Una "Carmen" rockera se sube al escenario en la Ópera de Tokio

Tokio, 3 jul (EFE).- Poco podían imaginarse hace 175 años los creadores de la novela y ópera "Carmen", los franceses Marimée y Bizet, que un día su mito se subiría a un escenario al más puro estilo Amy Winehouse en la Ópera de Tokio.

Una "Carmen" del siglo XXI desembarcó hoy en Japón, producida por el catalán Àlex Ollé y bajo la batuta del director musical japonés Kazushi Ono, con la intención de interpretar en clave actual a un personaje que sigue fascinando al imaginario colectivo.

Si la Carmen de Prosper Marimée nació flamenca en la andalucía cigarrera, y con Georges Bizet en una tabacalera, la de Ollé reina en la escena vestida de lunares, con minifalda y un desordenado bouffant sobre la cabeza, como lucía Amy, pero tocado con un clavel para esta nueva diva.

UN ICONO ACTUAL PARA UN MITO DE AYER

"Amy Winehouse es un referente estético real que nos ayuda a crear a Carmen, son dos personas temperamentales que luchan por su libertad. Hoy en día Carmen aparecería en el periódico como un crimen de género", cuenta a Efe el productor musical Àlex Ollé y miembro de la aclamada compañía teatral La Fura dels Baus.

El tándem Ollé-Ono, una colaboración musical hispano-japonesa regresa tras el éxito de "Turandot" de 2019 en el país asiático, y lo hace con un claro propósito: acercar la ópera a las nuevas generaciones. ¿Y qué mejor que un concierto de rock, el mundo de la noche y la diversión?

"Turandot tuvo mucho público joven, algo novedoso para el teatro, y fue un éxito incluso durante la pandemia a través de internet", explica Ollé, quien está convencido de que "la audiencia está cambiando" y es necesario educar a los niños y adolescentes, algo que "el director japonés está logrando".

"En Japón hay muchos aficionados que se decantan por un estilo convencional, pero las nuevas generaciones disfrutan de la técnica y la magia", afirma el maestro Kazushi Ono, quien dirige la orquesta del Nuevo Teatro Nacional de Tokio y es además titular de la Orquesta Sinfónica de Barcelona y Nacional de Cataluña (OBC).

"Me gustaría llevar esta colaboración al Liceu de Barcelona o al Teatro Real de Madrid", dice el músico japonés, aunque de momento, la Carmen rockera seguirá de viaje por el archipiélago para deleitar a los adolescentes en Kioto.

LA METAMORFOSIS DE CARMEN

Se abre el telón y unos andamios metálicos, símbolo de farándula moderna, nos sitúan en la actualidad. Pronto, policías y jóvenes desfilan por el escenario, un guiño a una generación que esquiva el orden y es protagonista de la noche.

Desde un doble escenario y en pantalla gigante, la mezzosoprano francesa Stéphanie D'Oustrac canta magistralmente al amor bohemio, baila y se mueve como Amy Winehouse y es acompañada de un violonchelo que abandona el foso para fusionar "en directo" la música clásica con la estética rock.

Carmen canta al amor bohemio coreada de admiradores con sus teléfonos alumbrando, una verbena tokiota repleta de contrastes, donde Don José es el tenor japonés Toshiaki Murakami.

Mantones de Manila, plataformas, cuero y deportivas para las mujeres. Uniformes, chalecos amarillos y trajes chaqueta para la guardia urbana y oficiales. Camellos de tinte Yakuza y un torero. Alfons Flores y Lluc Castellas en el diseño de escenario y vestuario logran sorprender con este original combinado del mundo del espectáculo.

De flamenca a estrella del rock, Carmen sigue siendo una mujer que abandera apasionadamente el arte, la libertad y el amor, hasta su trágico final en cuatro actos, una ídolo de masas para un público que a pie de escenario dispara flashes.

La obra, representada desde este sábado hasta el 19 de julio, llega a Japón con el apoyo de la Embajada de España y en mitad de fuertes restricciones por la pandemia, salvando las dificultades de movilizar a un gran elenco internacional de artistas.

Como opina una aficionada nipona de setenta años y "gusto más clásico", esta apuesta moderna en la ópera no la convence, pero sin lugar a dudas hay un público nuevo presente que, como confirma una joven en su "primera ópera", tal vez repita y vuelva a soñar.

Carmen Grau Vila

(c) Agencia EFE

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