Capitalismo woke: las empresas que empiezan a marcar una postura política

Rafael Mathus Ruiz
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Multitudes festejan la victoria de Joe Biden en la Séptima Avenida, en Nueva York
Multitudes festejan la victoria de Joe Biden en la Séptima Avenida, en Nueva York

WASHINGTON.- Días atrás, cientos de empresas y hombres de negocios más importantes de Estados Unidos, como Amazon, Google, General Motors, BlackRock, Starbucks, o Warren Buffet y Michael Bloomberg se unieron a famosos como George Clooney, Leonardo DiCaprio, Gwyneth Paltrow y Katy Perry. El motivo: una solicitada publicada en los dos diarios más importantes del país, The Washington Post y The New York Times. La causa: la defensa del derecho a votar. El título: “Defendemos la democracia”.

“Votar es el elemento vital de nuestra democracia y hacemos un llamado a todos los estadounidenses para que se unan a nosotros para tomar una posición no partidista a favor del derecho más básico fundamental de todos los estadounidenses”, decía el mensaje. “Todos debemos sentir la responsabilidad de defender el derecho al voto y oponernos a cualquier legislación o medida discriminatoria que restrinja o impida que cualquier votante elegible tenga una oportunidad equitativa y justa para emitir su voto”, continuaba.

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Ese mensaje del establishment de Estados Unidos fue una de las últimas señales –y una de las más contundentes– del avance de lo que se ha bautizado “capitalismo woke. La palabra “woke”, que significa “estar despierto”, ha cobrado mucha visibilidad en los últimos años de guerras culturales en Occidente, y se refiere a tener conciencia sobre asuntos que tocan a la igualdad, la justicia social y, sobre todo, la racial. En Estados Unidos ha estado asociado a causas progresistas, y la ofensiva contra el racismo y el respaldo al movimiento Black Lives Matter.

El blanco de la solicitada fue una movida, liderada por los republicanos, para cambiar las reglas para votar en algunos de los estados del país bajo su dominio. Los republicanos dicen que quieren mejorar los controles para prevenir el fraude. Los demócratas y los opositores a esa movida advierten que, en realidad, quieren restringir la votación de las minorías para ganar elecciones. Una ley en particular, en Georgia, uno de los estados que le dio la victoria el año anterior al presidente, Joe Biden, desató un fuerte repudio porque sus detractores dicen que busca impedir el voto de los afroamericanos.

“Mi sospecha es que durante los últimos 50 años las empresas operaron bajo la idea de que la moral o la ética eran irrelevantes para el negocio. El negocio era hacer dinero. Y eso no es sostenible para cualquier empresa humana porque los seres humanos son morales”, apunta Andrew Abela, decano y profesor de marketing de la escuela de negocios de la Universidad Católica de Estados Unidos. “Como resultado, una nueva moralidad está siendo impuesta a los negocios desde afuera, es la moralidad que se ha llamado wokeness, la idea de estar despierto. El activismo político que estamos viendo de los negocios es una respuesta a esa presión”, señala.

Algunas empresas, indica Abela, reaccionan por una convicción moral, otras por “puro cálculo” para evitar un castigo social, y otras directamente ignoran la presión.

The Economist le dedicó una de sus últimas al fenómeno bajo el título El CEO político. El periódico británico dijo que durante décadas el pensamiento predominante fue que la dirección de las empresas debía priorizar el interés de los accionistas, maximizar las ganancias. Pero ahora las empresas rechazan esa visión, y ponen más atención al impacto social de sus decisiones. Abela recuerda el comunicado de mediados de 2019 firmado por 181 CEO de la llamada “Mesa Redonda de los Negocios” que cambió el mantra corporativo de Estados Unidos, y abogó a las empresas a servir a sus accionistas, pero también al resto de la comunidad vinculada a la empresa, incluidos clientes, empleados, proveedores.

El fenómeno parece haberse acelerado luego de ese mensaje, la pandemia y las protestas contra el racismo. Rebecca Henderson, profesora de la escuela de negocios de la Universidad Harvard, escribió un artículo el año anterior en medio de la pandemia del coronavirus donde sostuvo que esperaba que la pandemia sirviera para “reimaginar el capitalismo” para poner más énfasis en la salud de la sociedad y las instituciones.

“Ahora más que nunca, creo que las empresas no solo tienen el deber moral de contribuir a la salud de las instituciones que mantienen nuestra sociedad fuerte y nuestro capitalismo genuinamente libre y genuinamente justo, sino también un interés económico en hacerlo”, escribió Henderson.

Cómo hacer frente al racismo aparece como un tema saliente del fenómeno en Estados Unidos. Varias empresas anunciaron medidas luego del asesinato el año anterior de George Floyd, como, por ejemplo, establecer un cupo de empleados afroamericanos. Un caso: en junio del año anterior, Alexis Ohanian, uno de los fundadores de Reddit, renunció a la junta de la compañía con un pedido concreto: ser reemplazado por un afroamericano. “Voy a usar mis ganancias futuras con la acción de Reddit para servir a la comunidad negra, principalmente para torcer el odio racial”, afirmó.

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Abela cree que el fenómeno conlleva una oportunidad y un riesgo. “La oportunidad es que, en la medida en que las empresas estén genuinamente preocupadas por hacer el bien y tengan principios, eso es algo bueno para la sociedad y para las empresas mismas. Las hace más sostenibles. Pero para hacer eso, debes asegurarte de seguir una brújula moral, algunos principios duraderos, no solo las opiniones del momento”, apunta.

“El peligro –continúa– es que en la medida en que las empresas no sigan principios duraderos y simplemente traten de seguir el tema o el problema del momento y terminen tratando de alterar este movimiento woke, en última instancia, están trabajando en contra de su propia existencia como empresas, porque están trabajando contra la libertad y la libre empresa”.