ha sido eliminada de internet desde que salió a la luz su suicidio.

Estas prácticas no son nuevas. La actual mujer del príncipe Harry de Inglaterra, Meghan, absorbe a diario las excrecencias de este tipo de medios, razón que ha tenido que ver en la decisión de apartarse de la familia real británica. Si hay una víctima de esta cultura, la princesa Diana de Gales es quizás uno de los casos más trágicos de nuestro tiempo. Falleció tras una combinación fatal en la que su chófer, quien dio positivo por ingesta de alcohol, trató de eludir a los paparazzis que perseguían el coche en el que viajaban junto a Dody Fayed, pareja de la princesa. La urgencia y la falta de reflejos acabaron con la vida de uno de los iconos más mediáticos del siglo pasado. Otra anécdota de hasta donde llega el compromiso de los tabloides en su búsqueda de escándalos es que The Sun y The Daily Mail desplazaron a dos fotógrafos desde Londres a Los Ángeles durante la etapa de David Beckham en el equipo de fútbol, LA Galaxy, para seguirle en todo momento. Entrenamientos, colegios de sus hijos, supermercado, cuando hacía senderismo… no había momento en el que el jugador de fútbol no estuviera en el objetivo de alguna indiscreta cámara fotográfica. Convivía con ello las 24 horas.

Portadas de la prensa británica cuando Donald Trump fue elegido presidente.

Tras el caso de Flack, el dilema en Gran Bretaña es si debería limitarse legalmente estas prácticas que en muchos casos rozan la ilegalidad. El debate está servido.

“Lo que pasó con Caroline Flack le sucederá a personas vulnerables una y otra vez hasta que el Gobierno actúe”, afirmó a CNN Nathan Sparkes, director de políticas del grupo Hacked Off. Esta organización fue capaz de contribuir para el cierre en 2011 de News of The World tras un escándalo de escuchas telefónicas. 

Peticiones de firmas, comparecencias de afectados en los medios más serios, periodistas arrepentidos y ejecutivos y lectores que abogan por el continuismo se ciernen en una lucha argumental con un fuerte componente tradicionalista que por más gritas que sufra no acaba de quebrar. Unos están cansados de que se expongan todas las fragilidades de personas que puede que no estén preparadas para tanta atención; mientras que otros afirman que regular a los tabloides puede resultar en una manera de coartar la libertad de prensa y están cansados que las circunstancias personales de cada persona en particular sean obviadas cuando se culpa a los medios de tragedias como la de Flack. 

Expertos en salud mental sostienen que los suicidios no sólo se deben a una causa específica, sino a un conjunto de factores. Inciden en que a la hora de buscar razones o culpas, existe una complejidad que no se puede sintetizar en un hecho en particular. El equilibrio psicológico es fundamental y entre los elementos que influyen en esta estabilidad se encuentra el constante ensañamiento de los medios de comunicación y de usuarios de redes sociales. Es el bullying que viven los famosos y que a menor escala también afecta a personas anónimas. 

Como en la vida, la hipocresía también está presente en los medios y en las redes sociales. El insulto y el desprestigio fácil se torna en palabras sobre papel mojado en el momento en que se confirma la tragedia. Pero para ese momento, ya es demasiado tarde. 

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