Carlos Sainz, 'privilegiado' como las Infantas: recibe la vacuna en Baréin

Luis Tejo
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Retrato de Carlos Sainz sonriendo, de brazos cruzados, vestido con gorra y mono de piloto de Ferrari
El piloto Carlos Sainz. Foto: Joe Portlock/Getty Images.

"Se nos ofreció y accedimos". Esa fue la excusa que pusieron las ciudadanas españolas Cristina y Elena de Borbón para justificar que, teniendo 55 y 57 años respectivamente y, por tanto, no encontrándose en los grupos prioritarios, hayan recibido ya la vacuna del coronavirus. Se la inyectaron en los Emiratos Árabes Unidos, que es donde se encuentra su padre, el rey emérito Juan Carlos I, tras marcharse del país escapando de sus escándalos financieros. Las infantas alegan que aceptaron porque así podrán visitarle más a menudo sin restricciones.

Buena parte de la sociedad española se escandalizó ante la noticia. Lo vio como un privilegio inaceptable: se habían aprovechado de su posición de poder, valiéndose de su apellido, para tener acceso a un tratamiento que la mayoría de los habitantes del país espera con ansia para ver la luz al final del túnel de la pandemia, pero que se está aplicando de forma escalonada, por riguroso orden de necesidad, debido a la escasez de dosis disponibles. Alguno hubo que justificó su acción, e incluso la aplaudió alegando que quitaba tarea al sistema nacional de sanidad, pero fueron los menos.

Ahora nos encontramos con una situación parecida, salvando las distancias, que sin embargo está pasando más desapercibida. La protagoniza Carlos Sainz, el piloto de Fórmula 1 que este año correrá para la escudería Ferrari. El madrileño ha aprovechado que tanto los ensayos previos como la primera carrera de la temporada se celebran en Baréin para aceptar la oferta del gobierno local de inocularles la versión de Pfizer.

"Creo que fue una gran oportunidad y estoy obviamente agradecido al gobierno bareiní por el ofrecimiento a tantas personas que viajamos por todo el mundo. Estoy contento con ello", dice el competidor en declaraciones que recoge motor.es. Se debe destacar que no es el único que lo ha hecho: hay constancia también de Sergio Checo Pérez, el mexicano que llevará este año uno de los coches de Red Bull.

Pérez tiene 31 años. Sainz, 26. Ambos tienen la fortaleza física y la salud que se le presupone a competidores de alto nivel. No son, ni mucho menos, población de riesgo. Siguiendo las pautas que se aplican al resto de la población, no les habría correspondido inmunizarse hasta, como mínimo, dentro de unos meses. La han recibido antes únicamente porque, debido a su estatus de deportistas de élite, han tenido acceso a una posibilidad que la gente común no disfruta, aunque le haga más falta. 

Checo lo dice bien claro: "En México no sé cuándo habría podido conseguirla. Fue muy amable por parte de Baréin ofrecérnosla y sí, tomé la decisión yo mismo". Porque la propuesta bareiní estaba sobre la mesa desde primeros de este mes, pero la postura oficial de la Fórmula 1, al menos según se dijo en su momento, era rechazarla y acogerse al calendario oficial del Reino Unido, donde tanto la organización del campeonato como la mayoría de los equipos tienen su sede.

El coche de Ferrari pilotado por Carlos Sainz circulando y echando humo por la pista de un circuito
Carlos Sainz pilotando su monoplaza durante unas prueas con Ferrari. Foto: Marco Canoniero/LightRocket via Getty Images.

La comparación con el caso de las infantas españolas presenta dos diferencias importantes que hacen un poco más comprensible este agravio comparativo. Por un lado, puede entenderse que el de los pilotos no es un privilegio "de sangre", por tener tal o cual genética o por ocupar este o aquel cargo. En su caso va asociado a su trabajo, igual que otros colectivos como los docentes o los sanitarios tienen prioridad (seguramente mucho más justificada). 

Por otro, precisamente, debido a su actividad laboral los pilotos han de viajar por todo el mundo; ahora están en Baréin pero después irán a Italia, luego recorrerán media Europa, más tarde Canadá, pasarán por Singapur y Japón, a continuación América y Australia... con tanto traslado, el peligro no ya de que se contagien ellos (que también) sino de que transmitan el virus se multiplica. Y al margen de todo esto, también está el muy humano factor del miedo. Digan lo que digan los conspiranoicos, la enfermedad es real y las UVIs de los hospitales están abarrotadas; habría que ver lo que habría hecho cualquiera de nosotros si de repente, por el motivo que fuera, le surgiera la ocasión.

En cualquier caso, este "adelantamiento" es tan improcedente como si se hubiera producido con bandera amarilla en la pista. No solo por la injusticia en relación con quienes esperamos pacientemente nuestro turno, sino por una cuestión de imagen. Ni siquiera los futbolistas, que han contado con todo tipo de controles y protocolos sanitarios específicos para seguir jugando incluso en los momentos más duros de la segunda y la tercera ola, han contado con semejante ventaja. Las integrantes de la familia del rey (que no de la Familia Real) recibieron multitud de críticas; habrá que ver cómo afecta esto a la reputación de Carlos Sainz y a otros personajes públicos que, de esta u otra manera, sigan sus pasos.

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