El caos sanitario se profundiza en la frontera entre Colombia y Venezuela

Daniel Lozano
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CARACAS.- "La situación actual es caótica desde el punto de vista de la salud. El índice de ocupación de las camas de cuidados intensivos en nuestro hospital está en el ciento por ciento". El llamamiento realizado esta semana por el doctor Miguel Tonino Botta, gerente del Hospital Universitario Erasmo Meoz, fue casi desesperado. Acababa de conocer la muerte de un compañero, el pediatra Carlos Escalona, la penúltima en una lista aterradora: solo en la frontera se concentran la mitad de las muertes en el sector salud de todo el país.

La pandemia ha sitiado la frontera colombo-venezolana, una de las más activas del continente pese a los cierres decretados por ambos gobiernos. Los municipios limítrofes del Norte de Santander, del lado cafetero, y del estado de Táchira sufren su peor momento por el coronavirus, con los hospitales saturados, con funerarias desbordadas, con médicos muriendo todos los días y con el Ejército colombiano patrullando las calles del centro de Cúcuta ante la presencia masiva de ciudadanos de ambos países, que incumplen las normativas de bioseguridad.

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El Covid-19 tiene su epicentro hoy en la misma zona que se ha convertido en el embudo de la tragedia venezolana, por donde escapan cientos todos los días. La eclosión de la pandemia ha coincidido además con el anuncio presidencial sobre la campaña de vacunación, que comenzará en febrero tras la compra de 40 millones de dosis: 10 millones a Pfizer, 10 a AstraZeneca y 20 de la estrategia Covax de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

En la frontera, el virus y sus consecuencias parecen invisibles, muy pocos le temen. Las aglomeraciones masivas en el centro de Cúcuta, donde la gente busca las mejores ofertas para las tradicionales compras navideñas, y en otras zonas de Los Patios y Villa del Rosario constatan que una especie de anarquía ciudadana ha invadido la zona, empujada por la crisis económica provocada por la pandemia y el hastío tras meses de encierro.

"Nosotros hemos faltado, cuando hablamos de nosotros, hablo de la comunidad. Aquí el sector salud lo ha puesto todo: su trabajo, su voluntad, su entrega y sus vidas por atender a un colectivo irresponsable que no acata las órdenes", protestó Botta, respaldado por las estadísticas.

Los médicos han gritado lo más alto que han podido hasta que las autoridades han establecido una nueva cuarentena total después de que en diciembre se sumen cerca de 300 muertos, con mil contagios en sólo dos días, superando incluso a la capital Bogotá, a Medellín y a Cali. La presión y la realidad han conseguido la adopción del toque de queda total entre el 25 y el 27 de diciembre y el 1° y el 3 de enero, además de quedar totalmente prohibidas fiestas en lugares públicos, más "abstenerse de hacer reuniones navideñas" e incorporar las salidas a la calle según género.

LA NACION ha recorrido varios puntos calientes de la zona fronteriza. En La Parada, a pocos metros del Puente Internacional Simón Bolívar, el tapabocas dejó de ser "obligatorio". "Yo todavía no he visto un solo contagiado, esa vaina no me la creo", afirma convencido Yónatan R., de 22 años, mientras bebé un "negrito" (café fuerte) en un puesto callejero. El barbijo que lleva colgando de la oreja este joven venezolano tiene más agujeros que la propia frontera, las famosas "trochas" (pasos clandestinos) bajo control ahora en lado venezolano de la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN), aliados del chavismo, y de distintas mafias de delincuentes en el colombiano. La impunidad de los guerrilleros es tan flagrante que no sólo extorsionan y matan, sino que también organizan actividades comunales en distintos barrios.

"El Covid-19 no es prioridad por aquí. Ni mascarillas ni distanciamiento. Los venezolanos cruzan para comprar unos, y otros, para seguir camino. Solo el 30% porta el tapabocas, el 30% lo lleva mal puesto y el resto, nada de nada. Vienen y compran y otros siguen camino. No es tan fácil, la necesidad, la comida, los medicamentos, dónde dormir. Todo es les golpea más duro que el Covid y lo quieren resolver. Los protocolos les dan igual", revela a LA NACION el pastor Mauricio Miranda, cabeza visible de la Iglesia de la Frontera, que atiende a miles de emigrantes sobre el terreno.

"Incluso hemos repartido 350 caretas, pero yo no las veo por ningún lado", confiesa Miranda. El Colegio Médico del Norte de Santander ha advertido sobre la "catástrofe" que se avecina ante la falta de controles en una frontera tan porosa como la colombo-venezolana.

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Al otro lado de la frontera, en la vecina Táchira, su gobernadora, Laidy Gómez, también ha anunciado que las unidades de terapias intensivas están al ciento por ciento. "Llamamos a la prevención, los casos siguen incrementándose en la entidad", avisó la mandataria regional, pese a que quien impone las normas en el estado fronterizo es el expolicía Freddy Bernal, "protector" designado de forma ilegal por el "hijo de Chávez".

El dirigente, vinculado con los grupos paramilitares, prohibió concentraciones de cualquier tipo y acusó de "falta de conciencia a los compatriotas que han confundido flexibilidad con desorden".

Los expertos temen que la apertura ordenada por Nicolás Maduro para empujar las elecciones del 6-D se esté cobrando ya nuevos contagios. Las estadísticas oficiales que se publican en Caracas son desestimadas por la comunidad científica y médica del país.