Carne argentina: la decisión que deja al país a merced de los más vivos

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Con la voz entrecortada, con un altísimo nivel de angustia, ansiedad y estrés, un exportador de carne a China prácticamente no puede hablar. No quiere dar su nombre, como mucha gente que teme represalias si se expresa en los medios, pero asegura que en este momento está intentando explicarles a sus clientes por qué no es “un ladrón, un delincuente, un defaulteador que se quedó con el anticipo de la compra de carne” y que no enviará el producto.

Esto es un desastre”, repite más de una vez. “Acá hay algo que se rompe”, asegura. Se refiere a la confianza y a los años de cercanía y negociación para poder colocar su producto, en este caso la carne. “Hay un montón de chinos y europeos, entre otros, que están preguntando qué está haciendo la Argentina, por qué no les va a llegar lo que compraron”, cuenta.

El presidente Alberto Fernández ha hecho referencia en varias oportunidades a la importancia del valor de la palabra, pero, otra vez, no lo sostuvo en los hechos. Honrar los compromisos es importante en el mundo, aunque no para la Argentina, que vuelve a traicionar la palabra y victimiza a quienes la empeñaron, pero que no tienen poder de acción para cumplirla tras las nuevas medidas. “Encima nos obligaron a entregar carne barata”, reclama.

Por otro lado, recuerda que la carne ya enfriada no se puede vender en el mercado interno, lo mismo que la carne salada kosher. “El hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra”, agrega, haciendo referencia al cierre de las exportaciones de carne comandado por Néstor Kirchner en 2006, que tuvo como consecuencia la pérdida de unas 11 millones de cabezas de ganado para la Argentina.

En este momento, infinidad de reuniones virtuales, grupos de WhatsApp y conversaciones telefónicas congregan a los diferentes actores de la cadena productiva.

El cierre de las exportaciones de carne anunciado ayer por el Gobierno es mucho más que una medida transitoria para bajar su precio interno, que puede suceder en el corto plazo (¿para llegar a las elecciones de noviembre?), pero a costa de liquidar vientres, bajar el stock y que luego el precio pegue un salto, una experiencia que la Argentina ya padeció. Significa dar una señal a los compradores internacionales de que, una vez más, el país no cumple con sus compromisos. Perder un mercado es dejar un vacío que da lugar al avance de los competidores, algo que sabe hacer muy bien Uruguay, por ejemplo, que aprovechó el cierre de las exportaciones de carne en 2006 para colocar su producción a nivel mundial.

Para Marcelo Elizondo, experto en negocios internacionales, hay un enorme problema de reputación para la Argentina, porque se convierte en un país poco confiable. “El cliente va a reemplazar al proveedor que no le cumple por alguien que sí lo haga desde otro país. Este es un mercado extremadamente difícil de recuperar, aun una vez que se levanten las restricciones, porque el comprador que necesita la carne de la Argentina tiene miedo de que esto vuelva a ocurrir. Hasta pueden bajar los precios solo para la Argentina, porque será menos elegible a nivel internacional”, explica, y agrega que “es una paradoja que la Argentina necesite dólares y prohíba la exportación”.

Elizondo advierte que esta medida también afectará el empleo, porque desincentivar a la producción implica menos empleo, menos logística, menos insumos, menos horas de trabajo, etc. También asegura que “no es verdad que lo exterior conspire contra lo interior. A los países exportadores de alimentos no les genera inflación colocar sus productos en el mercado”.

Según la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA), la carne es el producto alimenticio más afectado por la “mochila” de los impuestos. De $531 de precio promedio por kilo (aunque en poco tiempo quedó desactualizado), $149 son impuestos.

En cuanto al consumo interno, según el mercado ganadero Rosgan, en marzo el consumo de 48,6 kilos per cápita fue levemente superior al de marzo de 2020, de 47,6 kilos e, incluso, al de marzo de 2019, 48,3 kilos. Agrega que a pesar de que hubo un shock de demanda externa a partir de 2018, al igual que la Argentina, tampoco países como Brasil y Uruguay lograron satisfacerla, por lo que se necesita, a contramano de las políticas actuales, favorecer una mayor producción. A pesar de ello, “el consumidor argentino es por lejos el que mayor cantidad de carne vacuna ingiere anualmente, unos 5 kilos más que el uruguayo y más de 20 kilos por sobre lo consumido en Brasil”.

La dramática caída de la producción de la Argentina después del cierre de las exportaciones de 2006 todavía no se recuperó. “Hasta el 2009/2010 producíamos en promedio unas 275.000 toneladas mensuales, luego caímos a 200 mil, producto de una fuerte liquidación. Es aún hoy que no hemos conseguido recuperar aquella caída, estabilizándonos en una producción de entre 250 y 260 mil toneladas por mes. Tras aquella gran liquidación de 2009/10, el consumo perdió unos 15 kilos per cápita”, informa la entidad. Producir más, y no menos, es el camino, señalan desde el sector.

Elizondo aclara que “en la Argentina están subiendo todos los precios, no es un problema de la carne. No puede atribuirse el incremento del precio de la carne a las exportaciones, porque sin el problema de la inflación, el aumento de la carne sería distinto”. Por otro lado, recuerda que no se exportan todos los cortes, por ejemplo el asado y otros cortes populares como el matambre y el vacío son para consumo interno. Sin embargo, “también aumentan los cortes de carne que no se exportan porque se deprecia el valor de la moneda. Si se prohíben las exportaciones se va a desincentivar la producción y esto hace subir los precios. La exportación de carne, por el contrario, empuja el mayor abastecimiento doméstico. Cuando se prohibió la exportación de carne hace 15 años se terminó produciendo menos, hubo menos oferta y aumentaron de precios”.

Los números de la exportación

El año pasado la exportación de carne bovina generó divisas por US$3043 millones, con una exportación de carne de casi 900.000 toneladas, un 11,7% menos que en 2019. Si se compara con 2017, las exportaciones crecieron un 89,8%.

En 2015 el año previo al cierre de las exportaciones de carne ordenado por el entonces presidente Néstor Kirchner en 2006, se exportó por US$1404 millones, mientras que el mandato de Cristina Kirchner finalizó en 2015 con exportaciones de carne por US$1046 millones, un total de 199.000 toneladas exportadas y un consumo interno de 2500 toneladas. Con medidas que favorecieron las exportaciones durante el gobierno de Mauricio Macri, en 2019, cuando finalizo su mandato, la Argentina realizó exportaciones de carne por US$3447 millones, 846.000 toneladas mientras que el consumo interno fue de 2300 toneladas anuales.

En un mundo extremadamente difícil en materia de intercambio comercial a causa de la pandemia, donde hasta la logística traba los envíos y hay escasez de contenedores, el complejo de carne y cuero bovinos, el sexto en importancia en materia de comercio exterior para la Argentina, hizo en 2020 un 16,5% menos de envíos que en 2019. Representó en 2020 el 6,1% de las exportaciones y generó US$3368 millones.

Los principales destinos de las exportaciones en 2020 de carne bovina fueron China, por US$1847 millones, la Unión Europea, por US$378 millones, Medio Oriente, US$202 millones de dólares y Chile, con envíos por US$190 millones.

China resultó el principal destino, en volumen, para la carne vacuna argentina durante los primeros tres meses del año 2021 con aproximadamente 109.000 toneladas, seguido por Israel, 11.000 toneladas, y luego por Chile, 8000 toneladas, según el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna (IPCV).

Con respecto a la decisión oficial, “le estamos dando a los chinos herramientas para que en cualquier tipo de negociación comercial, saquen a relucir esta desprolijidad que la Argentina está implementando”, afirma Martín Lo Coco, director de la Cámara del Asia.

En el mundo del comercio exterior, todo cambia, por lo que los expertos siempre recomiendan aprovechar las oportunidades mientras existan. En el primer trimestre de este año, disminuyeron los precios internacionales de la carne, según el último informe del Indec sobre precios y cantidades: carnes y sus preparados (carne bovina deshuesada, congelada: -9,2%; carne bovina deshuesada, refrigerada: -10,2%; preparaciones y conservas de carne bovina: -16,3%, y, por otro lado, aumentaron las cantidades enviadas con respecto a igual período de 2019: carnes y sus preparados (6,3%), especialmente carne bovina (8,7%).

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