La candidatura alternativa que robó casi cinco millones de votos a demócratas y republicanos en las elecciones de EEUU en 1924

Alfred López
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Robert M. La Follette encabezó una candidatura alternativa y progresista que robó casi cinco millones de votos a los demócratas y republicanos en las elecciones de EEUU en 1924 (imagen vía Wikimedia commons)
Robert M. La Follette encabezó una candidatura alternativa y progresista que robó casi cinco millones de votos a los demócratas y republicanos en las elecciones de EEUU en 1924 (imagen vía Wikimedia commons)

Desde hace muchas décadas, tanto el Partido Republicano como el Demócrata se han repartido más del 95% del pastel electoral en las presidenciales estadounidenses, quedando una porción muy pequeña a repartir entre el resto de candidatos que apenas tienen representatividad política.

Su complejo sistema electoral hace que todas aquellas candidaturas alternativas queden diluidas, sin respaldo mediático y sobre todo convirtiendo a esos aspirantes en completos desconocidos para la inmensa mayoría de votantes.

A lo largo de la historia han sido contadísimas las ocasiones en las que un candidato que no fuese de uno de estos dos grandes partidos obtuviese un respaldo superior al cinco por ciento. Sin tener en cuenta, evidentemente, que en los siglos XVIII y XIX tanto demócratas como republicanos tuvieron numerosas ramificaciones políticas (como los partidos Whig, Nacional-Republicano o abolicionistas del Liberty y Free Soil) y el voto se fragmentaba.

Fue con la llegada del siglo XX cuando otras tendencias políticas (básicamente de izquierdas) irrumpieron en el panorama político estadounidense pudiéndose ver en todas las elecciones del primer cuarto cómo fueron ganando terreno electoral.

Tal y como explicaba en un post anterior sobre el candidato del Partido Socialista de América, Eugene V. Debs, que se presentó a cinco elecciones no consecutivas entre 1900 y 1920 (llegando a obtener en dos ocasiones más de novecientos mil votos), también hubo otro postulante a la Casa Blanca en discordia que consiguió llevarse un gran número de votos hacia el recién creado Partido Progresista en las elecciones presidenciales del 5 de noviembre de 1912.

Se trataba del expresidente Theodore Roosevelt, quien quiso volver a probar suerte cuatro años después de haber dejado el cargo, animado por un sector del Partido Republicano (al que había pertenecido) descontentos con su sucesor, esto provocó que el voto republicano se dividiese en dos, dando la presidencia a los demócratas.

Pero una de las mayores sorpresas electorales que golpeó al bipartidismo entre demócratas y republicanos se produjo en las elecciones presidenciales del 4 de noviembre de 1924 en las que se presentó una candidatura alternativa liderada por Robert M. La Follette que robó el voto a los dos grandes partidos, aglutinando a varias formaciones políticas, sociales y sindicales (entre ellas recibió el apoyo del Partido Socialista de América y del Farmer–Labor, un partido izquierdista que representaba los intereses de los granjeros) consiguiendo un respaldo de casi cinco millones de votos.

La Follette no era un político desconocido para el electorado y tenía tras de si una larga carrera como miembro de la Cámara de Representantes de Wisconsin o gobernador y senador de ese mismo Estado, entre otros muchos cargos.

También se había sumamente célebre por ser el centro de los ataques verbales, en 1917, por parte de Theodore Roosevelt, quien lo había acusado de traidor y antiamericano tras oponerse La Follette a la entrada de EEUU en la Primera Guerra Mundial. El expresidente se dedicó a verter una serie de calumnias y difundir noticias falsas (lo que hoy conocemos como ‘fake news’).

Pero aquel enfrentamiento con Roosevelt no era algo nuevo entre ambos. En 1912 ambos ya habían pugnado por ser candidatos a la Casa Blanca en por el Partido Progresista, el cual reunió a representantes salidos tanto del Partido Republicano como del Partido Demócrata. Tras aquellas elecciones la formación política se disolvió, volviendo a surgir una década después con el propósito de presentar la candidatura de Robert M. La Follette para las presidenciales de 1924.

Con un renovado Partido Progresista logró aglutinar los apoyos de los socialistas, quienes habían conseguido 913,693 votos en las elecciones anteriores con el carismático candidato Eugene V. Debs quien debió dejar la política tras los problemas cardiovasculares que desarrolló mientras estaba cumpliendo una condena en la Penitenciaría Federal de Atlanta (acusado de traicionar al país al oponerse a la entrada estadounidense en la IGM) realizando su campaña electoral desde la prisión.

(imagen vía Library of Congress)
(imagen vía Library of Congress)

Aunque La Follette tenía ideas progresistas, estaba algo alejado ideológicamente del socialismo marxista, pero, a pesar de ello, la cúpula del Partido Socialista de América (a falta de un mejor candidato propio) prefirió darle todo su apoyo, sabiendo que al menos defendía unas políticas sociales mucho más izquierdistas que los candidatos republicano y demócrata, pues ambas formaciones estaban dominadas en aquellos momentos por candidatos conservadores.

La candidatura progresista de La Follette surgió a raíz de la denominada como ‘Conference for Progressive Political Action’ (Conferencia de Acción Política Progresista), donde también se les unió (aparte de los socialistas) los 16 principales sindicatos ferroviarios del país, algunos disidentes del Partido Demócrata (descontentos con las políticas conservadores de la formación) y el Partido Campesino-Laborista (Farmer–Labor Party), creado tras la entrada en la IGM de EEUU, la cual perjudicó gravemente, tanto social, laboral y económicamente, a campesinos y trabajadores.

El conglomerado progresista presentó la candidatura alternativa para las presidenciales, con el fin de acabar con el bipartidismo conservador de demócratas y republicanos. Una ambiciosa apuesta que obtuvo unos grandes resultados (aunque no los esperados) con 4.831.706 votos (16.61%) y quedando en tercera posición en aquella carrera electoral en la que el gran ganador fue el republicano Calvin Coolidge con quince millones de votos (54,04%), quedando el candidato demócrata, John William Davis, muy alejado (el 28,82% y ocho millones de votos).

En las siguientes elecciones (1928) el Partido Progresista ya había sido disuelto y las diferentes candidaturas (socialistas o Campesino-Laborista) irían por separado, no obteniendo ni tan siquiera al 1% de los votos.

Pero cuatro décadas más tarde (en las presidenciales de 1968) volvió a producirse otra sorpresa: George Wallace (Gobernador del Estado de Alabama por el Partido Demócrata) se presentó como candidato del Partido Independiente Americano, de ideología de extrema derecha y obteniendo casi diez millones de votos. Pero esa es otra historia que explicaré en un próximo post.

Fuente de las imágenes: Wikimedia commons / Library of Congress

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