Cannes recupera su festival

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Cannes (Francia), 5 jul (EFE).- Un año después de su cancelación por la pandemia, el Festival de Cannes vuelve de nuevo a la actividad. La víspera de su 74 edición, el certamen ultima con precaución, pero sin miedo, los preparativos de una cita que durante doce días transforma la ciudad.

Es, junto a los Juegos Olímpicos y el Mundial de fútbol, el encuentro más mediático y su poder de atracción triplica de forma temporal a su población local, de sus cerca de 76.000 habitantes censados a unos 200.000, muchos de ellos con el pase que da acceso al recinto colgado de forma permanente al cuello.

"El festival de Cannes es un mito en Cannes", destaca a Efe Stéphane, un trabajador inmobiliario de la ciudad que resume con su opinión la importancia de una cita que se inaugurará mañana con la película "Annette", de Leos Carax, y se clausurará el día 17.

El Palacio de Festivales en el que tiene lugar, que no desplegará su icónica alfombra roja hasta este martes, se convirtió en 2020 en centro de acogida de personas sin hogar especialmente vulnerables a la covid y posteriormente en lugar de vacunación.

El mensaje gigante que agradeció desde la fachada del edificio el trabajo del personal sanitario ha sido reemplazado este año por el cartel oficial del certamen con el rostro del cineasta estadounidense Spike Lee, omnipresente en una edición en la que será presidente del jurado que entregará la Palma de Oro.

BENEFICIOS MILLONARIOS

Con esa imagen la ciudad volvió a un frenesí tan artístico como económico porque, según los cálculos de la alcaldía, el festival genera cerca de 200 millones de euros (más de 237 millones de dólares al cambio actual), crea unos 2.300 empleos directos y acredita a entre 35.000 y 40.000 personas, aunque esa última cifra se ha reducido este año a unas 28.000.

Por eso el sector hotelero respiró aliviado cuando, después de haber sido pospuesto de mayo a julio, el levantamiento de las restricciones en Francia debido a la mejora de la situación sanitaria despejó las dudas de cara a su celebración.

El ritmo, no obstante, no se ha recuperado para todos. La ocupación actual del hotel L'Estérel, un dos estrellas situado cerca de la estación que estuvo cerrado de noviembre a mayo, ronda el 70 %, frente al lleno de otros años, explica a Efe su jefa de recepción, Cécile Laurent.

Alguno como el Carlton, en el paseo marítimo, aprovechó la pandemia para hacer reformas y permanecerá cerrado hasta 2023 y otros alojamientos tradicionales de lujo en la Croisette, como el Martínez, están también desde mayo de nuevo en marcha.

En esa avenida junto al mar, lugar de paseo habitual y epicentro de fiestas y de restaurantes, conviven desde hoy acreditados y veraneantes con look playero y piel quemada por el sol. Un volumen de gente que obliga a la alcaldía a extremar las precauciones.

SEGURIDAD EXTREMA

La vigilancia es aérea, marítima y terrestre. No existe el riesgo cero, según admiten las autoridades locales, pero las 721 cámaras de videovigilancia, una por cada 100 habitantes, la red más densa de toda Francia, contribuyen a minimizarlo.

La Croisette es prácticamente una avenida blindada, con unas 660 jardineras gigantes cuya función principal, más que estética, busca proteger a la gente de posibles atentados como el que el 14 de julio de 2016 mató a 86 personas con un atropello masivo en la vecina Niza.

Pero este año la precaución también es sanitaria. El festival exige una pauta de vacunación completa, una prueba de inmunización o una PCR o test de antígenos negativo cada 48 horas, y ha habilitado para ello una carpa para facilitar ese trámite, que también se puede hacer gratuitamente en algunas farmacias.

Autoridades y organizadores han hecho sus deberes y la ciudad vive estas horas finales con impaciencia.

"El festival es algo formidable. Aporta novedad, gente, y tras haber pasado este año de confinamiento, finalmente la libertad de poder ver películas muy buenas y por supuesto a los actores", señala Aldo, residente en la localidad aledaña de Mougins.

No todo son ventajas para la población local: "Cuando eres estudiante o vas a trabajar, si tienes que tomar el transporte público hay mucha gente y circulación y calles cortadas", apunta Aya, de 17 años.

Pero ese bullicio va unido inexorablemente a su celebración. "Hay un ambiente especial al que es cierto que no estamos acostumbrados, Es verdaderamente el periodo estival del año en el que (Cannes) está lleno. Te gusta o no te gusta, pero esa es su magia", concluye Eugénie, una joven de 21 años que ha nacido y vive en la ciudad.

Por Marta Garde

(c) Agencia EFE

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