Captura directa de aire para combatir el cambio climático

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NUEVA YORK (AP) — En un campo rodeado de colinas boscosas en Islandia, ventiladores acoplados a estructuras metálicas que parecen proyectos de Lego de tamaño industrial hacen su trabajo. Su misión es limpiar la atmósfera atrapando el dióxido de carbono del aire y almacenándolo en sitios seguros bajo tierra.

Hace pocos años, esta tecnología, conocida como “captura directa de aire”, era considerada una fantasía irrealizable. Pero la tecnología ha avanzado a un punto tal que este método asoma ahora como una importante herramienta en la lucha contra el cambio climático.

La instalación de Islandia, llamada Orca, es la más grande de su tipo que hay en el mundo. Atrapa unas 4.000 toneladas métricas de dióxido de carbono por año. Comparado con lo que necesita el planeta, sin embargo, esa es una cantidad mínima. Los expertos dicen que sería necesario capturar 10.000 millones de toneladas anuales para mitad del siglo.

“Efectivamente, en 30 años necesitaremos una industria que debería ser dos veces la del petróleo y el gas, que funcione al revés”, expresó Julio Friedmann, investigador del Centro para Políticas Energéticas Mundiales de la Universidad de Columbia.

Los principales organismos científicos, incluido el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático de las Naciones Unidas, dicen que, incluso si se deja de generar emisiones dañinas, eso no bastará para evitar una catástrofe climática. Afirman que es vital extraer enormes cantidades de dióxido de carbono del aire y depositarlo bajo tierra, para que genere lo que algunos llaman “emisiones negativas”.

“Hemos fallado en el control del clima a un nivel tal que la captura directa de aire es una de varias cosas que debemos hacer”, dijo Friedmann. “Ya hemos emitido tantos gases de efecto invernadero que se requiere una remoción de CO2 en gran escala, además de la reducción de las emisiones”.

La tecnología para capturar dióxido de carbono del aire ha avanzado bastante. Ya hay un puñado de empresas que trabajan en ese campo, incluidas Climeworks, que construyó la planta Orca en Islandia, y Carbon Enineering, que construyó otra planta diferente en la Columbia Británica.

CÓMO FUNCIONA LA CAPTURA DIRECTA DE AIRE

En Orca, cerca de Reikiavik, extractores atrapan el aire en cajas negras, en las que el dióxido de carbono es capturado por un filtro. Luego se lo calienta con energía geotérmica, se lo combina con agua y se lo bombea hacia formaciones rocosas basálticas subterráneas. En pocos años, dice Climeworks, el dióxido de carbono se convierte en piedras.

Se requiere mucha energía para construir y hacer funcionar las plantas de Climeworks. La planta Orca emite 10 toneladas de dióxido de carbono por cada 100 toneladas que extrae.

Las plantas de Carbon Engineering, por su parte, pueden funcionar con energías renovables o gas natural. Cuando se usa gas natural, el dióxido de carbono generado por la combustión es capturado.

El dióxido de carbono también puede ser inyectado en depósitos geológicos. Carbon Engineering apuesta a esa fórmula y, en sociedad con Occidental Petroleum, están construyendo lo que se espera sea la instalación de captura directa de aire más grande del mundo en la Cuenca Pérmica del sudoeste de Estados Unidos, el campo petrolero más productivo de Estados Unidos.

Plantas de captura directa del aire están extrayendo unas 9.000 toneladas de dióxido de carbono anuales, según la Agencia Energética Internacional.

“Se puede decir que ya nos manejamos a un nivel industrial, pero no al nivel que necesitamos para ayudar a contener el cambio climático”, declaró Daniel Egger, director comercial de Climeworks.

GRANDES PLANES, Y DESAFÍOS

La idea es extraer varios millones de toneladas métricas de dióxido de carbono anualmente para el 2030. Para poder hacerlo, habría que multiplicar por diez la capacidad de extracción cada tres años.

Es una meta ambiciosa y cara.

Los estimados varían, pero actualmente cuesta entre 500 y 600 dólares eliminar una tonelada de dióxido de carbono mediante la captura directa de aire, según Colin McCormick, director de innovaciones de Carbon Direct, que invierte en proyectos de captura de carbono.

Como sucede con toda nueva tecnología, los costos bajarán con el correr del tiempo. Los expertos estiman que dentro de diez años, la captura del dióxido de carbono costará 200 dólares la tonelada, si no menos.

Los métodos empleados hasta ahora para capturar carbono, incluidos proyectos de reforestación, no están dando los resultados esperados y mucha gente busca otras alternativas, empezando por la captura directa de aire.

“Hay enorme interés. Es algo que no vimos venir sino hasta hace un par de años”, expresó McCormick.

Las empresas quieren generar un cero neto en las emisiones, pero por ahora lo único que hacen es reducirlas, no eliminarlas. Por ello la captura del dióxido de carbono que llega al aire es importante.

La captura directa de aire no está pensada solo para las grandes empresas. Cualquiera, incluso individuos, podrán acceder a ese servicio. Climeworks ofrece suscripciones a partir de ocho dólares al mes para todo aquel que quiera contrarrestar sus emisiones.

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Jamey Keaten colaboró desde Ginebra.

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Cathy Bussewitz está en Twitter: @cbussewitz

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