Carlos Saúl Menem, quien gobernó a Argentina durante la turbulencia económica, fallece a los 90 años.

Robert D. McFadden
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Carlos Saúl Menem, el presidente argentino de 1989 a 1999 que impulsó una sorprendente recuperación económica y renovó los lazos con Estados Unidos y el Reino Unido, pero que después fue condenado por corrupción y acusado de encubrir las pruebas de un letal atentado antisemita durante su mandato, murió el domingo en Buenos Aires, Argentina, a los 90 años.

Su muerte fue confirmada por el presidente de ese país, Alberto Fernández. Según el diario The Buenos Aires Times, Menem fue hospitalizado en diciembre por una insuficiencia renal, donde permaneció en un coma inducido.

En una nación de agitación política y económica crónica con un pasado salpicado de juntas militares, para muchos de sus conciudadanos, Menem parecía ser un hombre fuerte y carismático como Juan Domingo Perón, el dictador neofascista de la posguerra. También fue un extravagante gobernador provincial, lideró un movimiento político peronista cuando se postuló a la presidencia. Pero resultó ser un demócrata neoliberal, y algo completamente diferente.

Era un musulmán suní de ascendencia siria en una tierra católica. Durante un tiempo, tuvo el pelo hasta los hombros y unas tupidas patillas al estilo del siglo XIX. Le gustaban los trajes ligeros de colores claros y los zapatos blancos, tenía 20 perfumes en un tocador, conducía coches de carreras y salía con modelos y estrellas de cine: un retroceso a los patriarcas arquetípicos conocidos como caudillos.

Menem, quien se convirtió al catolicismo porque era un requisito constitucional para la presidencia, asumió el cargo cinco meses antes de lo previsto, cuando el presidente Raúl Alfonsín dimitió mientras la economía, en crisis desde hacía tiempo, se hundía y los saqueadores invadían los supermercados.

Fue la peor crisis económica de la historia de Argentina. La pobreza se apoderó de una cuarta parte de sus 32 millones de habitantes. La inflación era de casi del 5000 por ciento. La deuda externa era de 60.000 millones de dólares y la interna de 7000 millones. Hubo cortes de luz, cierres de fábricas, despidos generalizados y escasez de todo.

“Solo puedo ofrecerle a mi pueblo sacrificio, trabajo y esperanza”, dijo Menem el 8 de julio de 1989, en el primer traspaso de poder pacífico de un partido elegido de manera constitucional a otro desde 1916. “La Argentina está rota. No existe otra manera de decirlo: el país está quebrado, devastado, destruido, arrasado. Tal vez esta sea nuestra última oportunidad”.

En un notable cambio de una economía dominada por el gobierno a otra de libre mercado, recortó el empleo público; redujo de manera considerable los presupuestos de los organismos públicos; estabilizó el peso vinculando su valor al dólar; privatizó las industrias estatales, los servicios públicos, las líneas aéreas y los ferrocarriles; redujo los derechos de importación y atrajo torrentes de bienes e inversiones extranjeras; aumentó la recaudación de impuestos y comenzó a pagar las deudas.

En un año, Argentina estaba en vías de recuperación. Para 1993, la inflación había disminuido a un solo dígito y, aunque el desempleo seguía siendo elevado, la economía era una de las más dinámicas del mundo en desarrollo.

En un llamado a la reconciliación nacional tras años de dictadura militar, indultó a los líderes encarcelados de la junta que habían torturado y matado a miles de personas en una “guerra sucia” contra los disidentes entre 1976 y 1983, así como a los líderes de la guerrilla que lucharon contra el régimen. Recortó los presupuestos militares, abolió el servicio militar obligatorio, aplastó una revuelta de oficiales del ejército y, con nuevos generales, debilitó la influencia militar en la vida política.

Estas medidas provocaron protestas en Argentina, donde gran parte de la población había apoyado las juntas y consideraba que los disidentes subversivos eran comunistas. Sin embargo, se ganó elogios en el extranjero, en especial en Washington.

“Argentina está asumiendo el lugar que le corresponde como líder en la comunidad democrática de naciones”, declaró el presidente George H. W. Bush al recibir a Menem en la Casa Blanca en 1991. “Bajo su liderazgo, Argentina se ha convertido en uno de los más firmes defensores de la democracia del hemisferio, tanto en su país como en el extranjero”.

No obstante, Argentina fue golpeada por atentados terroristas con implicaciones ocultas. En 1992, un coche bomba mató al menos a 28 personas en la Embajada de Israel en Buenos Aires. Otro coche bomba mató a otras 85 personas en un centro comunitario judío de la capital en 1994. Los guardias de seguridad habían desaparecido antes de ambas explosiones. Fueron los peores ataques antisemitas en Argentina desde un infame pogromo en 1919 que dejó cientos de muertos, pero las investigaciones fueron inconsistentes y los crímenes quedaron sin resolver durante el mandato de Menem.

Tras gestionar un cambio constitucional para permitirse otro mandato, Menem ganó la reelección. Su segundo mandato estuvo marcado por una serie de contratiempos, con el aumento de las tasas de interés, el déficit comercial, la delincuencia y la pobreza; y con la caída de la productividad, la confianza de los consumidores, las importaciones y las inversiones extranjeras. La deuda interna se disparó hasta alcanzar los 139.000 millones de dólares.

Los opositores de Menem lo acusaron de corrupción. Controlaba la policía y los tribunales y no fue imputado. Pero después de dejar el cargo, se le acusó de malversar 60 millones de dólares en negocios de construcción de prisiones; de obtener mediante la extorsión 10 millones de dólares en un esquema de contrabando de armas que enviaba material de guerra a Ecuador y Croacia, en violación de los embargos internacionales; y de evadir impuestos y ocultar millones en cuentas bancarias suizas. En 2001 estuvo bajo arresto domiciliario durante casi seis meses por el caso de contrabando de armas.

En 2002, The New York Times, basándose en el testimonio sellado de un desertor de la inteligencia iraní, informó de que Irán había sido el autor intelectual del atentado contra el centro comunitario judío y que había pagado a Menem 10 millones de dólares para ocultar su participación. El testimonio corroboraba las sospechas de complicidad iraní y de la falta de ética en la investigación argentina de los atentados.

Carlos Saúl Menem nació en Anillaco, Argentina, el 2 de julio de 1930, uno de los cuatro hijos de Saúl y Mohibe Akil Menem, que eran inmigrantes sirios. Su padre, un comerciante, envió a todos sus hijos a la universidad. Carlos Saúl Menem estudió en la Universidad Nacional de Córdoba, la segunda ciudad más importante de Argentina. Obtuvo la licenciatura en Derecho en 1955 y se convirtió en un peronista apasionado.

En 1966 se casó con Zulema Yoma. Tuvieron dos hijos, Zulema Menem y Carlos Saúl júnior, y se divorciaron en 1991. En 2001 se casó con Cecilia Bolocco. Tuvieron un hijo, Máximo, y se divorciaron en 2011. Carlos Saúl júnior murió en un accidente de helicóptero en 1995.

Además de su hija, Zulema Menem, y su hijo Máximo Menem Bolocco, le sobreviven otro hijo, Carlos Nair Menem y un hermano, Eduardo.

This article originally appeared in The New York Times.

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